30 de junio de 2022

Hora en Punto

No es la noticia: es la forma de contarla

El Junior de Barranquilla o la tipología de un fracaso

Por Anuar Saad S.

Ya no es tiempo de rasgarse las vestiduras. No estamos descubriendo nada nuevo que ya no conociéramos de este Junior de Barranquilla. Estamos acostumbrados a llenarnos la boca vociferando que «tenemos la nómina más costosa del país», pero terminamos –casi siempre–  tan pequeños como un equipo de la B.

No sé por qué un hincha histérico quiera agredir a los jugadores ni mucho menos  por qué de los insultos en los comentarios de las noticias virtuales sobre el Junior y mucho menos la razón por la que los barranquilleros se sienten apesumbrados por la eliminación del Junior: esta escena es tan repetitiva, que ya deberíamos estar acostumbrados.

Creo que lo que este equipo sí tiene bien puesto, es el nombre: Junior. Porque si se toma  como define esta palabra  la Real Academia de la Lengua, su significado en forma literal enuncia que: “…dícese del que es más joven que otra persona, generalmente su padre”. Y nuestro Junior tal vez no es el «más joven» pero sí el más timorato, tanto,  que cualquiera puede ser “su padre”.

Este equipo sufre del «síndrome del estadio lleno»: cada vez que hay una cantidad respetable de público en sus graderías, hace todo lo posible por perder. Y justo ahora, que los dueños del club están difundiendo por doquier la «promoción» que invita a los aficionados a comprar los abonos para ver los partidos.

¿Sí habrá algún despistado que le apueste a abonarse después de tamaño papelón (como de telenovela venezolana) que hizo el equipo al caer ayer, en su casa, goleado y humillado por su rival que lo eliminó de la Sudamericana?

Nadie entiende como es posible que los Char sean capaces de manejar tan productivamente sus empresas (Olímpica es una de las cadenas de supermercado más importante del país y sin inversión extranjera)  lo que denota que lo que hacen, lo hacen muy bien.

Entonces, ¿cómo se explica que manejen tan mal a un equipo de fútbol? ¿Que inviertan en jugadores que no rinden y contraten técnicos que casi nunca dan la talla? ¿Cómo se explica que los valores futbolísticos jóvenes de nuestra región vayan a parar a todos los equipos menos a éste y que aquí, por el contrario, aterricen los petardos –técnicos o jugadores– desechados por todos los clubes?

¿Podrá ser este equipo, manejado a los bandazos y a los caprichos de sus accionistas, convertirse alguna vez en un Club de verdad, con procesos serios, disciplina y oportunidades para nuestros talentos?
Ahora resta pensar en el campeonato local. Uno que está nivelado por lo bajo. Una liga desvalorizada, nivelada en mediocridad, en la que una nómina como la de Junior (por lo menos en el papel) debería liderar de punta a punta, incluso, jugando a media marcha. Pero ni eso.

Otra vez toca encomendarnos a todos los santos para ver si el hasta hace poco «favorito» Junior logra clasificar a la final para, otra vez, empezar a pensar –como todos los años- si alguna vez en su historia este equipo sea capaz de ganar algo –como diría el amigo Tesalio Pérez– «más allá de Maicao». Pero ahora el problema es más grave: no gana ni en casa. Difícil, muy difícil el panorama. Muy difícil que este Junior deje de ser lo que es hoy: Fracaso S.A.

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