14 de agosto de 2022

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El asesinato de un ídolo: ¿Por qué mataron a Rafael Orozco?

Por ANUAR SAAD

Un día como hoy, hace ya treinta años, asesinaron a Rafael Orozco, el talentoso vocalista de la agrupación vallenata «El Binomio de Oro» y quien, para entonces, estaba en la cima de su carrera musical. Fue en esa fatídica noche del 11 de junio de 1992 cuando el ídolo de multitudes, uno de los exponentes más carismáticos y representativos del vallenato, cayó asesinado en la puerta de su casa al momento en que salía a atender a dos músicos conocidos que habían venido a buscarle.

 Y fue ahí, en medio de una conversación entre colegas, cuando un sicario se plantó frente a él y vació el proveedor de su pistola sobre el cuerpo del artista: nueve disparos que acabaron con la vida del cantante pero que, paradójicamente, empezaban a escribir su leyenda. La Fiscalía concluiría que el autor material fue Sergio González Torres, alias Tato, quien entonces era guardaespaldas de Fiallo.

Su esposa, Clara Cabello, alertada por el sonido de los disparos, salió a socorrerlo en compañía de otros amigos, entre ellos, el periodista Fabio Poveda Márquez, El artista murió cuando era trasladado a la Clínica del Caribe a sus 38 años. Fue un un hecho que conmocionó a todo el país.

La investigación de la Fiscalía determinó entonces que el asesinato de Rafael Orozco tuvo una motivación pasional. Ya circulaban rumores que el cantante sostenía una relación amorosa con María Angélica Navarro, quien había tenido un romance con José Reinaldo Fiallo, alias «El Nano», según ella misma, en una declaración jurada ante la jueza 17 de Instrucción Criminal, lo confirmó.

Meses después «El Nano» Fiallo fue citado por la justicia, pero él no llegaría jamás a esa cita que le impuso la Fiscalía para escuchar su versión:  fue acribillado en noviembre de 1992.

No fue un lío de faldas la única versión sobre el asesinato del cantante. La muerte de Rafael Orozco dio lugar a múltiples especulaciones, leyendas y versiones que no pudieron ser comprobadas. Una de ellas, ligaba al ídolo asesinado con los carteles del narcotráfico.  Según una versión publicada por la revista Semana en ese entonces y que cita hoy Infobae, un sicario le habría confesado a Semana que Orozco “…era uno de los mejores lavadores de dólares, pues utilizaba sus presentaciones en el exterior para meter verdes a la lata al país (…) Cada vez que salía del país, especialmente a Estados Unidos se llevaba su colección de acordeones. Eran 12 en total. Allá los desarmaba y los rellenaba de dólares que luego entraba al país sin ningún misterio, pues era un ídolo y nadie lo molestaba”.

Se habló, en medio de las versiones de su muerte, de la pérdida de millones de dólares que presuntamente Rafael Orozco lavaba para el cartel de la droga y que a pesar de los ultimátum de los capos para que devolviera el dinero, supuestamente el cantante jamás lo habría devuelto lo que precipitó su asesinato.

También es cierto que para esa época –principio de la década de los 90—la sociedad estaba a merced del narcotráfico y figuras públicas, tanto de la política como del ámbito empresarial y, por supuesto, la farándula, estaban permeadas por el flagelo maldito del tráfico de drogas. Y sobre ello, se tejieron muchas versiones, casi todas imposibles de comprobar.  

El sepelio del cantante fue del tamaño de su éxito: miles y miles de seguidores se abalanzaron las calles para acompañar el féretro hasta su última morada: una romería interminable que, a medida que avanzaba, entre el llanto y el dolor, sacaba fuerzas para entonar pedazos de sus canciones más representativas.

Vendedores ambulantes, con cara de sufrimiento, vendían estampitas con la imagen de Rafael Orozco, tal como si estuvieran vendiendo la imagen del Divino Niño. Los gritos de dolor de su inmensa fanaticada se combinaban en el ambiente con el eco de sus canciones vallenatas reproducidas en grabadoras gigantescas que cargaban sus seguidores en medio del sol calcinante de las dos de la tarde.

El ídolo caído, ese que desde hace tres décadas ya no está con nosotros, sigue aún más vivo que nunca en los corazones de los colombianos. Especialmente en el de aquellos que le cantaron a su primer amor, inspirados en las melodías que inmortalizó el inolvidable vocalista del “Binomio de Oro”.

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