22 de octubre de 2021

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La suerte de Uribe

POR: ANUAR SAAD

El expresidente Uribe lleva ya varios días en su hacienda por cárcel y en medio de caravanas organizadas por sus partidarios en las principales ciudades y de los trinos desmedidos de sus críticos, se ha podido comprobar que, a pesar de todo, el país sigue su marcha. Sin Uribe, y casi que sin sus trinos, el apocalipsis no se ha cernido sobre Colombia, pero el rifirrafe en las redes sociales sigue tan agudo, ácido y polarizante, que como cuando andaba por ahí, haciendo mercado con su toallita al hombro patoneando en sus cómodas crocs.

La sentencia proferida por los magistrados de la corte no tomó por sorpresa a nadie. El mismo Uribe, dos días antes, ya había vaticinado que “lo querían ver preso” y sus cercanos seguidores ya daban declaraciones como si se hubiera proferido la medida. Los “confidenciales” de los medios, lo daban como un hecho y el Presidente Duque, solícito coequipero del presidente eterno, gastó minutos preciados de su aburrida tele revista diaria para hacer una defensa del exmandatario, mandando mensajes subliminales a los magistrados y luego, a rayo caído, insistir en que se debía permitir a Uribe defenderse en libertad.

Medios internacionales divulgaron entre asombrados y divertidos lo que pasaba en Chibchombia: un Presidente en ejercicio iba en contravía de la justicia tomando partido en la defensa de un exmandatario sindicado y criticando abiertamente a los Magistrados, echando por la borda la cacareada independencia de poder de la que el país se jacta tener. Si bien es loable la lealtad demostrada por Duque, a él se le olvidó un pequeño detalle: más que un copartidario, Duque es el Presidente, aunque a veces no lo parezca.

Pero volvamos a lo importante: Uribe es un hombre de suerte. Debe serlo, porque no se explica que alguien que tuvo 276 procesos judiciales, de los que aún sobreviven 60 investigaciones abiertas en Colombia  que van desde el homicidio hasta compra de votos y catorce de ellas se encuentran en la Corte Suprema y otros 45, en la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes, solo hasta ahora se haya proferido una medida preventiva en su contra.  Y es de suerte, porque puede  pasar un confinamiento (este no voluntario) en casi dos mil hectáreas de su hacienda El Ubérrimo en Córdoba,  la misma que sus detractores dicen que tiene más de cien mil, afirmación que no parece ajustarse a la realidad. En todo caso, tiene espacio suficiente para no sentirse prisionero (por lo menos aún) y mantener la dignidad que siempre lo ha acompañado.

Pero volvamos a lo importante: Uribe es un hombre de suerte. Debe serlo, porque no se explica que alguien que tuvo 276 procesos judiciales, de los que aún sobreviven 60 investigaciones abiertas en Colombia  que van desde el homicidio hasta compra de votos y catorce de ellas se encuentran en la Corte Suprema y otros 45, en la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes, solo hasta ahora se haya proferido una medida preventiva en su contra.

Uribe es el mejor ejemplo de la dicotomía. No es posible calificar al expresidente simplemente desde la trinchera del odio partidista, aunque hoy se afirme que al Senador “o se le quiere, o se le odia”.  Estoy convencido que el primer mandato de Uribe, fue, de lejos,  uno de los mejores en la historia moderna de Colombia, así como estoy seguro que el segundo, en medio de un desmadre de colaboradores cercanos, presos o en estampida, huyendo de las autoridades, fue nocivo para el país. No se puede creer que,  como aseguraba vehemente como uno de sus antecesores, todo lo que pasó en esos cuatro años, haya “sido a sus espaldas”. ¿Vieron? Es la suerte de Uribe. 48 funcionarios cercanos a él, presos o en huida y él ahí, firme y “sin culpas”.

El proceso judicial que lo llevó a perder la libertad, se remonta a un caso por supuesta manipulación de testigos, en que el expresidente pasó de denunciante a denunciado.  Empezó con el exmandatario acusando a Iván Cepeda por compra de testigos y terminó, paradójicamente, él mismo acusado del delito que él atribuía a su más fiero opositor. Como dirían algunos: “fue por lana, y salió trasquilado”.

Ya lo dije: Uribe, hasta preso, tiene suerte. Hasta el país más poderoso del mundo presiona para verlo libre.

Pero esa estela casi que esotérica que ronda a Álvaro Uribe Vélez es lo que lo hace tan querido y tan odiado. Tan seguido y admirado, como repudiado y renegado. Pero hasta en sus más duros momentos, algo casi mágico siempre le sucede: su esposa, Doña Lina Moreno, una mujer sobria, seria, recatada, que siempre ha estado “a la sombra”, se manifestó de repente como una pensadora moderna de los nuevos tiempos y en una carta de alto vuelo literario, defendió a su esposo y atacó el fallo de la Corte. No me cabe duda de que Doña Lina pudo haber escrito esa carta y otros textos aún mejores, porque debe tener la capacidad e inteligencia para ello, pero la buena suerte de Uribe, es que lo hizo en el momento preciso. Tal vez el país esté perdiendo a un líder político, pero parece que ganará una crítica escritora que se debate entre lo filosófico y lo literario.

Y al final, cuando su suerte estaba echada, Uribe volvió a trinar:

«Hoy fui reseñado como preso #1087985 por confrontar testimonios en mi contra comprados por Farc, su nueva generación y sus aliados. Sin pruebas, solo inferencias. Me interceptaron ilegalmente. Impidieron a abogados contrainterrogar a su principal testigo. Pido transparencia».

¿Vieron? Así es la suerte. Así es su suerte: 1087985. El número que volvió viral al anunciar que con ese fue reseñado, fue el mismo con que en La Guajira, más de 500 apostadores ganaran mil millones de pesos al acertarle a las cuatro cifras: 1087, el número ganador.

Ahora, mientras tiene sus carnitas y sus huesitos refugiados en El Ubérrimo, Uribe espera que se haga justicia y se pueda demostrar que es inocente. Sería el último acto de prestidigitación que le quedaría para convencernos que, en efecto, sí es el hombre más suertudo del mundo.

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