2 de diciembre de 2021

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Perfiles/ La apariencia: la coraza de Lucho Chamié

Nos adentramos en la vida de este personaje costeño que, a través del humor, pudo salir adelante a punta de sacarles sonrisas a la gente.

En los ojos de Luis Andrés Chamié Blanco, o, para que nos vayamos familiarizando, ‘Lucho Chamié’, se refleja el trabajo de toda una vida y las situaciones tan adversas que pasó desde muy temprana edad. Y es que solo basta preguntarle por sus humildes inicios para darse cuenta del arduo trabajo que lo llevó a donde se encuentra hoy, ese incierto camino que lo forjó y le enseñó que las necesidades no pueden limitarte, sino, todo lo contrario, deben impulsarte a ser mejor.

El ambiente de escasez y la falta de oportunidades no era lo único que revestía esas épocas de nostalgia en su vida. Cada vez que habla de su trayectoria antes de volverse una personalidad reconocida, nos recuerda que la sencillez de una vida privada es lo que más extraña, añora esa época donde las frustraciones eran prescindibles y las cosas no eran tan complicadas como lo son hoy.

Aquella humildad que lo rodeaba desde muy joven limitó su vida amorosa y la confianza que se tenía. Sin embargo, nunca le dijo que no al sentimiento de estar acompañado de almas sinceras y genuinas como lo es su familia, a quienes considera como pieza fundamental en su vida.

Hay quienes dicen que hay algo en la humildad que exalta extrañamente el corazón, y esto se aplica perfectamente en su caso; su risa, la forma de hablar de su familia y su profesión, es un gran indicador de que la humildad y la sencillez son sus más grandes atributos, virtudes que lo convierten en una mejor persona cada día.

Vive para hacer reír a las personas y da lo mejor de sí mismo en cada show, pues su carisma hace que te sientas en confianza. Solo basta hablar con él unos minutos y es como si estuvieras conversando con un amigo de toda la vida.

Pero aquellas frustraciones del pasado todavía le cobran factura: no todo en su vida es alegría y espontaneidad. Las situaciones difíciles que acarrea ser un personaje público lo obligan a estar todo el tiempo a disposición de la gente ya que existen momentos en que estar agobiado no le permite tener la mejor actitud, pero debe dejar eso de lado cuando alguien se acerca a hablarle o pedirle una foto.

Esto no opaca su arrolladora personalidad y su encanto natural, pues esa esencia es la columna vertebral de lo que hoy en su profesión, el humor, la forma en que toma su cultura costeña y la adapta en sus interpretaciones humorísticas son las razones por las cuales Lucho Chamié es conocido en la costa colombiana, esa chispa y ese ánimo son el complemento perfecto para hacer de él un personaje particular y carismático que se roba la atención de todos a su alrededor.

Muchas veces, como todos en la vida, se ha sentido con ‘la nota baja’ como dice él. Cuenta que más de una vez ha pensado en tirar la toalla, pero él mismo se responde, “…y si la tiro ¿después con qué me seco?” Una respuesta chistosa, pero con un poco de verdad. Para Lucho, el hecho de hacer reír se ha vuelto no solo su sustento económico, sino también un estilo de vida.

Sus interpretaciones son un reflejo de su entorno, de su cultura, amigos y familia, una mezcla de todo lo que lo representa y lo hace único a los ojos del público, es una fusión que funciona perfecto pues no está muy alejado de la cultura caribe.

Desde su llegada a Barranquilla las cosas no fueron sencillas.La escasez y la falta de oportunidades eran un velo de incertidumbre que arropaba su mente y sus pensamientos, pues esa nublaba su perspectiva y lo hacía tomar una mirada pesimista al panorama que lo rodeaba en aquel entonces. Para un joven como él, estar expuesto a situaciones como estas lo dejaban muy vulnerable y susceptible a sentirse mal consigo mismo.

Llegar a casa luego de los fallidos intentos de buscar trabajo y encontrarse con la realidad de que no bastaba solo con el esfuerzo de su padre para alimentar a su familia; Esto lo abocó a tomar un trabajo humilde que pudiera proveer soluciones para el problema que diariamente se presentaba en su hogar, y así, Lucho se convirtió en vendedor de tinto, de periódicos y, además, cantante en los parques y buses.

Trabajaba día y noche sin descanso, de hecho, nos cuenta -no con palabras, sino con los gestos, con la iluminación de su retina, con aquella mirada que nos aclara que existe un recuerdo y en la manera en cómo su sonrisa se une a cada palabra- que fue una de las vivencias, aunque dolorosas, más gratificante; porque le confirma que es la responsable de haberlo encaminado hacia su recorrido en el humor.

Los autores del trabajo, con Lucho Chamié

Y sí: estamos hablando de su personaje “Doña Leopo”, de su paso por los canales nacionales donde plantó una semilla que germinó hasta dar su fruto, en conclusión, de su carrera artística. El arte que nació con él, no lo ha abandonado, está enganchado a sus vértices. Considera que es el don que se le otorgó, “No tuve que estudiar para aprender cómo hacer reír a la gente, ni la estructura de cada uno de mis chistes, sencillamente es mi don”.

Su camino no fue nada fácil, subir cada escalón para lograr lo que es hoy le costó lágrimas. Trató de estructuralizar su esencia, de mantenerse fiel a lo que representa su alma y así no caer en el error de homogeneizar su ser con cada personaje que en el camino iba desarrollando.

“Doña Leopo fue inspirado en mi tía, tiene su ADN. Solía analizar cada una de sus expresiones que llamaban fuerte mi atención y así nació este personaje tan acogido por mi gente”, afirma. Así mismo, Chamié crea la percepción de ser un hombre familiar, que direcciona su mirada en aquellos que están cuando es Luis Chamié.

Papá de siete hijos, que como él dice, son su vida entera y su razón para levantarse a luchar cada día. Para Lucho, ser papá es todo un desafío, pero que todos sus esfuerzos valen la pena cuando es recompensado con un abrazo y un te quiero de sus “muchachitos”, como él los llama.

Orgulloso de su labor, dice con una sonrisa en su rostro: “no hay nada mejor que hacer lo que te apasiona, y que, además, te paguen por ello”. Pero, también admite que hay días en los que quisiera dejar de ser ‘Lucho Chamié’ para ser simplemente Luis Andrés. Esto, porque, a pesar de la satisfacción que le genera hacer feliz a la gente, también pelea con batallas internas que muchas veces lo ponen en conflicto consigo mismo.

Es sensible, y lo dice sin temor alguno. Reconoce que sus luchas van acompañadas de lágrimas y desánimos que, si alguien lo ve en la calle de esa forma, no lo reconocería. Es difícil para él mostrar una sonrisa cuando lo saludan o le piden una foto y que, al voltear, cuando ya nadie lo esté viendo, su rostro refleje lo que realmente siente. Por eso, se admira a él mismo, ya que, a pesar de no estar pasando por sus mejores momentos, siempre brinda una sonrisa y el cariño caluroso que su gente merece.

“Recuerdo una vez que un amigo me invitó a una fiesta, a la cual me animé a ir, quería algo diferente, pasarla bacano; pero al estar ahí, me dice: Lucho, échate unos chistes y eso fue un poco hostil, porque sinceramente quería descansar un poco”.

Sus noches, mientras no tenga un evento al que ir a hacer reír, son un ritual de reflexión y de conocerse a sí mismo. Se analiza, se evalúa, se pregunta ¿qué estoy haciendo con mi vida? y busca respuestas en el fondo de su corazón que lo lleven a convertirse en una persona benévola, noble y con todas aquellas características que irradia un ser de luz.

¿Lucho Chamié se considera exitoso? En medio de sus palabras se sintió la nostalgia que emana de sus reflexiones y aquella sabiduría que lo ha dirigido a transitar por caminos inacabables y por contradicción limitados. Reconoce sus mayores logros sin demérito alguno, nunca imaginó ser y tener lo que ahora existe en su realidad.

Es por eso que agradece cada día por lo que la vida y Dios le han permitido lograr. Porque, aunque las cosas no hayan sido ni sean fáciles, recibe la fuerza para seguir encaminado sin desviarse de sus sueños y anhelos, pero, sobre todo, vive por la razón de poder dejarle una herencia, no económica, pero sí inmensamente valiosa a sus hijos y familia.

*Este trabajo es de la autoría de Alejandro Cotes, Liskar González, Judys González y Carmen Quintero, estudiantes de la asignatura de Crónica del programa de Comunicación Social Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe.

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