2 de diciembre de 2021

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Delincuencia en Barranquilla: ¡Sálvese quien pueda!

El incremento de los asaltos callejeros, robos a almacenes, sicariato y “ajuste de cuentas” en la ciudad, mantienen en vilo a los habitantes quienes no se sienten seguros ni en la puerta de su casa.

POR ANUAR SAAD

El tema de conversación obligado en las esquinas de la ciudad, en los grupos de WhatsApp, en los estados de Facebook, en los clubes de jardinería, en las mesas de dominó, en los pasillos de las empresas, en los patios de las universidades, en las oficinas, en la casa, y de pretil a pretil al mejor estilo de la Niña Tulia, hoy es solo uno: la inseguridad que se ha tomado, literalmente, a Barranquilla.

No hay quien se salve ni dónde esconderse: en la parada del bus; mientras en tu carro esperas que el semáforo cambie a verde; en medio de unas cervezas en la terraza de un bar de la ciudad; en la mesa de un puesto de comidas rápidas; en la esquina a pocas cuadras de tu casa o en la entrada de un hotel; al norte, al sur, al occidente, el flagelo está por doquier. En el mejor de los casos, te asaltan a mansalva despojándote de objetos de valor. Pero en otros, los delincuentes terminan hiriendo o matando a sus víctimas.

El crimen ordinario, ese que se multiplica en los barrios y que va más allá del famoso sector de “los tres postes”, y que abarca barrios como La Chinita, la Luz, El Ferry y un amplio sector de la llamada Zona Negra, golpea hoy no solo a Barranquilla, sino a otras poblaciones del Atlántico, entre ellas Soledad, donde hace rato la delincuencia –a falta de autoridad– se tomó la población y el sicariato, el microtráfico y el atraco a mano armada, se repiten a cada minuto.

Lo peor, es que ya somos noticia nacional. Los medios, sin excepción y sin filtro alguno, magnifican el acontecer delincuencial contribuyendo a un pánico que, aunque tiene justificación, termina fortaleciendo paradójicamente más al hampa que al ciudadano.

Ante el avance sin tregua de las acciones delictivas en Barranquilla, ahora el alcalde Jaime Pumarejo anunció estrategias renovadas para golpear a los delincuentes e instó a la fuerza pública a ser más eficaces en la lucha contra el crimen. Es casi que una fotografía de los repetidos reclamos que el exalcalde Alex Char le hacía en su tiempo a la policía. El problema hoy no solo sigue siendo el mismo, sino que parece girar en un eterno carrusel sin fin porque, la policía, a su vez, critica a los que imparten justicia por soltar en menos de 24 horas a los delincuentes que ellos ponen tras las rejas.

Es un hecho que el crecimiento de Barranquilla ha sido directamente proporcional al surgimiento de una enorme red de microtráfico que, por razones obvias, se han asentado en diferentes zonas de la ciudad. De ahí, el sicariato creciente en el sector; la riña entre bandas, el ajuste de cuentas y el floreciente grupo de asaltantes que asolan la ciudad. A eso, ahora hay que sumarle la multiplicación de los asaltos callejeros; el fleteo; el robo selectivo a almacenes y el atraco a plena luz del día a personas que portan objetos de valor.

Si bien es cierto que necesitamos una Policía alerta, que combata con acierto la delincuencia y no solamente se dedique a perseguir marihuaneros de barrio el Alcalde debe entender que la primera autoridad policial del Distrito, es precisamente él. Por ello, los ciudadanos esperan menos quejas y más eficacia. Planes de seguridad que permitan que el ciudadano deambule sin angustias por su barrio y que el conductor no esté con el credo en la boca cada vez que hace una escuadra en una solitaria calle del norte de la ciudad.

Lo peor, es que ya somos noticia nacional. Los medios, sin excepción y sin filtro alguno, magnifican el acontecer delincuencial contribuyendo a un pánico que, aunque tiene justificación, termina fortaleciendo paradójicamente más al hampa que al ciudadano.

Hay que hacer un frente común contra la delincuencia y esa labor no solamente le compete a la Policía: nosotros, como ciudadanos, debemos encender las alarmas; ser solidarios, denunciar movimientos sospechosos; alertar a la vecindad cuando se crea necesario y tomar medidas para no ser un blanco fácil al salir de una entidad bancaria o al desplazarse por la ciudad.

Y si a todo lo anterior le sumamos la creciente invasión de ciudadanos venezolanos y la participación de un determinado grupo de estos en la formación de nuevas pandillas y bandas criminales, podemos empezar a entender por qué, más que percepción, es una realidad que la delincuencia hoy golpea más que antes.

Es cierto que muchos migrantes del vecino país vienen a buscar mejores oportunidades de trabajo y de vida digna, pero los hechos demuestran también que algunos han creado nuevas pandillas que ya han sido bautizadas con nombres llamativos. Así mismo, la permisividad ciega con el fenómeno del mototaxismo, ha elevado los indicadores de asaltos y sicariato bajo la modalidad del parrilero que hoy está sin control: los moto taxistas (los falsos y los verdaderos) invaden la ciudad de sur a norte.

Solo en la última semana, en el norte de la ciudad, han sido asaltados viajeros que arribaban a Barranquilla; parejas que llegaban en su auto a su residencia y comensales en la terraza de una pizzería. Así mismo, se materializó el robo de una joyería y el de un almacén de artículos deportivos.  Además, cada día, hay asesinatos a bala en diversas circunstancias, que mantienen con el corazón en la garganta a los barranquilleros que ya no saben dónde esconderse de la delincuencia.

En conclusión, el Distrito debe ser consciente que además de fortalecer la vigilancia y el patrullaje en el distrito, urge también la inversión e intervención social en las llamadas “zonas rojas”, esas que, por el repetitivo abandono gubernamental, están sirviendo de caldo de cultivo para la proliferación de las actividades delictivas. Las mismas zonas en la que nuestros niños crecen con el revolver en la mano, y en las que la violencia toca la puerta de sus casas, primero que la educación.

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