29 de julio de 2021

Hora en Punto

No es la noticia: es la forma de contarla

El pulmón verde de los Montes de María

San Juan Nepomuceno, brinda los mejores atardeceres, tiene una gente humilde y solidaria que no se rinde ante las adversidades y siempre ve el lado bueno de la vida, donde los fracasos, son nuevas oportunidades.

Por: Karine Herrera Olivera, Luzcelly Puerta Rodríguez*, Especial para Hora en Punto

En medio de un clima cálido, cielos radiantes, nubes que embellecen el día y a noventa kilómetros de la ciudad de Cartagena de Indias, se encuentra un acogedor municipio que se caracteriza por su entorno y reserva natural de primates, dada la existencia del Santuario de Fauna y Flora (SFF) Los Colorados. Este atractivo se localiza en los Montes de María y se le atribuye su nombre por un Santo, que se convirtió en su patrono por su valentía de morir antes que revelar los secretos de la confesión en aquella época: se trata de San Juan Nepomuceno (Bolívar). 

Este pueblo, ha sido víctima directa e indirecta de incontables catástrofes que ha ensangrentado sus calles y se han clavado como puñales en la memoria de numerosas familias. Los días 30 y 31 de agosto del 2002, 15 campesinos fueron asesinados en las fincas El Tapón y Los Guáimaros. Esta masacre provocó el desplazamiento de familias enteras de los corregimientos vecinos de Corralito y San José del Peñón, convirtiendose en la tercera más numerosa de esta región. Lo que conllevó a realizar una estatua simbólica como signo de representación en nombre de todas las víctimas, ubicada en el parque Olaya Herrera, donde un campesino sentado en un burro es la representación al no olvido y la reparación.

La tormenta que no cesa ha llevado la forma de violencia, discriminación, dictaduras y conflictos raciales, que ha provocado las pérdidas humanas, materiales, de identidad, la vergüenza, la culpa y la anestesia social. Sin embargo, en el municipio ha estado latente el espíritu de resiliencia de sus habitantes siendo uno de sus mayores patrimonios y creando una población apegada a la cultura, las viejas costumbres y tradiciones.

UNA HISTORIA DE RESILIENCIA

Hoy, visitar San Juan Nepomuceno se convierte en toda una experiencia para el paladar, conocimiento y vivencias enriquecedoras. Su gente se ha dedicado a la reestructuración y reivindicación tras pasados dolorosos que quedan impregnados como espinas en el alma.

En medio de tanta intriga, decidimos explorar las maravillas y riquezas que guarda el emblemático municipio, cargando nuestras mochilas con termos de agua, libretas para apuntes, miles de interrogantes en nuestras cabezas, y con ganas inmensas de descubrir secretos, historias y anécdotas que caracterizan San Juan Nepomuceno.

Cuando se contempla los luminosos rayos del sol, alrededor de las 7:00 de la mañana, con el sonido de los pájaros, los burros y los transeúntes que llevan sus carretillas adornando las pequeñas calles, testigos de tantas historias nostálgicas y su vez, esperanzadoras; emprendemos nuestra búsqueda. Iniciamos por salir caminando hasta uno de los lugares más importante para los campesinos, ‘el parquecito’ lugar caracterizado por sus viejas bancas y las tiendas que lo acompañan a su alrededor, donde se reúnen para comprar insumos necesarios para el campo y alimentos que les da la fuerza para seguir con sus trabajos, eso sí, el calor y la solidaridad que se respira en el lugar es inigualable, no falta el: `buenos días mijita`, `weje` o ` ¿qué necesitas? yo te ayudo` expresiones que se escuchan mientras le puyan la cola al burro para que siga caminando.

Vicente Díaz, uno de los campesinos más populares en el lugar, que ha construido un legado  por sus años de mantener las costumbres, nos comentó, hace 40 años vengo a aquí, compro mis cositas y me voy para el monte, donde tengo mi finquita en San Pedro Consolado, me encuentro con los amigos y cada quién se dirigen a las suyas, cada uno parte a corregimientos, pero siempre vuelvo tipo 3:00 de la tarde, a tomarme el café con mi esposa mientras me espera sentada en un asiento en el kiosco de la casa.

Al igual que Vicente, son muchos los campesinos que comparten la rutina por la mañana. Mientras seguíamos saciadas por seguir escuchándolos, decidimos llegar al parque central Diógenes Arrieta Arrieta, realizando una parada donde el famoso `Chamorro` conocido en el pueblo por su venta de café, chocolate, fritos y empanadas. El señor Francisco Chamorro tiene mas de 20 años de estar en servicio a la comunidad, con su carretilla adornada por una vitrina que se empaña por la calentura de los fritos y los termos coloridos que conservan la temperatura de sus deliciosos cafés, sale todas las mañanas de su casa y se “parquea” como popularmente se dice en el pueblo, en un lugar del parque convirtiéndose testigo de las charlas y conversaciones de los adultos mayores, que sagradamente llegan.

-Todos los días son peleas- expresó riéndose- aquí me entero de todo, este es el club de ellos, realizan dos recesos, por la mañana y por la tarde tipo 4:00 llegan, me compran mi tinto y se quedan hablando, a mi me gusta escucharlos, además que vendo mi buen café, y ajá me distraigo, comentó Francisco Chamorro.

Muy risueñas por lo que nuestros oídos estaban escuchando, imaginamos como podría ser sí las bancas y estatuas hablaran como testigos de todos los cuentos echados por estos señores. En estos espacios se debate todo tipo de problema municipal, regional, y hasta nacional. No faltaron las dos vecinas que se encontraron y a lo lejos se escuchaba ‘anda, pero tremenda la niña, ahorita pare dos pelaos más’. Sin lugar a duda, San Juan está rodeado de gente alegre, amable, y sobre todo servicial.

El sol hizo de las suyas y más o menos a las 10:15 de la mañana, la temperatura se elevó a un nivel casi insoportable, por lo que tuvimos que sentarnos en una de las bancas que está debajo de un árbol y degustar un raspao` de esos de 1,000 pesos que te “refrescan hasta el alma”, como dijo el vendedor. De repente, escuchamos una voz a nuestras espaldas que dijo: “yo tengo algo por contarles”. Un poco impresionadas vimos donde se nos acercaba un señor de tes clara, con abarcas color marrón, camisa de cuadritos azules, pantalón con el dobladillo pa` arriba y un sombrero, acompañado de una dama muy distinguida. Quienes nos estaban observando hace mucho tiempo mientras conversábamos con el señor Francisco.

-Ustedes están buscando historias y yo tengo algo por contarles. Desde mi juventud viví de los mejores carnavales aquí, que cosa tan sabrosa, es que ni el de Barranquilla se iguala, el indio le ponía color y alegría, fue un icono representativo para nuestras tradiciones, gracias a él, el legado carnavalero ha perdurado en nuestra tierra, expresó con una sonrisa Carlos Gustavo.

PERSONAJES, CULTURA Y SOCIEDAD

José Ubaldino Sierra, más conocido como Ubaldino, ‘El Indio’, fue una persona que se caracterizaba por su alegría. Era fiestero y rumbero, pero quienes lo conocieron lo recuerdan como esa persona jocosa y amable que se preocupaba por mantener vivas las tradiciones en su pueblo. Era uno de los promotores de los carnavales de este municipio y todos los años, sin falta, con sus típicos disfraces de “indio” o de “negro” y con sus muecas y peculiar forma de bailar, hacía un aporte a la cultura de su tierra natal. 

Guillermina Salcedo, la acompañante del señor Carlos, lo recuerda con nostalgia: “Él fue una persona que se destacó como un artista, fue una persona muy querida en el pueblo porque le ponía sabor al carnaval. Se destacaba en todas las actividades y fiestas tradicionales de San Juan y la gente lo admiraba. Él le daba vida al pueblo y eso lo comprobé el día de su sepelio… Cada año la gente estaba a la expectativa de su disfraz. Se pintaba de negro, de rojo o de verde para darse un toque diferente y llamar la atención. Ya no lo veremos más pero siempre lo recordaremos”.

En compañía de lo que nos expresaron, nos mostraron videos donde se evidenciaba el baile y el gozo durante la época de carnavales, y de protagonista Ubaldino, quien se distinguía por su esencia. Además de sorprendidas, quedamos con ganas de conocer mucho más, pero ellos debían irse y nosotras seguir descubriendo con ansias el pueblo, como golondrinas que vuelan por primera vez y adornan los cielos.

Mientras contemplábamos el clima nublado y las nubes grises que se iban formando, pero agradecidas por calmar el sol que nos agobiaba, emprendimos nuestra ruta con destino a la casa más dulce del municipio, la que se caracteriza por la galleta insignia que es conocida de manera regional, nacional y hasta internacional, ¡sí!, la famosa galleta María Luisa. Su secreto está en el dulce de leche que tienen en su interior, el cual las convierte en un manjar al que muchos no pueden resistirse. Su elaboración se ha convertido en una fuente de ingreso para algunas familias sanjuaneras, como la de Claudia Canoles Arrieta, que ha aprendido a trabajar con esa famiempresa. Estas galletas se venden en la calle y en tiendas de la población, mientras las adornan con sus coloridos colores, por lo que conseguirlas no es difícil.

María Narcisa Bustillo de Hernández, flamante creadora de estas delicias, nos recibió con una espléndida sonrisa, que, aunque se ocultase por su tapabocas, fue inevitable que los ojos y cejas no la delataran. Nos abrió las puertas de su casa y sustento, mientras nos mostraba el producto y las degustábamos recién salidas del horno.

BOLLOS, GALLETAS Y GASTRONOMÍA

En sus inicios, las galletas con las que se preparaban las ‘María Luisa’ las hacía ella misma en su pequeña panadería. Luego, tras la muerte de su esposo hace 12 años, dejó de hacerlas y las compraba para agregarles el dulce de leche. El secreto se encuentra en la preparación y en el relleno. Nos contó que una tarde cualquiera habían quedado sin vender en su negocio algunas galletas y en la nevera tenía un dulce de leche con el toque mágico de su sazón

– “Le dije a mi esposo, Eliécer Hernández: “ahora verás que voy a hacer unas galletas con ese dulce”. Les eché el dulce, las pegué porque eran delgaditas, las puse al horno y quedaron deliciosas”, rememora con alegría María

Ni ella misma se alcanzó a imaginar el impacto que tuvo en la economía y reconocimiento gastronómico del municipio.  En voz entrecortada por su avanzada edad, demuestra su trabajo resiliente y perseverante frente a esta fabrica que se ha consolidado y ha agarrado mas fuerza durante el tiempo.

– “Esas galletas caminaron, son muy famosas. Yo sí gané plata con ellas y pude educar a mis tres hijos”, dijo sonriente.

Muy impresionadas por sus palabras, agradecimos el tiempo y experiencias compartidas, esos sí, salimos del lugar con nuestras respectivas galletas para endulzarnos el camino que nos quedaba por recorrer.  El resto de tarde permaneció con el sol escondido, pero no nos detuvo a seguir descubriendo y contemplando las calles adornadas por casas coloniales y de bahareque, acompañadas por el sonido de pájaros que reposan en las copas de los árboles. 

Mientras nos dirigíamos a la casa más famosa por la elaboración de bollos, un señor respetuosamente se nos acerca.

– “Muchachas lindas, hace rato las veo caminando, primero por allá por el parque y ahora por acá, ¿para donde van? Yo les doy el chance, nos comentó Néstor

Con un poco de risa ocultamos la pena, pero los pies no nos daban a más por motivo del cansancio, por lo que aceptamos su gentil propuesta.

Llegamos donde los famosos bollos limpios de una matrona llamada Griselda Salgado Zapata, mujer diminuta de 75 años, 60 de los cuales lleva haciendo ese tradicional producto de San Juan. Su única dirección es, como casi todas las direcciones de los pueblos de la Costa Caribe, “frente al Hospital”. Allí se consigue bollo todo el día, desde las 5:30 a. m. está en pie para satisfacer el paladar de propios y visitantes, eso sí, encontrarlos calientes no es un tema del cual preocuparse, pues en toda hora lo están. Para muchos, son los mejores del municipio, y se pueden acompañar con chicharrón, queso, suero y chorizos.

Nos dirigimos amablemente con Griselda, quién estuvo encantada por nuestra visita y se ofreció a regalarnos unos bollos, expresando “por acá a la orden, cuando quieran”, afectuosamente los recibimos y nos despedimos. Allí terminó nuestro recorrido por un municipio que tiene muchas historias que contar, vivencias que decir, y testimonios que narrar.

Al salir de la casa de la señora Grisela contemplamos el cielo, que nos regaló un espectáculo de gracia y majestuosidad, colorido y rodeado del valle de montañas, que, sin una palabra, nos dijo de que está hecho este pueblo.

San Juan Nepomuceno, sin lugar a duda brinda los mejores atardeceres, la gente más bacana, humilde, solidaria, pero sobre todo echada pa` adelante, la que no se rinde ante las adversidades y ve el lado bueno de la vida, donde los fracasos son nuevas oportunidades. Un pueblito resiliente, que disfruta del aire puro por estar rodeado de árboles, la cura para todo el estrés provocado por las ruidosas ciudades, como diría un buen sanjuanero: un vividero donde se pasa ‘bacano’.

*Karine Herrera Olivera, Luzcelly Puerta Rodríguez son estudiantes de la asignatura de Crónica del programa de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe.

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