14 de abril de 2026

La Gran Vía y el Mercado del Sazón: las obras que se «volvieron eternas»

ANUAR SAAD / HORA EN PUNTO 🔴

La promesa de una vía moderna que conectaría sin tropiezos a Barranquilla con Puerto Colombia terminó convirtiéndose, para muchos, en una historia de paciencia agotada, pérdidas económicas y desconfianza institucional. La Gran Vía —uno de los proyectos insignia de la Gobernación del Atlántico— hoy es tanto símbolo de progreso como de incumplimientos acumulados.

La obra que se volvió eterna

Durante años, la Gran Vía ha sido anunciada como la solución definitiva a los problemas de movilidad del corredor universitario. Sin embargo, la realidad en el terreno ha sido distinta: polvo, desvíos improvisados, tráfico colapsado y comerciantes contando pérdidas.

La obra, que inicialmente debía entregarse en 2024, ha sufrido sucesivos aplazamientos: primero a 2025 y luego a mediados de 2026, es decir, casi dos años después de lo prometido originalmente.

Incluso organismos de control encendieron las alarmas. La Contraloría General abrió una indagación preliminar por los retrasos, calificando el proyecto como “crítico” y señalando que aún no estaba en funcionamiento pese al tiempo transcurrido.

Mientras tanto, desde la Gobernación —liderada por Eduardo Verano— se insiste en que el proyecto avanza y que su entrega está cerca. En recorridos recientes, el mandatario ha reiterado que, si se mantiene el ritmo actual, la obra podría entrar en operación en julio de 2026.

Pero esa promesa ya se ha escuchado antes.

Caos diario y pérdidas millonarias

Para quienes viven y trabajan en el corredor de la carrera 51B, la Gran Vía no es un render ni una cifra de avance: es el caos cotidiano.

Comerciantes de sectores como Villa Campestre y La Playa han denunciado una caída drástica en sus ingresos. La reducción del flujo vehicular, los accesos restringidos y la percepción de desorden han golpeado negocios que dependían del tránsito constante. De hecho, se reconoce que los retrasos han generado “pérdidas económicas al sector comercial”.

A esto se suma el desgaste social. Protestas de residentes, cierres simbólicos de vías y constantes quejas en redes sociales evidencian una comunidad cansada de esperar.

En plataformas digitales, abundan los comentarios que cuestionan la planeación del proyecto y la falta de cumplimiento en los cronogramas. Algunos usuarios han señalado que la obra “parece no tener fin”, mientras otros denuncian afectaciones a peatones, estudiantes y transporte público.

Paradójicamente, mientras crece el malestar, también lo hacen los indicadores técnicos de avance. La Gobernación ha reportado progresos superiores al 80 % y asegura que la infraestructura mejorará significativamente la capacidad vehicular y peatonal del corredor.

Sin embargo, la desconexión entre cifras oficiales y percepción ciudadana es evidente. Para muchos, el problema no es solo el retraso, sino la reiteración de fechas incumplidas.

Cada nueva promesa de entrega —junio, luego julio— ha erosionado la credibilidad institucional.

El otro símbolo del aplazamiento: el Mercado del Sazón

A pocos kilómetros, en Puerto Colombia, otra obra refleja el mismo patrón: el Mercado del Sazón.

Anunciado como un espacio para dinamizar la economía local y exaltar la gastronomía del Atlántico, el proyecto ha sido objeto de múltiples anuncios de entrega que no se concretan.

Aunque autoridades han realizado inspecciones y recorridos, la apertura al público sigue aplazada, generando frustración entre emprendedores y cocineros que esperaban este espacio como vitrina para sus negocios.

En redes sociales, la narrativa se repite: fotos de una obra aparentemente lista, pero sin funcionamiento; promesas institucionales que no se traducen en operación real.

Voces oficiales vs. realidad en la calle
El gobernador Verano ha defendido la gestión, asegurando que se trata de proyectos complejos que heredó con dificultades contractuales y financieras, y que su administración ha trabajado para destrabarlos.

Pero en la calle, el relato es otro.

Para comerciantes, conductores y peatones, lo que queda es la sensación de abandono temporal: negocios afectados, movilidad deteriorada y una incertidumbre constante sobre cuándo —y si— las obras cumplirán lo prometido.

Una deuda con la confianza

La Gran Vía y el Mercado del Sazón no solo son obras inconclusas: son, para muchos ciudadanos, una deuda con la confianza pública.

Porque más allá del concreto y el asfalto, lo que está en juego es la credibilidad de la institucionalidad. Y esa, a diferencia de una carretera, no se reconstruye con maquinaria, sino con cumplimiento.

Si julio de 2026 será finalmente la fecha definitiva, como insiste la Gobernación, está por verse.

Lo cierto es que en el Atlántico ya no solo se mide el avance en porcentaje de obra, sino en el desgaste de la paciencia ciudadana.

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