16 de enero de 2022

Hora en Punto

No es la noticia: es la forma de contarla

En el centro, 500 mil libros buscan quien los lea

Ellos siguen esperando. Con paciencia organizan los estantes y remueven las polillas, telarañas y polvo de los títulos que se exhiben en busca de compradores que a esa hora brillan por su ausencia. Junto con miles de títulos se aglutinan en pleno corazón de Barranquilla, en lo que ahora se conoce con el ostentoso nombre de “Centro Cultural del Libro”. Y antes de que el reloj dé las 7 de la mañana ellos están ahí, presentes, como celosos guardianes de más de 500 mil obras literarias y libros de texto de todos los temas, tamaños y precios.

Un mural que evoca a de Gabriel García Márquez con las famosas mariposas amarillas de Mauricio Babilonia las cuales aparecieron por primera vez, en la célebre novela “Cien años de Soledad” reciben a los compradores. También resguarda el sitio la portada de la icónica obra de Miguel de Cervantes Saavedra, “Don Quijote de la mancha” el famoso Hidalgo con su fiel amigo y escudero Sancho Panza.

Entre muchos locales, estrechos y calurosos, está el de Alberto.  Sus paredes están atiborradas de títulos y autores pero él, previsivo, sabe dónde está cada uno de ellos porque los tiene clasificados por géneros. Hay libros que duermen allí el sueño de los justos porque nadie pregunta por ellos. Otros, en cambio, se venden como pan caliente: La Biblia, Don quijote de la mancha, la Baldor, las novelas y cuentos de Gabriel García Márquez y todas las sagas de fantasía que tanto atrapan a los lectores juveniles hoy día.

Alberto, a la espera de los clientes.

Por sus precios al alcance de todos, Hay el centro cultural del libroes, sin lugar a duda, el kilómetro cero desde donde parte la culturización del pueblo. Los barranquilleros, en su mayoría, prefieren comprar para sus hijos en la tradicional feria del libro en San Nicolás. Allí, se adquieren libros nuevos, usados y seminuevos a precios muy económicos que ayudan enormemente a la economía familiar. Los más solicitados en épocas de pre-estudios son los que vienen en las ya superconocidas listas escolares o de útiles que satisfacen las necesidades de estudiantes desde primaria, hasta la universidad. El libro que no se encuentra allí, es porque no existe.

Alberto Herrara, es un vendedor que ejerce el oficio de librero hace catorce años. Con sus 43 abriles a cuesta, vive orgulloso de la labor que realiza diariamente. Para él, después de la Biblia, el libro más vendido y buscado en sus años de entrega a este oficio, es donde un hombre llamado Alonso Quijano lucha contra unos gigantes que solo eran unos molinos de viento “Don Quijote de la Mancha”. Sin embargo, siguen vigentes la Baldor libro que contenía ejercicios de Algebra que a más de uno hizo llorar en el bachillerato.

EL DATO

A pesar del paso de los años la Urbanidad de Carreño y Nacho lee siguen vigentes. El primero, de normas y principios que forman el comportamiento en sociedad de los seres humanos y, el ultimo, es aún buscado para que a los niños le sirva como base para aprender a leer.

Alberto relata que en esta tradicional feria se pueden encontrar libros desde los mil, hasta los 100 mil pesos. Suspira evocando los tiempos más difíciles, como los del principio de la pandemia y confiesa que a veces regresa a su casa sólo 10 mil pesos. “Pero por lo menos ayudan para la comprar la leche y el pan para los pelaos”, dice.

En interior del Centro Cultural

En algunos lugares, como de la antigua Casa Vargas, los libros se pueden utilizar como estantes, sillas, alfombras o paredes. En una esquina sobresale una pila de libros de texto que funcionan como soporte para otros libros; las otras paredes que lo cubren, forman torres o estantes, ocupando límites, e incluso, apoyando almohadillas metálicas.

Caminando por los pasillos llenos de libros, nos encontramos con José Arrieta, el cual tiene el local número uno y a sus 78 años viaja en autobús todos los días desde Las nieves y, según él, ha estado en la zona desde 1971.

Artera comenzó a vender libros en la carrera 41, ubicada entre las calles 32 y 33, cerca de la tienda Iris. Allí permaneció unos “20 o 25 años”. Luego estuvo en la Plaza de San Nicolás, frente a Él Rebusque. “Estábamos al aire libre, teníamos una estela para bloquear el sol y el agua” dijo. “Ahí afuera Tenía un grupo de clientes excelentes, todos venían y yo los conocía. Cuando nos sacaron de allí, lo perdí todo” dice con una voz melancólica.

Por otra parte, para José Antonino Cerpa, la lotería no le favoreció para su ubicación, su local es el número 49 en el corredor al final del primer piso. Por eso le toca salir a pedir a los clientes que “bajen las banderas”, como lo llaman los libreros a la primera venta del día.

“Ni Ayer, ni hoy bajé bandera. Cuando estábamos afuera era más movido. Ahora tengo que salir a buscar clientes a cada rato”, dijo el hombre que lleva 30 años en el comercio de libros.

El destino que podrían tener varios ejemplares después de ser leídos es misterioso. Es probable que acaben en las estanterías de las bibliotecas familiares, o pasando de mano en mano, o así, esperando eventualmente nuevas oportunidades en una de las exposiciones de venta de libros de segunda mano.

Un dibujo de Gabo con las mariposas amarillas, recibe a los compradores.

Estos comerciantes proporcionan a los compradores miles de títulos y, aunque ninguno de ellos lleva una lista de inventario, han desarrollado un nivel de precisión que les ha permitido encontrar en un santiamén, la obra por las que les consultan. Mientras tanto, sueñan con que los barranquilleros se desprendan del celular y la Tablet y vuelvan a sentir en sus manos el placer que solo puede proporcionar un libro impreso en papel, es mismo que, según los más pesimistas, ya podrían estar en vías de extinción.

*Trabajo de la autoría de Laura Caraballo, Danna Castro, Dania Brieva y Luis Eduardo Castañeda, estudiantes de la asignatura de Crónica del Programa de Comunicación social de la Universidad Autónoma del Caribe.

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