5 de febrero de 2026

Crónica// El Muelle 1888: entre el encanto del mar y la asfixia económica de sus restaurantes

Por ANUAR SAAD

El «Muelle 1888», la llamada «joya turística» de Puerto Colombia enfrenta hiy una silenciosa crisis: bajos flujos de clientes, problemas de acceso y arriendos que los empresarios califican de impagables.

Y aunque el mar sigue siendo el mismo y sus bellos atardeceres son inolvidables, el Muelle 1888, con su arquitectura creativa, moderna y tropical con esa vista privilegiada hacia el mar Caribe, continúa siendo uno de los escenarios más fotografiados del Atlántico.

Sin embargo, detrás de esa postal perfecta, los restaurantes que le dan vida al complejo atraviesan una de las crisis más delicadas desde su apertura.

Lo que nació como un proyecto emblemático para dinamizar el turismo y la economía local hoy enfrenta una dura realidad: mesas vacías entre semana, costos operativos elevados y una cadena de dificultades logísticas que, según los empresarios, amenaza con hacer naufragar el corredor gastronómico más ambicioso del departamento.

La carta de los restauranteros

Mucho visitante, poco consumo

Aunque el Muelle 1888 recibe visitantes casi a diario —especialmente fines de semana y temporadas altas—, los propietarios de los restaurantes coinciden en que la afluencia no se traduce en ventas sostenidas. El turista llega, camina, se toma la foto, mira el mar… y se va.

“El flujo existe, pero el consumo no alcanza para cubrir los gastos”, repiten varios dueños de locales, quienes aseguran que las ventas están muy por debajo de lo proyectado cuando decidieron invertir en este espacio.

Vias y parqueos: el desastre

Uno de los reclamos más reiterados es el mal estado de las vías de acceso y la falta de una solución clara para la movilidad. Los cierres viales recurrentes, la señalización deficiente y, sobre todo, la ausencia de parqueaderos suficientes, han convertido lo que debería ser una visita placentera en un obstáculo para muchos potenciales clientes.

A esto se suma la falta de mas baños públicos adecuados y otros servicios básicos que, según los empresarios, desincentivan estancias prolongadas y afectan directamente el consumo.

Precios altos y percepción ciudadana

Otro factor que pesa es la percepción ciudadana de que comer en el Muelle 1888 es costoso. Aunque los restauranteros argumentan que los precios responden a los altos costos de operación, el consumidor promedio encuentra difícil justificar el gasto, especialmente en un contexto económico donde el sector gastronómico nacional atraviesa una desaceleración.

La ecuación es simple y cruel: costos altos, menos clientes y márgenes cada vez más estrechos.

Arriendos “de centro comercial de lujo”

El punto más sensible del conflicto está en los números. Los empresarios denuncian que los arriendos y gastos administrativos son desproporcionados, comparables —según ellos— con los de centros comerciales premium del norte de Bogotá o de las zonas más exclusivas de Barranquilla.

Fernando Raad, uno de los voceros del sector, lo resume sin rodeos:

“Hemos trabajado un año entero prácticamente para pagar arriendo y administración. Así, la operación se vuelve insostenible”.

Por ello, el gremio gastronómico solicitó formalmente a la Gobernación del Atlántico, a la Alcaldía de Puerto Colombia y al operador Puerta de Oro una rebaja del 20 % en los arriendos y una reducción del 50 % en la cuota de administración, como medida urgente para evitar cierres masivos.

Choque institucional y responsabilidades cruzadas

Los restauranteros señalan una falta de coordinación entre las entidades responsables del proyecto. Mientras la Gobernación tendría obras pendientes por finalizar, el municipio —según los empresarios— restringe accesos, y el operador del complejo no habría ejecutado con la contundencia esperada un plan estratégico de mercadeo y posicionamiento a nivel nacional e internacional.

Desde el lado institucional, las autoridades han defendido el proyecto, destacando su impacto turístico y asegurando que se han tomado medidas para facilitar el acceso en eventos y temporadas especiales. No obstante, la percepción en el terreno es distinta.

450 empleos en riesgo

Más allá de cifras y discursos, la crisis tiene rostro humano. Más de 450 empleos directos e indirectos dependen del funcionamiento del Muelle 1888. Cocineros, meseros, proveedores y pequeños empresarios ven con preocupación un futuro que, sin correctivos, se vuelve cada vez más incierto.

¿Salvar el muelle?

El Muelle 1888 sigue siendo bello. Sigue siendo atractivo. Pero la belleza no paga arriendos ni nóminas. Hoy, este ícono turístico se encuentra en un punto de quiebre: o se ajusta el modelo para hacerlo viable, o el mar seguirá viendo cómo algunos restaurantes bajan las esteras.

La pregunta ya no es si el Muelle 1888 es un buen proyecto, sino si las decisiones llegarán a tiempo para salvarlo

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