13 de agosto de 2026

El terremoto no puede convertirse en otro campo de batalla de la política: más que nunca se necesita la verdad

En medio de la tragedia que vive Colombia hay algo que debería estar por encima de cualquier disputa política: la verdad.

Se puede cuestionar al Gobierno. Se puede exigir más rapidez, más información, más ayudas y una mejor coordinación. Eso hace parte del control democrático y es necesario. Pero otra cosa muy distinta es afirmar, sin sustento, que Colombia está rechazando la ayuda internacional o que la Presidencia decidió cerrarles las puertas a los países que quieren ayudar.

Los hechos dicen otra cosa.

La Agencia Presidencial de Cooperación Internacional (APC Colombia) informó oficialmente que está articulando las ofertas de donación, asistencia humanitaria y apoyo provenientes de países, organismos multilaterales, sector privado y organizaciones internacionales. Y explicó algo elemental en cualquier emergencia de esta magnitud: las ayudas deben coordinarse con la UNGRD, Cancillería y las autoridades territoriales para saber qué se necesita, dónde se necesita, quién las recibe y cómo se distribuyen.

Las ayudas ya están llegando.

Según Caracol Radio, Colombia comenzó a recibir asistencia internacional: 100 toneladas de ayuda humanitaria provenientes de El Salvador, otras 58 toneladas enviadas por México, y equipos de búsqueda y rescate de Estados Unidos, El Salvador, Israel y Ecuador. También se anunció la llegada de 22 expertos rescatistas estadounidenses procedentes de Los Ángeles y Virginia.

Estados Unidos, además, confirmó el envío de equipos especializados de búsqueda y rescate y una asistencia de 15,5 millones de dólares para atender la emergencia. La propia Cancillería colombiana confirmó y agradeció públicamente ese apoyo.

Entonces, ¿de dónde sale la versión de que Colombia “no está aceptando ayuda”?

Una cosa es que durante las primeras horas se hayan establecido procedimientos para organizar el ingreso de equipos, personal y donaciones —algo indispensable en una emergencia— y otra muy diferente es decir que el país está rechazando la solidaridad internacional.

De hecho, la propia APC Colombia publicó cuáles son las necesidades humanitarias identificadas por la UNGRD: miles de kits de alimentación, aseo y hábitat, insumos para agua y saneamiento, menaje, plantas eléctricas, equipos médicos e incluso un hospital de campaña. También estableció el procedimiento para que las ayudas provenientes del exterior puedan ingresar de manera urgente al país.

Y hay más: el Gobierno declaró mediante el Decreto 1171 del 11 de agosto la Situación de Desastre de Carácter Nacional por doce meses en los territorios afectados.

El presidente anunció además la utilización de la emergencia económica para disponer de herramientas extraordinarias frente a la magnitud de la crisis y planteó la creación del llamado Fondo Milagro, destinado a canalizar recursos nacionales e internacionales para la reconstrucción.

También anunció medidas de alivio para los damnificados, entre ellas mecanismos relacionados con servicios públicos, subsidios de arrendamiento para quienes perdieron sus viviendas, alivios tributarios y financieros y respaldo para comerciantes y pequeños empresarios.

La magnitud de la tragedia es enorme. Y precisamente por eso no hay espacio para convertir cada decisión operativa en una bandera partidista.

El Gobierno debe rendir cuentas. Por supuesto. Debe explicar qué está funcionando, qué no, cuánto dinero ha llegado, cómo se está distribuyendo, qué municipios siguen esperando ayuda y qué falta por hacer. Eso no es atacar al Gobierno: eso es democracia.

Pero también debemos exigir responsabilidad a quienes, desde la oposición o desde las redes sociales, convierten una emergencia nacional en una fábrica de rumores.

En una tragedia de esta dimensión no se necesitan ni propaganda oficial ni politiquería opositora. Se necesitan rescatistas, alimentos, medicinas, viviendas, recursos

Y, sobre todo, se necesita que la información que circula sea cierta.

La solidaridad internacional está llegando. La institucionalidad está activada. Hay mucho por hacer y seguramente habrá errores que investigar y corregir. Pero decir que Colombia está rechazando la ayuda internacional, cuando existen registros oficiales y reportes periodísticos de ayuda que ya está entrando al país, no corresponde con los hechos conocidos hasta ahora.

En este momento, antes que buscar culpables políticos, Colombia necesita encontrar sobrevivientes, atender a los damnificados y comenzar a reconstruir.

La política puede esperar. La gente no

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