7 de agosto de 2022

Hora en Punto

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«Spoiler Free»/ El juego del Calamar: los tentáculos de la sociedad

«Spoiler Free»

OSCAR ARIAS*

Somos cifras, números y dígitos en un tablero que podemos llamar vida. Tal vez, esta puede ser una de las tantas premisas que han encontrado millones de espectadores alrededor de todo el mundo con “El juego del Calamar” o “The Squid Game”, esta serie surcoreana que ha generado un efecto dominó, in crescendo, por donde se pueda llegar a observar.

Empezamos como muchos seres humanos alrededor del globo: un protagonista que es un “perdedor” de acuerdo con las categorías sociales que muchas veces indagó Walter Benjamin, Michel Foucault o el mismo Sigmund Freud. Y si lo integramos a una odisea tan vívida, cualquier ser humano en un mundo pospandemia, puede sentir como propio.

Nuestro protagonista es un padre divorciado, desempleado que vive con su madre y es adicto a las apuestas hípicas. Es otro rasgo se le puede agregar del “Juego del Calamar”, y que al final tiene algo que lo lleva a la luz, la humanidad. A pesar de los defectos, el ver vaso medio lleno o medio vacío siempre estuvo en cada momento en distintas progresiones de secuencias que vemos capítulo tras capítulo.

Su contraparte es el canon del asiático, inteligente, “exitoso” y “millonario”, entre comillas, porque cuando vean la serie en Netflix podrán notar el uso estricto de este recurso narrativo.

En la medida que se desarrolla la historia, podemos presenciar un juego maquiavélico, que personalmente, como habitante de un país como Colombia, no sorprende y más aún, comparado con la “Ultraviolencia” de Kubrick en “La Naranja Mecánica” o los litros de sangre de “Kill Bill” en sus dos versiones o la deshumanización de Haneke en “Maniac Tales” en sus dos versiones por el mismo director; si verán sangre, violencia y una especie de juego de ajedrez, que, como se percibe en una secuencia de uno de los juegos, los seres humanos caen uno tras uno.

Al final, siempre reflexionamos o percibimos que la sociedad es cada vez más caníbal y son esas decisiones individuales las que marcan desde lo macro o micro lo que podemos llegar a ser.

Es lo local con una mirada global y ese proceso de “globalización” nos lleva al nirvana de la producción audiovisual en un ecosistema donde las propuestas suelen ser escasas desde lo creativo, novedosas o incluso lo interesantes ¿Habrá una secuela? No lo sabemos, pero amanecerá y veremos para seguir en este juego que podemos llamar, vida.

Lo bueno: La propuesta estética, las referencias a otras obras asiáticas como Battle Royale (1994), Alice in Borderland (2020) o largometrajes como Audition (1999) de Takashii Mike, I saw the devil (2010) de Kim Ji-Woon y otros títulos de la amplia gama de terror traídos de oriente.

Lo malo: En algunos momentos y específicamente ciertas secuencias del último capítulo entran en clave de melodrama, siendo uno de los géneros donde los surcoreanos son especialistas para la amplia oferta de K-Dramas disponibles también en Netflix. 

*Óscar Arias Díaz es Comunicador Social y Periodista de la Universidad del Norte. Máster en Dirección Cinematográfica de la Universidad de Barcelona, docente de la Universidad del Norte de los cursos de guión y producción audiovisual. Director y productor de diversos cortometrajes dentro de los que se encuentran Plan de vuelo (2012), La despedida (2013) y Nochevieja (2015) filme ganador del III Premio Chip Dorado otorgado por la Cinemateca del Caribe. Actualmente cursa el Doctorado en Comunicación y es investigador invitado en UCLA donde adelanta proyectos entorno a Hollywood y el impacto de la presencia de realizadores latinos en la industria. Igualmente, indaga sobre la producción, distribución, exhibición y la  industria del cine nacional en Colombia. Cada semana Hora en Punto tendrá, bajo la crítica de Óscar Arias, un análisis de lo que está pasando en las carteleras cinematográficas y en las distintas plataformas.

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