12 de mayo de 2026

Barranquilla tiene biodiversidad real, no discursos: Pumarejo en respuesta a Petro

Las palmeras volvieron a poner a Barranquilla en el centro de una discusión política nacional. Esta vez no por estética urbana o turismo, sino por cuenta de un señalamiento del presidente Gustavo Petro, quien cuestionó el modelo de arborización de varias ciudades del Caribe y puso como ejemplo a la capital del Atlántico por, según él, privilegiar palmeras “para parecerse a Miami” en lugar de sembrar árboles nativos que ayuden a mitigar las altas temperaturas.

El mandatario aseguró que en las ciudades del Caribe colombiano “no deben sembrar palmeras extranjeras que no dan sombra solo por parecerse a Miami, como sucede en Barranquilla”, sino apostar por especies frondosas capaces de generar microclimas frescos y enfrentar las olas de calor que golpean cada vez con más fuerza a la región.

La declaración desató reacciones inmediatas en la ciudad y una de las respuestas más contundentes vino del exalcalde Jaime Pumarejo, quien defendió las transformaciones urbanas impulsadas durante los últimos años y aprovechó para lanzar un mensaje político al jefe de Estado.

“Barranquilla se construye mirando al futuro, no desde el odio, sino desde la esperanza de quienes sí se quedaron a reconstruir”, escribió Pumarejo. Y añadió un reclamo sobre una de las promesas de infraestructura más mencionadas por Petro en campaña: “Ya que está pensando en el Caribe, Presidente: el Tren del Caribe, no el volador que prometió, sigue sin financiación ni en la estrategia nacional. Los estudios cuestan $50 mil millones. Eso es todo. Ocúpese de eso y deje las palmeras en paz”.

El cruce revive una discusión que desde hace años acompaña el proceso de renovación urbana de Barranquilla. Durante las administraciones de Alejandro Char y luego de Pumarejo, la ciudad impulsó grandes intervenciones paisajísticas en avenidas, malecones, parques y espacios públicos, donde las palmeras se convirtieron en un elemento recurrente de diseño urbano, especialmente en corredores como la vía 40, el Gran Malecón y varias zonas recuperadas.

Para algunos urbanistas y ambientalistas, las críticas de Petro tienen un punto de fondo válido: las palmeras, aunque aportan identidad visual tropical, generan menos sombra y menor regulación térmica que árboles de copa amplia como robles, campanos o trupillos. En ciudades con temperaturas extremas, la cobertura arbórea se convierte en un elemento clave para reducir el calor urbano.

Sin embargo, desde sectores cercanos a la administración distrital sostienen que la discusión no puede simplificarse a “palmeras contra árboles”. Argumentan que Barranquilla ha aumentado significativamente sus zonas verdes durante la última década, recuperando parques, ampliando espacios peatonales y desarrollando proyectos ambientales alrededor de cuerpos de agua como la ciénaga de Mallorquín y el río Magdalena.

La polémica también tiene un fuerte trasfondo político. Petro y varios dirigentes del Caribe han mantenido diferencias sobre proyectos estratégicos, inversiones nacionales y la relación entre el Gobierno central y los mandatarios locales. El reclamo de Pumarejo sobre el Tren del Caribe apunta justamente a eso: una obra férrea regional que ha sido mencionada por el Gobierno nacional como apuesta de conectividad, pero que todavía no logra despegar financieramente.

Mientras tanto, en redes sociales, el debate se dividió entre quienes respaldan la necesidad de una ciudad más arborizada y quienes consideran que el presidente está enfocando su atención en asuntos menores mientras persisten problemas estructurales en la región Caribe.

La discusión, en todo caso, volvió a poner sobre la mesa una pregunta de fondo para las ciudades del Caribe colombiano: cómo crecer, modernizarse y proyectarse al turismo sin perder de vista los desafíos ambientales y climáticos que ya golpean con fuerza a la región.

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