17 de septiembre de 2021

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Twitter: ¿justicia o totalitarismo?

Por ANUAR SAAD

Solo faltaban quince días para que Estados Unidos pasara la página de uno de los presidentes más polémicos de su historia. ¿Qué más podía pasar? Todos pensábamos que Donald Trump después de las pataletas en torno a la elección que perdió estrechamente con Joe Biden, estaría ya pensando en otras prioridades, como por ejemplo, ponerse al día con el fisco norteamericano que apenas entregue el cargo lo llamará a rendir cuentas.

Pero no. Trump, siempre impredecible, tenía pensado otra cosa: una despedida sonora y grotesca, muy a su estilo, una que fuera recordada como un hecho histórico jamás visto en esa nación desde hace casi dos siglos. ¡Y vaya que lo consiguió!

Podríamos decir que los twitter de Trump no son muy distintos a los que leemos de polémicos líderes políticos en otras partes del mundo. Recordemos que en sus reglas de funcionamiento esta red social advierte sobre los comentarios que inciten a la violencia, fomenten el terrorismo, el extremismo violento o el abuso y acoso. Según Twitter, estos  serán penalizados. “Suspenderemos de forma inmediata y permanente cualquier cuenta que determinemos que incumple esta política”,  trina el pajarito azul. ¿Pero por qué no suspenderlo antes? ¿Por qué ahora cuando le quedan dos semanas de vida en la Presidencia de Estados Unidos? Esa respuesta solo la puede darla red social, y es lo que abre paso a la polémica.

…el monarca nuquinegro, ese minúsculo pajarillo azul de 16 centímetros de largo, oriundo de los bosques de Asia, que es la imagen de la red social Twitter, terminó haciendo popó encima del pelirrojo peluquín presidencial.

Recordemos que no había pasado un día luego de que se notificara por parte de las autoridades electorales que sus votos no habían alcanzado para continuar en la Casa Blanca, cuando a través de las redes sociales desplegó una agresiva campaña repitiendo (¿repitan la mentira que a fuerza de repetirla, se hará verdad)? que las elecciones habían sido un fraude y que le robaron la victoria en varios estados.

Pocos de sus mismos partidarios en el Congreso le compraron esa teoría de la conspiración: pero los que sí dieron como cierto el hecho fueron miles de votantes, que estaban a la espera de “la señal” para actuar.

Los mensajes de Trump a través de la televisión y  en las redes sociales en plena toma del Capitolio que terminó con cinco muertos, 20 heridos y más de 55 detenidos, fueron la tapa de la olla. En vez de llamar a la calma,  llamó “patriotas” a los violentos manifestantes. Quiénes eran las cinco personas que murieron en el ataque al Capitolio.

Fue entonces cuando Twitter, el aparentemente tierno e inofensivo pajarito azul, decidió actuar  y en un principio suspendió temporalmente la cuenta del Presidente de los Estados Unidos (ya había pasado antes) por violar sus políticas de funcionamiento, lo que terminaría un día después con el anuncio del cierre permanente de la cuenta del hombre más poderoso del mundo: el monarca nuquinegro, ese minúsculo pajarillo azul de 16 centímetros de largo, oriundo de los bosques de Asia, que es la imagen de la red social Twitter, terminó haciendo popó encima del pelirrojo peluquín presidencial.

Lo que se descubrió después, pareció dar más la razón a la acción del pajarillo: se filtraron videos de la celebración de Trump y sus hijos, mientras veían en directo por la televisión la toma violenta del Capitolio por parte de lo que Biden calificó como “terroristas domésticos” y que para Trump era “un grupo valiente de patriotas”. Video muestra a la familia Trump celebrando protestas en Washington

La decisión de Twitter, compartido por muchos, también ha sido criticada por otros. Hay quienes dicen que el mundo está aplaudiendo la decisión porque se tomó contra alguien al que muy pocos querían, pero ¿qué pasaría si esta política se aplica a otros?  Tras cierre de su Twitter, Trump dice que ‘conspiran para silenciarlo’

La respuesta a esa pregunta es la que debemos pensar con frialdad antes de expresarla. Porque si Twitter replica esa medida contra todos los que incitan violencia, representan la misoginia, la xenofobia, trastoca la realidad para obtener provecho personal y es generador de odios y polarización, no solo la red social acertó, sino que podríamos decir que está en mora para que la limpieza se extienda a otros personajes, incluyendo, claro está, a aquellos de nuestro propio terruño. Porque no es solo Trump: hay muchos que infectan hiel en las redes.

Una cosa es la libertad de expresión, que siempre debemos preservar,  y otra muy distinta escudarse en ella para arrasar honras, difamar, mentir, generar violencia y usar discursos incendiarios que llamen al caos. Una red social sin regulación alguna es tan peligrosa como un loco armado de ametralladora dentro de un ascensor lleno de personas.

Se vale criticar; se vale opinar; se vale vender su imagen; se vale promocionar lo que hace, se vale expresar sus ideas, disentir, polemizar,  pero jamás atentar contra el bienestar, la honra, los derechos y seguridad de los demás.

Lo vivido en esta semana en el capitolio norteamericano debe dejar a Colombia dos lecciones de no olvidar: la primera, que meterse en la política electoral de otros países es, no solo inconveniente, sino peligroso para el país, aún más, si pierde el candidato por el que ellos hacían fuerza: hoy Colombia parece un país “paria” al que el nuevo gobierno de Estados Unidos mira con recelo e indiferencia. La otra lección, es directa a algunos de nuestros líderes políticos. A esos extremos de derecha e izquierda que a punta de insultos, acusaciones falsas, mentiras, agresiones, ataques a la honra y a la moral,  y con llamados vedados a seguir generando odio, quieren seguir haciendo política incendiando las redes sociales.

Ellos deben saber que no están exentos de ser vetados.

Que pueden seguir los pasos del gigante caído.

Que el monarca nuquinegro puede darles a ellos su último trino.  

Por ahí se siente el revolotear frenético de las alas del minúsculo pajarito azul. Y esos “líderes”, preocupados,  temen que venga por ellos.

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