23 de octubre de 2021

Hora en Punto

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PERFILES/ Sandra Escudero: la mujer detrás de la voz

Deysi Zúñiga y Mayra Mejía*, Especial para Hora en Punto

Y ahí estaba ella: con gafas puntiagudas, vestida de beige, sujetando con una mano un bolso naranja y con la otra, su celular. Había llegado puntual a la cita que concretamos por teléfono y apenas escuchamos su voz, esa inconfundible voz, lo supimos. No había duda: era Sandra Escudero.

Su apellido la representa. Es una mujer que en redes sociales ‘pinta’ para sus seguidores ser altiva, pero que en realidad es soñadora y detallista, que sufre como cualquier otra persona, pero que sabe en qué escenarios mostrar sus facetas.

El humorista Lucho Torres, uno de sus más cercanos amigos, la describe como una mujer intelectual, enferma por la ortografía, guerrera, en todos los aspectos, “Ella es intachable, muy humana. Nos identificamos porque le gusta ayudar a todo el mundo, es perfeccionista, le gusta que escribas bien, que te portes bien y tiene una faceta ‘pecueca’ cuando es amiga de uno”, afirmó Lucho Torres quien conserva una amistad de más de 20 años con Sandra.

En la vida de esta mujer ‘alfa’ han primado sus convicciones y su carrera; ha sido difícil para ella, como mujer, romper los esquemas de una sociedad machista como la barranquillera. Tiene claro que no nació para lavar o coser calzoncillos. Ante la certeza de lo que quiere, las personas se desconciertan por ser un estilo de mujer diferente, tal vez opuesta a la ciudad en la que nació.

Mucha gente piensa que soy gay —Nos suelta de repente y continúa como si nada –Entonces, quiero decirles que a mí los hombres no me gustan, les confieso, ¡me encantan! dijo Sandra, riendo a carcajadas.

Sus primeros años

Ella recuerda con mucha felicidad que su infancia se desarrolló entre ‘dos calles y una cancha’.

“Me crie en el barrio Nueva Granada de Barranquilla, donde la cancha es más grande que el mismo barrio y ahí duré viviendo 27 años. Mi infancia fue completamente feliz, de los mejores recuerdos de mi vida; en un ‘flashback’ de lo que yo viví, me quedaría ahí siendo niña para siempre”, relata.

Su papá marcó una parte importante de su vida. Ella lo define como un ‘melómano de tiempo completo’. Un hombre apasionado por la balada, salsa e incluso como Sandra añade la música de verbena que trazó una cultura musical en ella, fue trascendental esa influencia que hasta el día de hoy esos son sus gustos musicales.

«Eso comenzó a afinar mi oído en cuanto a la música, y cuando yo entré a la radio, esos sonidos que escuchaba de salsa, merengue y de vallenato, para mi eran muy familiares; era como si toda la vida hubiese estado en radio», comentó Sandra— mientras dirigía sus ojos a la soda Lychee que llegaba a la mesa y en su rostro se reflejaba la emoción de una niña de 7 años.

Su alma de madre

Es madre soltera, pero no está cerrada a la idea de apostarle en algún momento a compartir su vida con un hombre. Tiene una niña de 7 años llamada Ema y actualmente lleva en su vientre a otra; a pesar de que en su primer embarazo estuvo a punto de perder la vida a causa de una apendicitis, no está atemorizada en este, pues comenta que ya tuvo la experiencia y no se siente impedida de realizar sus actividades. 

Desde niña estuvo rodeada de melómanos, en su familia muchos nacieron con el don de cantar y ella no es la excepción: la música hace parte de su ser. “Creo que la música es un catalizador de mis emociones, cuando estoy triste me voy inmediatamente a canciones melancólicas; cuando estoy alegre y quiero tener explosión de emociones el tipo de música cambia, es como el lenguaje de mis emociones” expresó Sandra con regocijo. 

Sandra, con las autoras de este perfil

Un mundo de una niña hecho a base de letras

Empezó su recorrido por el mundo de las letras a los tres años, y en eso su mamá fue un pilar importante en este paso por la lectura ya que, por su profesión como maestra, la incentivaba siempre a leer.

“En el colegio me regalaban cuentos, entonces yo no le traía dulces, sino cuentos, lo que propició que cuando íbamos a un supermercado y queríamos buscar a Sandra, la encontráramos en la sección de libros” dijo Matilde De Moya, su madre.

Sandra, a los pocos meses de nacida. Foto suministrada.

Su mundo era el mundo de los niños y la enciclopedia Salvat. Mientras su mamá hacía la compra, ella se sentaba en el puesto de revistas a leer y a leer y casi sin darse cuenta podría pasar más de dos horas ahí, sin ningún problema, porque eso era lo que a ella le encantaba y hoy aún le sigue deleitando.

Su madre nunca se puso a enseñarle las letras, ella lo cuenta como un recuerdo muy gracioso y a su vez, gratificante; cuando ella se enteró que Sandra ya sabía leer le dijo:

-¿Y dizque tú ya sabes leer?, dijo Matilde

-Uhh, hace rato-, contestó Sandra con picardía infantil en ese momento.

Los libros han sido etapas en la vida de la barranquillera y “Del amor y otros demonios”, de Gabriel García Márquez es uno de los libros que la han marcado.

A sus 23 años conoció el libro “Manual Del Temperamento” de Tim LaHaye, que la hizo comprender su comportamiento de acuerdo con su temperamento.

Siempre fue una niña muy curiosa, como bien lo dice su madre, “todo lo quería saber”. Ella amaba descubrir el porqué de las cosas y es así como la recuerdan sus profesores en la universidad. 

“Sandra era una mujer muy hiperactiva. Siempre la veía haciendo cosas, en constante movimiento, siempre hablando, gesticulando y algo que no podía faltar en ella, es que es una mujer muy alegre, siempre estaba sonriendo” reveló Jorge Peñaloza, docente de la Universidad Autónoma del Caribe. 

“La radio, mi terapia” 

A los 19 años, gracias al profesor Walter Bernett, empezó a trabajar como locutora en el programa “La Vallenata” de Caracol, lo que le abrió paso a que tiempo después la llamaran a trabajar en Olímpica Estéreo, donde ya lleva 21 años. Es un secreto a voces que en la radio se acostumbra a escuchar tonos masculinos; su amigo y excompañero laboral, Lucho Torres, afirma que “Aceptar a una mujer y que tenga voz y voto, no es sencillo porque Sandra no es una mujer que está en la radio por estar, no es de las que se limita, ella siempre aporta, da su punto de vista y lo hace respetar”. 

Entre tanto camino por la radio le han pasado muchas cosas en el medio, cosas que en su momento fueron nervios para ella y hoy solamente le queda reírse de sus ‘embarradas’

“Yo estaba en Caracol y el director de ese entonces se llamaba John Jairo Megudan, en ese tiempo se jugó una Copa América en Barranquilla y hubo un concurso de quien llevara a la emisora las mejores pancartas. Se realizó el concurso, y, como siempre, queda alguien inconforme, y esa vez no fue la excepción. Una señora rabiosa dijo que ella se había gastado no sé cuánta plata en las pintucaritas, pitos, carteleras y banderas.

Resulta que el patrocinador era Coca Cola, no sé de dónde sacó el correo, pero ella escribió que ‘fulanita’ les envía una solicitud a las personas de Coca Cola; entonces Jhon me dice:

Venga, venga mija, responda y siéntese, ¿qué dice ahí?

Ahí dice Ludwig Haderer

– Entonces escriba: Señor Ludwig Haderer

– Señor Ludwing Haderer– susurraba Sandra mientras redactaba

Es una pena, es una pena—repetía ella para recordar las palabras del director y plasmarlas en el correo— que haya gastado en pintucaritas, en banderas y carteleras, por eso le vamos a retribuir esto.  Att: John Jairo Megudan

 “Y cuando ya iba a hundir enter para enviar el correo, entró el gerente y me dijo qué estás haciendo Sandra, y él empezó a leer Ludwig Haderer y me preguntó, ¿lo enviaste? y yo le dije: sí, y me dijo: Ludwig Haderer es el presidente de la Coca Cola, ¿tú sabes lo que acabas de hacer? y yo: ¡Megudaaaaan! — relató ella con la emoción de quien le acababa de pasar algo.

Sandra, experimentando con el canto en su adolescencia. Foto suministrada

Para Sandra, la radio es una terapia que logra catalizar todos los momentos difíciles que pasan en su vida. “Cuando yo entro a esa cabina, hago catarsis en todo lo que siento, pienso y digo a través de la radio”, dice.

Ver la cara sonriente de sus compañeros y saber que de pronto ella no está en el mismo ‘mood’, por alguna situación difícil que está viviendo, se convierte en su terapia, en la terapia de su vida, más que en un oficio.

El deseo por cumplir

A pesar de ser una mujer polifacética que ha dedicado más de la mitad de su vida a la radio, piensa que aún le falta mucho camino por recorrer en el plano laboral. “Yo deseo que ustedes, cuando algún día con unas crispetas y una gaseosa vayan a un cine, tengan conciencia de que la voz doblada de un personaje en específico sea la mía, eso es lo que yo quiero, eso es lo que deseo” precisó Sandra mientras jugueteaba con un abanico azul que sostenía entre sus manos.

Antes de despedirse, no olvidó dejar algunas recomendaciones para los periodistas en formación. “No esperen que llegue el cartón, no esperen graduarse para buscar donde entrar a trabajar. Los medios cada vez son más competitivos, tienen que recorrer un camino antes. El título sí te abre puertas, pero tus habilidades determinan que seas diferente a los demás”, expresó Sandra con la fuerza que caracteriza su voz, sacando de su cartera un labial color rosa que se aplicaría para la fotografía que nos tomaríamos antes de que se marchara.

*Deysi Zúñiga y Mayra Mejía son estudiantes de la asignatura de Crónica del Programa de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe

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