30 de enero de 2026

Junior asaltó El Campín y rompió una década de frustraciones ante Millonarios: le ganó 2-1

POR ANUAR SAAD

El Junior de Barranquilla escribió una noche para la historia en Bogotá. En un estadio El Campín que durante casi diez años le fue esquivo, el campeón del fútbol colombiano jugó con personalidad, carácter y fútbol para derrotar 2-1 a Millonarios y romper una racha que pesaba más en la cabeza que en las estadísticas. No fue solo una victoria: fue una declaración de autoridad.

Desde el pitazo inicial, el equipo de Alfredo Arias mostró que no había viajado a la capital a especular. Presionó alto, tocó con criterio y desnudó las grietas de un Millonarios urgido de resultados. En ese contexto emergió la figura de siempre, pero también la de un equipo sólido y convencido de su libreto.

La noche tuvo nombre propio: Teófilo Gutiérrez. El eterno ‘29’ volvió a demostrar por qué es diferente. A los 27 minutos, apareció en el lugar exacto, con la calma de los elegidos, para definir de derecha y silenciar El Campín. Gol de capitán, gol de líder.

Millos apretó el acelerador y empató en el minuto 38′. La pelota pasó por Julián Angulo, Mateo García y Rodrigo Contreras marcó con una gran definición por encima del arquero Mauro Silveira

Y cuando el partido parecía irse al descanso en empate tras la reacción azul, Teo volvió a ser decisivo: balón preciso al área y cabezazo letal de Jermein Peña para el 2-1 que desató la celebración tiburona.

Pero reducir el triunfo a Teófilo sería injusto. Joel Canchimbo fue una pesadilla constante por las bandas, con una habilidad endiablada que rompió líneas y obligó a retroceder a Millonarios. Cada vez que encaró, algo pasó. Chará, y Cristian Barrios, tambien beillaron mostrando proyección, despliegue y personalidad, confirmando que son piezas con presente y futuro en el mediocampo rojiblanco.

Atrás, Junior edificó su victoria con orden y seguridad. Mauro Silveira fue una muralla en los momentos más complejos del segundo tiempo, cuando Millonarios empujó con más ganas que claridad. Atajadas claves, reflejos intactos y liderazgo bajo los tres palos sostuvieron al equipo cuando el partido ardía.

Incluso el VAR tuvo que intervenir para evitar en los primeros minutos del segundo tiempo lo que habría sido un empate injusto, anulando un gol azul por fuera de lugar.

Mención especial para Luis Fernando Muriel, quien ingresó en el complemento y dejó destellos de su jerarquía. Aún en proceso de recuperar ritmo, mostró movimientos inteligentes, pausa y esa amenaza constante que promete ser determinante a medida que avance el torneo.

Junior supo sufrir, supo golpear y supo ganar. Lo hizo jugando bien, con jerarquía colectiva y con figuras que marcaron la diferencia. En Bogotá, ante su viejo verdugo, el Tiburón no solo sumó tres puntos: recuperó una plaza que durante años le fue hostil y ratificó que el campeón está más vivo que nunca.

El Campín, esta vez, se tiñó de rojiblanco. Y la historia, por fin, cambió de página

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