“Reciban de parte mía,
de una manera especial,
hoy martes de carnaval,
desde aquí de la tarima,
un saludo muy cordial _para toda Barranquilla.”
Por Luis Oñate Gámez
La tarde-noche del 6 de marzo de 1984 el coliseo Humberto Perea no respiraba, hervía. Afuera el carnaval rugía; adentro, el Cacique irrumpía con su tribu en busca del trono. No era una presentación más en el Festival de Orquestas. Era el estreno de “Regalo a Barranquilla”, y la ciudad aún no sabía que aquella canción, nacida en plena euforia carnavalera, dejaría de ser novedad para convertirse en himno.
De aquel momento trascendental casi no quedaron cámaras para contarlo. Incluso, antes de cerrar su tanda, Diomedes anunció con entusiasmo que se trataba de un estreno. Sin embargo, la canción no encontró de inmediato el eco coral que sí despertaron “Cantando” o “Te necesito”, éxitos del trabajo musical que Diomedes y Colacho habían lanzado diez meses atrás.
Tal vez no hubo seguimiento en los coros porque la multitud la escuchaba por primera vez. Muchos, embriagados de carnaval y licor, aguardaban canciones conocidas para acompasarse y entonarse aún más. “Regalo a Barranquilla” era nueva, recién nacida, y esa noche todavía no pertenecía a la memoria colectiva sino al instante.
Luego de presentarse en “La Monumental” de Ciénaga, Diomedes y su conjunto emprendieron en bus el camino hacia el Festival de Orquestas. Antes de cruzar el puente sobre el río Magdalena, el vehículo se detuvo en una frutera para que los músicos se refrescaran.
Fue allí, en esa pausa de carretera, donde nació la primera estrofa. Una inspiración repentina del Cacique, quien ya venía hablando con los suyos del deseo de cantarle a Barranquilla.
La canción comenzó a tomar forma en el mismo bus. Con unos pocos instrumentos hicieron los primeros tanteos, probaron acordes, ajustaron versos. Confiando en el oficio y la complicidad de su conjunto, Diomedes y Colacho decidieron estrenarla así, casi recién salida del viaje, frente a su gente en el Festival de Orquestas.
Pasó el Festival de Orquestas del 84 y “Regalo a Barranquilla” pareció diluirse entre el bullicio de aquella noche. Pero la candela seguía ardiendo por dentro.
En noviembre de ese mismo año, cuando salió al mercado el LP Fiesta Vallenata, la canción apareció abriendo el lado A del acetato. Entonces sí encontró su destino: se convirtió en himno de Barranquilla y del Caribe, y desde entonces, cada fin de año y cada Carnaval, vuelve a sonar con el mismo ímpetu con que nació en aquella parada de carretera.

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