6 de noviembre de 2026

Juez le pone plazo a la fundación de la primera dama para explicar qué pasó con los $54.589 millones de las donaciones del terremoto

La Fundación Colombia Luz y Sonrisas, que lidera Ana Lucía Pineda, esposa del presidente Abelardo de la Espriella, tendrá que entregar información detallada sobre los recursos recibidos para atender a los damnificados del terremoto del pasado 10 de agosto. El Juzgado 126 Penal Municipal de Bogotá amparó el derecho de petición del senador Alejandro Ocampo y ordenó completar las explicaciones sobre el manejo, la destinación y el seguimiento de las donaciones.

La pregunta sobre qué pasó con los millones de pesos que los colombianos y numerosas empresas entregaron para ayudar a las víctimas del terremoto vuelve a poner en el centro de la controversia a la primera dama, Ana Lucía Pineda.

Esta vez no se trata solamente de cuestionamientos de la oposición o de interrogantes planteados desde los medios de comunicación. Hay una decisión judicial que obliga a la Fundación Colombia Luz y Sonrisas a entregar información que permita establecer con mayor claridad qué recibió, qué administró, cómo distribuyó las ayudas y cuál será el destino de los recursos que todavía permanecen sin ejecutar.

La determinación, conocida este viernes y revelada por el diario El Colombiano, responde a una tutela presentada por el senador Alejandro Ocampo, quien había solicitado explicaciones sobre veinte aspectos relacionados con las donaciones, entre ellos los montos recaudados, los aportantes, los gastos administrativos, los beneficiarios y los mecanismos de control.

El juzgado consideró que la fundación no podía escudarse simplemente en su naturaleza privada para evitar entregar información sobre una operación de recaudo que terminó incorporada a la estrategia oficial del Gobierno para atender la emergencia.

Una respuesta que no convenció al juez

El asunto tiene antecedentes. Desde agosto, cuando se puso en marcha la campaña humanitaria Colombia, un solo corazón, comenzaron las preguntas sobre el manejo de los recursos que llegarían a la fundación de la primera dama.

El senador Ocampo había solicitado inicialmente información a la Presidencia y posteriormente dirigió veinte preguntas a la fundación. Ante lo que consideró una respuesta incompleta, acudió a la justicia mediante una acción de tutela.

La fundación respondió el 20 de octubre y remitió a un informe de gestión que había divulgado cuatro días antes. Sin embargo, para el congresista, las explicaciones no resolvían de fondo los interrogantes planteados.

La defensa de la organización sostuvo que se trata de una entidad privada, que no administra recursos públicos y que su representante legal no tiene la condición de funcionaria pública por el hecho de ser primera dama.

Pero el juez encontró una circunstancia que cambia el escenario: la fundación participó en una campaña de recolección de ayudas que fue promovida y difundida desde instancias oficiales. La Vicepresidencia y otras entidades del Estado presentaron la iniciativa como parte de la respuesta gubernamental a la tragedia.

Por eso, concluyó que la naturaleza privada de la organización no la exime de entregar información sobre los recursos que recibió, administró, canalizó o distribuyó dentro de esa operación.

¿De cuánta plata estamos hablando?

Las cifras conocidas hasta ahora permiten dimensionar la importancia del asunto. De acuerdo con el Informe de Gestión 2026 presentado por la propia fundación ante el juzgado, Colombia Luz y Sonrisas recibió, administró y canalizó 54.589 millones de pesos.

El mismo documento señala que:

*Se movilizaron 5.652,2 toneladas de ayuda.

*Se atendieron más de 48.000 personas.

La operación llegó a 80 municipios.

*Los gastos administrativos reportados fueron cercanos a los 12 millones de pesos.

*Alrededor del 81 % de los recursos provendría de un aporte del Grupo Gilinski.

Una de las explicaciones que ha ofrecido Ana Lucía Pineda es que buena parte del dinero no se utilizó durante la primera etapa de atención humanitaria porque las ayudas recibidas fueron suficientes. Según ella, esos recursos se reservaron para una segunda fase destinada a la reconstrucción de viviendas.

La primera dama también ha señalado que existen alianzas iniciales con tres constructoras y que la selección de las familias beneficiarias se realizará con apoyo de las alcaldías y del Registro Único de Damnificados.

¿Qué tendrá que explicar ahora?

La orden judicial exige que la fundación complemente la información y entregue los documentos que respaldan su balance financiero.

Entre los asuntos que deberá precisar están:

Si tiene conocimiento de aportes realizados por contratistas del Estado; Cuánto dinero recibió y cuál ha sido su destinación.; qué donación fue destinada a la reconstrucción de instituciones educativas y de salud en Cali; qué controles utiliza para garantizar que los recursos lleguen a sus destinatarios; Cómo lleva el inventario y seguimiento de las donaciones en especie; si se han presentado pérdidas, deterioros o devoluciones de los bienes recibidos y cuáles son los plazos previstos para ejecutar los recursos pendientes.

También deberá suministrar información agregada o anonimizada sobre los beneficiarios y entregar los soportes del informe de gestión.

Hay una precisión importante: el juez no ordenó revelar la identidad de los donantes que sean personas naturales ni exigió elaborar documentos que no existan. Tampoco está juzgando la legalidad de la participación de la primera dama en la campaña. La decisión se concentra en garantizar el derecho de acceso a la información sobre los recursos de esa operación.

Una explicación que el país sigue esperando

Ana Lucía Pineda ha insistido en que no tiene nada que ocultar y que su compromiso es con la transparencia. También ha defendido la decisión de reservar los recursos económicos para la reconstrucción y no utilizarlos en la primera etapa de atención de la emergencia.

Sin embargo, el problema de fondo sigue siendo la necesidad de que esas explicaciones estén acompañadas de documentos, cifras verificables, soportes financieros y resultados concretos.

La discusión no es menor. Cuando una campaña de solidaridad se promueve desde el Gobierno, se utilizan canales oficiales para recibir aportes y se convoca a ciudadanos y empresarios a contribuir con una emergencia nacional, la transparencia deja de ser un asunto interno de una fundación.

Los colombianos tienen derecho a saber cuánto dinero llegó, dónde está, cómo se administra y cuándo comenzará a convertirse en viviendas, escuelas, hospitales y soluciones para quienes lo perdieron todo.

La decisión judicial abre ahora un nuevo capítulo en una controversia que ha acompañado la gestión de la primera dama desde el comienzo de la emergencia.

La pregunta que queda sobre la mesa es sencilla: si los recursos están intactos y reservados para la reconstrucción, como ha sostenido Ana Lucía Pineda, ¿cuáles son los planes concretos, los cronogramas y los compromisos verificables para que ese dinero finalmente llegue a los damnificados?

Porque la solidaridad de los colombianos merece algo más que balances generales y promesas: merece cuentas claras

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