En el marco de la implementación de acciones de recuperación urbana y cultural y preservación patrimonial que adelanta la Alcaldía de Barranquilla, el barrio El Prado llega a sus 106 años. Como regalo, la Administración del alcalde Alejandro Char fortalece este sector como uno de los principales atractivos turísticos, culturales y patrimoniales de la ciudad.
Y no se trata de un tema coyuntural por su aniversario. Desde que comenzó el tercer gobierno del mandatario, y dentro del eje Ciudad Dinámica del Plan de Desarrollo, este tipo de intervenciones hacen parte de las acciones para proyectar a Barranquilla como un destino cultural, turístico, creativo y confiable. Este es uno de los planos que se propone para el disfrute de la riqueza histórica y patrimonial de la ciudad: recorridos cargados de una belleza que invita a adentrarse en la imponencia de una urbe cargada de entornos maravillosos.
En el barrio El Prado, sus callejones arborizados dan una frescura única al caminar por sus calles. Las mismas que ahora tienen pintadas la historia de Barranquilla y sus inicios como la primera ciudad organizada urbanísticamente del país.
Preservar su patrimonio, justamente, ha sido una de las prioridades de la administración del alcalde Alejandro Char, quien ha ejecutado varias acciones, entre ellas la intervención de los callejones, un corredor cultural de aproximadamente 800 metros cuadrados que fue transformado en un espacio de arte urbano con 9 murales realizados por artistas locales, inspirados en la identidad caribeña y la historia cultural de Barranquilla.
A estas acciones se suma la restauración del mural ‘Tierra, mar y aire’, obra del maestro Alejandro Obregón, ubicado en la esquina de la carrera 53 con calle 76, en el edificio Mezrahi. La intervención, que tuvo una inversión superior a 552 millones de pesos, hace parte de la reactivación de la Ruta Obregón, iniciativa anunciada por el alcalde Alejandro Char para poner en valor el legado artístico de uno de los creadores más importantes del Caribe colombiano.
El barrio El Prado también se ha beneficiado con la estrategia ‘Tapahuecos’, de la Secretaría de Obras Públicas. Es así como se intervinieron más de 1800 metros de vías.
Igualmente, se están invirtiendo importantes recursos en la transformación de la calle 72, para mejores condiciones de movilidad. La obra incluye modernización del alumbrado público, subterranización de redes de telecomunicaciones, andenes amplios, rampas, losetas con guías táctiles y alertas para personas con discapacidad.
Estas inversiones reafirman el compromiso de la Alcaldía de Barranquilla, a través de la Secretaría Distrital de Cultura y Patrimonio, con la protección, conservación y puesta en valor del patrimonio de la ciudad.
La celebración de los 106 años de El Prado ratifica la apuesta de Barranquilla por proteger su memoria histórica y fortalecer el patrimonio como motor de identidad, cultura y desarrollo para la ciudad.
Aunque hoy sobre sus calles se levantan modernos edificios y circulan sobre ruedas los avances del mundo moderno, su historia está cargada de emotivos recuerdos de los niños que un día disfrutaron las delicias de un barrio popular por donde descalzos corrían, subían a sus árboles y disfrutaban hasta entrada la noche con sus amigos.
Así lo retrata doña Oty Yadira Andrade, quien nació en el barrio, hace más de 60 años, aún reside ahí, y aunque siendo la única mujer de cuatro hermanos, lo que limitaba su libertad, pudo disfrutar al lado de los varones las subidas a las paredes para ingresar a casas vecinas, y luego la trepada a los árboles de guayaba, ciruelas, mangos y demás frutales que se erguían en los inmensos patios de las casonas de la época.
“Una de las cosas que más recuerdo, y siempre me ha encantado de este barrio, es su naturaleza, El Prado siempre se ha distinguido por su arborización, por los patios de las casas con árboles frutales, sus terrazas amplias y las fuentes en sus jardines”, evoca esta barranquillera.
En el sector aún se pueden ver bellas mansiones con sus grandes terrazas, sus antejardines, árboles frondosos y calles anchas que atraen la nostalgia de la Barranquilla de antaño, la Barranquilla de los años 20, que mostró una ciudad estilo colonial, que entonces sucumbía para darle paso a la modernidad de una urbe planificada para hacerse de estilo ecléctico, de grandes mansiones, zonas verdes y amplias avenidas.
La historia del barrio, su planeación y nacimiento se remontan al año 1920; se le atribuye a los hermanos estadounidenses Karl y Roberto Parrish junto al paisajista Ray Floyd Wyrick, y se fecha en marzo 12, cuando en Barranquilla comienza a vivirse el primer desarrollo urbano planificado de Colombia, aplicando principios de lo que se conoce como ciudad tipo jardín, que se convirtió a la ciudad en un verdadero hito histórico y arquitectónico, hasta el punto de ser declarado como Bien de Interés Cultural del ámbito, en 2005.
El barrio se levantó en lo que fuera una finca ganadera de principios del siglo XX, la cual fue adquirida por Benjamín Senior y José Fuenmayor Reyes hacia el año 1900, y posteriormente vendida a Manuel De la Rosa, cuya casa inspiró al señor Karl C. Parrish para desarrollar su proyecto.
De acuerdo con documentos de la época, consultados y recopilados por el Archivo Histórico de Barranquilla, el proyecto urbanístico inició su construcción con las calles, y no con las casas, como se realiza tradicionalmente. Indican dichos documentos que primero se definieron sus amplias avenidas, calles asfaltadas y arborización a lado y lado, y posteriormente los parques con jardines y los andenes que demarcaban los extensos lotes, con servicios públicos ya instalados, para el levantamiento de las viviendas. Esto hizo que la ciudad fuera un referente de modernidad en Latinoamérica en la década de los años 20.
En el sector, se levanta el emblemático Hotel El Prado inaugurado en 1930, y la zona se consolidó en la más alta y fresca de la ciudad, atrayendo a las colonias extranjeras y élites locales.
Actualmente, muchas de sus mansiones funcionan como sedes empresariales, educativas y comerciales, pero manteniendo su valor cultural.

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