14 de abril de 2021

Hora en Punto

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El lento “suicidio” de Elías Lacouture, el guerrero pacifista que quiere rescatar a Bellas Artes

A pesar de no ser estudiante de Uniatlántico, ha logrado sacar momentáneamente de su desidia y modorra a las autoridades y a la ciudadanía y despertar el interés por la suerte del patrimonio cultural e histórico de la ciudad.

Por Carlos A. Sourdis Pinedo, Especial para Hora en Punto

Hay múltiples maneras de cometer suicidio, pero pocas tan tortuosas pero a la larga tan seguras o efectivas como la que escogió Elías.

Porque si resultara ser cierto que sólo interrumpirá su huelga de hambre cuando se inicien los trabajos de restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, el joven ha dictado su propia sentencia de muerte.

No será capaz de soportar 90 días y 90 noches consumiendo sólo agua y Gatorade.

Y éste es el tiempo que, según la gobernadora del Departamento del Atlántico, Elsa Noguera, podría podría demorarse el inicio de las obras de restauración del ruinoso edificio de arquitectura republicana neoclásica donde hasta hace unos tres años funcionaba la facultad.

Pero, ¿por qué hace Elías Lacouture lo que está haciendo? ¿Se han visto interrumpidos sus estudios de música o de artes plásticas desde que en 2017 se dejaron de dictar clases debido a que la estructura se empezó a desplomar bajo el peso del abandono y la desidia gubernamentales, la corrupción del comején y el paso del tiempo?

Jóvenes se han unido al ayuno de Elías, acompañándolo en su vigilia.

No. Elías ni siquiera es alumno de la Universidad del Atlántico. De hecho, asegura que no ha hecho “ningún tipo de estudios académicos”.

Sin embargo, por lo menos ha logrado sacar momentáneamente de su desidia y modorra a las autoridades y a la ciudadanía y despertar el interés por la (mala) suerte del patrimonio cultural e histórico de la ciudad.

Y su modo de hacer las cosas nada tiene que ver con las protestas y manifestaciones sazonadas con piedras y papas explosivas por medio de las cuales el inconformismo del estudiantado se expresaba en el milenio pasado.

UN GUERRERO PACIFISTA

Metodos que Elías nunca pondría en práctica, ya que es ante todo un pacifista. Al estilo Gandhi. Tal como en el caso del famoso líder de la India, su mejor arma es su estómago vacío y hambriento.

Su ejemplo ha hecho que un grupo de jóvenes de aspecto bohemio, algunos de ellos alumnos de Bellas Artes, le acompañen a diario en un improvisado campamento montado frente a la puerta principal de la institución. Están ahí para vigilar que no se le violen a Elías sus derechos a la libre protesta pacífica. También recibe periódicas visitas de representantes de la Oficina de Derechos Humanos y de la Defensoría del Pueblo, entidades que envían personal sanitario para que hagan controles rutinarios a su estado de salud.

Este “guerrero pacifista” es ávido lector y obtiene fortaleza de Nietzche (entre otros filósofos), siempre tiene a mano las escrituras védicas del Bahavad Guita, también la Biblia, y practica una mezcla de cristianismo, hinduismo y budismo, tomando de cada doctrina lo que le parece más útil o conveniente. Un librepensador.

El techo que colapsó hace dos años…aun espera solución.

Por lo pronto, no se le ven signos evidentes de debilidad, a pesar de que hoy sábado cumple su quinto día sin comer. Dice sentirse más fuerte con cada día que pasa y cree que los ayunos que ha llevado a cabo en el pasado como parte de su práctica de las enseñanzas hindúes le ayudan a soportar mejor el hambre.

Pero se enfrenta a un laberinto burocrático oscuro y enredado, un camino repleto de zancadillas y traspiés, como lo hace la misma facultad de Bellas Artes, otra agonizante entidad cultural de esta ciudad. Tal como el Museo de Arte Moderno, el Museo Romántico, el Parque Cultural del Caribe o el Teatro Distrital Amira De la Rosa, cuatro vistosos ejemplos.

Elías ve en la irrefrenable decadencia de estas instituciones un patrón: remplazar el ingreso de la cultura mediante el afianzamiento del entretenimiento masificado y desprovisto de profundidad.

RETRASOS E IMPUNTUALIDADES

Hoy la situación de la facultad de Bellas Artes de Uniatlántico parece más empantanada que nunca.

A pesar de que según Elsa Noguera existen “12.000 millones de pesos reservados” para su reconstrucción, la misma se ha visto frenada por repetidas impuntualidades del contratista encargado de presentar los diseños de la obra, una entidad privada representada por una arquitecta con magíster en preservación patrimonial, Yasbeidis Constante Figueroa.

Y cuando no son las impuntualidades y retrasos al parecer injustificados, surgen las objeciones que el Ministerio de Cultura le ha hecho a los proyectos de restauración ya presentados por la arquitecta, aprobados por el Consejo Distrital de Cultura y Patrimonio y posteriormente por el Concejo Distrital, según aclaró para Hora en Punto uno de los miembros de este de primer organismo, el catedrático de Uniatlántico y arquitecto José María Fernández.

Escombros, que recuerdan la desidia y destrucción del lugar.

De hecho, son tales los retrasos en esta diligencia que el rector de Bellas Artes, Julio Henao Gil, anunció hace un par de días que la firma representada por Yasbeidis Constante “ya no va más” y será remplazada por otra. De acuerdo con informaciones suministradas por la prensa local, actualmente se adelantan las gestiones para determinar a qué compañía se le otorga el contrato.

José María Fernández dice que en Barranquilla existen numerosos profesionales con reconocida y profunda formación académica, más que suficiente para hacerse cargo del proyecto, motivo por el que las demoras para adelantar este trámite también resultarían incomprensibles.

“NO HAY VOLUNTAD”

HORA EN PUNTO obtuvo también declaraciones de un docente del programa de Artes Plásticas de la facultad de Bellas Artes quien pidió reserva de su nombre. Él asegura que todo esto es un reflejo de la “‘bendita’ situación que viene atravesando la universidad pública en este país, esta región y en esta ciudad”.

“La Universidad del Atlántico se maneja de cualquier manera, para mal, y Bellas Artes no es la excepción de ello. La usufructaban lo más que se podía cuando estuvo en pie, pero cuando se vino abajo como si fuera un ‘efecto dominó’, un edificio tras otro en menos de diez años, la directiva de la universidad, con sus políticas erráticas, no supo qué hacer. Hemos estado en esta situación eternamente y quién sabe hasta cuando seguiremos en ella”.

Le parece irónico que la gobernadora Elsa Noguera “diga ahora que está de parte de los estudiantes, pero haya tenido que esperar a que pasara esta cosa mediática para pronunciarse. Porque si no, ella se sigue haciendo la sorda y la loca, como todos”. Dice que “no se siente además que haya verdadera voluntad política de rescatar a Bellas Artes, no pasan de los mismos pronunciamientos oportunistas de siempre”.

Le parece de lo más irónico y particular, además, que haya sido una persona que ni siquiera es estudiante de Bellas Artes quien haya que tenido que intervenir para que se produzcan estos pronunciamientos.

No obstante, el rector de Uniatlántico, Henao Gil, se congratulaba ayer en la prensa local por el hecho de que “la firma a la que le sea adjudicada la continuación del diseño del proyecto, no tendrá que arrancar de cero, porque este proyecto ya se encuentra adelantado en un 70%”.

“RECONSTRUYEN O ME MUERO”

Sin embargo, el hecho de la que la obra ya lleve tres años arrastrando su miseria, con buena parte de los techos de sus dependencias desplomados, acumulando basura y convertido en una trampa mortal para quienes se aventuran en sus instalaciones, conduce pensar que todavía falta mucho para que la educación superior pública del Departamento del Atlántico vuelva a contar con un espacio ideal para la enseñanza y práctica de las bellas artes.

Y el hecho de que ahora pese sobre la conciencia de los responsables de este insólito abandono la posible muerte del joven Elías (identificado por otros medios de comunicación como Elías Lacouture, de origen sabanalarguero), no parece que vaya a acelerar mucho las cosas.

Al menos, no lo suficiente para evitar su fallecimiento por inanición. Porque él, que cumple hoy su quinto día de huelga de hambre, sólo ve dos alternativas: “O se comienza a reconstruir este edificio pronto, o yo me muero”.

Motivo por el que, tal como se indica al comienzo de este texto, la suerte de Elías parece estar echada de antemano: pronto la noticia ya no será sobre su huelga sino sobre su funeral.

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