La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha tomado una decisión que resume la naturaleza de su poder. La noche del viernes, mediante un comunicado en Telegram, anunció la destitución de Alex Saab de su cargo como ministro de Industria. El mensaje fue breve, casi ceremonial. Agradecía al empresario colombiano su «labor al servicio de la patria» y anunciaba que asumiría «nuevas responsabilidades».
Lo que Rodríguez no mencionó, pero el país entero comprendió, es que la orden no provino de Caracas.
Según fuentes de la Administración estadounidense, el cese de Saab fue una exigencia explícita del equipo de Donald Trump. No se trató de una sugerencia diplomática, sino de una condición innegociable. Y Rodríguez, la misma funcionaria que hace unos días declaraba que no sería «arrastrada» a Washington, obedeció. La medida expone la fragilidad del chavismo y su dependencia de actores externos, revelando una estrategia estadounidense clara: aislar a Venezuela de sus fuentes alternativas de financiamiento, como China, Irán y Rusia, para forzar una dependencia total de Estados Unidos. Valga como ejemplo que el jueves, el mismo día que Trump recibía a la líder opositora María Corina Machado en la Casa Blanca, el jefe de la CIA, John Ratcliffe, se entrevistaba en Caracas con la presidenta Delcy Rodríguez.
En el puesto de Saab, Delcy Rodríguez designó a Luis Antonio Villegas Ramírez como nuevo ministro del Poder Popular de Industrias y Comercio Nacional. La elección no es casual. Villegas, teniente coronel del Ejército Bolivariano nacido en Valera, estado Trujillo, en 1984, representa un perfil diametralmente opuesto al de Saab. Su carrera ha transcurrido en organismos administrativos de bajo perfil: fue viceministro para el Seguimiento y Control del Comercio y la Distribución, director general del Servicio Autónomo de Propiedad Intelectual (SAPI), y ha tenido responsabilidades en las aduanas venezolanas.
A diferencia de Saab, cuya red de contactos se extendía por jurisdicciones ‘offshore’, gobiernos aliados y esquemas sofisticados de manejo de dinero, Villegas es un tecnócrata militar sin antecedentes de corrupción internacional. Crucialmente, no aparece en las listas de sanciones de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros) del Departamento del Tesoro estadounidense, lo que lo convierte en una opción políticamente viable para Washington.
La designación de Villegas marca un cambio estratégico deliberado: sacrificar a los operadores internacionales más comprometidos para proyectar una imagen de «limpieza» ante Trump y sus halcones. El Ministerio de Industrias y Comercio Nacional fue fusionado con el de Comercio, concentrando poder económico en manos de un militar leal pero sin los antecedentes que hacían de Saab un objetivo político irrenunciable para Washington.
En marzo de 2024, la Justicia estadounidense desestimó los cargos contra Saab
Alex Saab no es un actor secundario en la reciente historia venezolana. Para muchos, encarna la sofisticada arquitectura de la corrupción chavista. De origen libanés, Saab comenzó su carrera de forma modesta en Colombia vendiendo llaveros promocionales. Su fortuna, sin embargo, se forjó en Venezuela, donde se convirtió en lo que analistas de seguridad denominan un «súper facilitador»: un operador clave en redes financieras ilícitas que conectaban al gobierno de Nicolás Maduro con potencias aliadas.
La importancia de Saab no radicaba solo en su conocimiento de los esquemas para evadir sanciones internacionales, sino en los nombres, las cifras y los pactos no escritos que manejaba. Su red, según una investigación del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos publicada en julio de 2019, se extendió hasta el programa de alimentos subsidiados (CLAP), del cual desvió cientos de millones de dólares a través de contratos sobrevalorados. La investigación detalla cómo Saab y su socio, Álvaro Pulido, pagaron sobornos a altos funcionarios, incluidos los hijastros de Maduro, para asegurar su acceso a lucrativos contratos gubernamentales, utilizando una red de empresas fantasma en jurisdicciones como Hong Kong y México para lavar los fondos.
En octubre de 2021, Saab fue extraditado a Estados Unidos desde Cabo Verde, acusado de lavado de dinero y enfrentándose a una posible condena de 20 años de cárcel. A pesar de ello, Maduro orquestó una intensa campaña internacional, presentándolo como un «diplomático» secuestrado por Washington, incluso presentando credenciales diplomáticas y nacionalidad venezolana para justificar su estatus.
La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca trajo un giro inesperado. En diciembre de 2023, como parte de un acuerdo para promover «elecciones libres», Biden indultó a Saab. A su regreso a Caracas, Maduro lo recompensó con la presidencia del Centro Internacional de Inversión Productiva (CIIP), una entidad creada en 2020, irónicamente, para monitorear y contrarrestar las sanciones internacionales.
La caída de Saab
La ironía de su destitución se acentúa al recordar la férrea defensa que los hermanos Rodríguez hicieron de él en el pasado. Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, fue uno de sus defensores más vehementes. La narrativa oficial lo pintaba como un héroe, un «agente antibloqueo» que garantizaba alimentos y medicinas para el pueblo venezolano.
Ahora, los mismos personajes que lo elevaron a la categoría de mártir, lo despojan de su cargo por orden directa de Washington. La caída de Alex Saab no es solo la historia de un hombre, sino el reflejo de un sistema político que, atrapado en su propia red de alianzas y contradicciones, se ve forzado a sacrificar a sus piezas más valiosas para sobrevivir en el tablero internacional.
Los cambios de Delcy Rodríguez en el Gobierno
En sus primeros diez días como mandataria encargada, tras la captura de Maduro por parte de fuerzas estadounidenses durante el ataque militar a Caracas, Delcy Rodríguez ha anunciado varios cambios ministeriales.
Este viernes designó a Freddy Ñáñez como ministro de Ecosocialismo, a Aníbal Coronado como nuevo titular de Transporte y a Miguel Ángel Pérez Pirela al frente del despacho de Comunicación e Información.
También nombró días atrás como ministro del Despacho de la Presidencia al capitán Juan Escalona, miembro del equipo de seguridad de Maduro, y al expresidente del Banco Central Calixto Ortega como nuevo vicepresidente de economía sectorial.
Asimismo, destituyó al jefe de Seguridad de Maduro, el mayor general Javier Marcano Tábata, y nombró en su lugar al general Gustavo González López como comandante de la Guardia de Honor Presidencial y titular de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM).

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