26 de octubre de 2026

Tragedia en el río Ariguaní: dos músicos muertos y la eterna pesadilla que persigue al vallenato por las carreteras

El bus de la agrupación de Kbeto Zuleta cayó al río cuando regresaba de una presentación. Murieron el corista Geovanny Lobo y el guitarrista Harold Santana. Cerca de 20 personas resultaron heridas, según reportes preliminares. La tragedia vuelve a poner sobre la mesa los riesgos que afrontan los músicos que recorren Colombia de concierto en concierto

ANUAR SAAD 🔴 Hora En Punto

El vallenato tiene una manera particular de acompañar las alegrías y las tristezas de los pueblos. Sus canciones se escuchan en las parrandas, en las fiestas familiares, en las celebraciones populares y en las madrugadas de quienes encuentran en un acordeón una razón para seguir cantando. Pero detrás de esa fiesta existe una realidad menos visible: la de los músicos que pasan buena parte de sus vidas viajando por carretera, muchas veces de noche, para cumplir con una agenda que no da tregua.

En la madrugada de este lunes 26 de octubre, esa realidad volvió a convertirse en tragedia: el bus que transportaba a integrantes de la agrupación de Kbeto Zuleta, hijo del legendario Poncho Zuleta, chocó contra las barandas del puente sobre el río Ariguaní y terminó cayendo a la corriente, en el corredor vial que comunica a El Difícil, Magdalena, con Bosconia, Cesar.

El saldo inicial fue devastador: dos integrantes de la agrupación perdieron la vida y cerca de 20 personas resultaron heridas, de acuerdo con los reportes difundidos durante la mañana. Entre los lesionados se encontraba el propio Kbeto Zuleta, cuyo estado de salud fue reportado como delicado por medios regionales.

Las víctimas mortales fueron identificadas por el mánager del conjunto, Esteban Bolaño, como Geovanny Lobo, corista, y Harold Santana, guitarrista. Dos trabajadores de la música que, como tantos otros integrantes de las agrupaciones vallenatas, acompañaban al artista en una profesión que exige talento sobre la tarima y resistencia en la carretera.

La emergencia movilizó a los organismos de socorro y a habitantes de la zona, que acudieron a prestar ayuda mientras los heridos eran trasladados a centros asistenciales de Bosconia. Algunos de ellos sufrieron lesiones de gravedad y, según los primeros reportes, se evaluaban traslados a instituciones de mayor complejidad.

Las autoridades iniciaron las indagaciones para establecer qué provocó el accidente. Por ahora, no existe una conclusión oficial sobre sus causas.

De una noche de música a una madrugada de angustia

Horas antes, la agrupación había cumplido con una presentación privada en Sincelejo, Sucre, según las publicaciones y los reportes de prensa conocidos. En ese evento también estuvo el cantante Elder Dayán Díaz.

El regreso por carretera terminó en el puente sobre el río Ariguaní. El vehículo habría impactado contra las barandas antes de precipitarse al río, pero todavía falta establecer si hubo una falla mecánica, una pérdida de control, un factor humano o alguna otra circunstancia que explique el siniestro.

En las primeras horas de la emergencia también circularon versiones diferentes sobre el punto de partida y el recorrido que realizaba el bus. Lo que se deberá precisar con el avance de la investigación es el itinerario exacto y las condiciones en las que se produjo el accidente.

La diferencia es importante: en una tragedia de esta magnitud, la urgencia informativa no puede sustituir la verificación de los hechos.

Mientras tanto, las familias de las víctimas enfrentan una noticia que nadie está preparado para recibir. Los compañeros de tarima se convierten en pacientes, las llamadas de coordinación se transforman en comunicaciones de emergencia y la música que horas antes animaba una fiesta queda suspendida por el dolor.

Una historia que el vallenato conoce demasiado bien

Lo sucedido en el río Ariguaní no puede leerse como un episodio aislado de la historia reciente del folclor. Durante décadas, distintos artistas, compositores y trabajadores de la música vallenata han perdido la vida en accidentes de tránsito.

Patricia Teherán, la inolvidable voz de Las Diosas del Vallenato, murió en enero de 1995 en un accidente cuando viajaba entre Barranquilla y Cartagena. Su partida, cuando apenas tenía 25 años, dejó una huella profunda en el género y truncó la carrera de una mujer que había abierto camino en un escenario dominado históricamente por hombres.

Diez años después, el 24 de agosto de 2005, murió Kaleth Morales, uno de los artistas que transformaron el vallenato con el movimiento conocido como la Nueva Ola. El cantante sufrió un accidente durante un viaje por carretera entre Cartagena y Valledupar. Falleció después de las graves lesiones sufridas.

En abril de 2017, la tragedia alcanzó a Martín Elías Díaz, hijo de Diomedes Díaz. El artista se accidentó después de una presentación en Coveñas, Sucre, mientras se desplazaba por carretera. Su muerte provocó una conmoción nacional y dejó al descubierto, una vez más, la vulnerabilidad de los artistas que deben movilizarse entre compromisos musicales.

En noviembre de 2020, el compositor Romualdo Brito murió después de que el vehículo en el que viajaba se saliera de la vía en jurisdicción de Curumaní, Cesar.

La lista incluye también a Jesús Manuel Estrada, cantante que hizo parte de Los Diablitos y falleció en un accidente de tránsito en noviembre de 2003, así como a otros artistas y trabajadores del género que han sufrido siniestros durante sus desplazamientos.

Cada caso tuvo sus propias circunstancias. No todos ocurrieron en buses ni respondieron necesariamente a las mismas causas. Pero, en conjunto, constituyen una dolorosa memoria que obliga a preguntarse por las condiciones en las que se desarrolla el trabajo de quienes viven de la música.

La otra cara de la parranda

La vida de una agrupación vallenata no termina cuando el cantante se despide del público y el acordeonero guarda su instrumento.

Después de una presentación vienen el desmontaje de los equipos, la organización de los instrumentos, la recogida de los integrantes y el viaje hacia el siguiente destino. En ocasiones, la distancia entre dos compromisos obliga a recorrer cientos de kilómetros en pocas horas.

La carretera se convierte así en una prolongación del escenario.

En un reportaje publicado en enero de 2022, EL HERALDO consultó a artistas y representantes del género sobre los riesgos de esos desplazamientos. Las respuestas dejaron al descubierto problemas que van desde la planificación de las giras hasta la selección de los vehículos, el mantenimiento preventivo, los relevos de conductores y la necesidad de garantizar períodos adecuados de descanso.

Poncho Zuleta, padre de Kbeto, había defendido entonces la importancia de viajar con los músicos en un bus y contar con un conductor responsable. Otros representantes artísticos insistieron en la necesidad de contratar empresas de transporte confiables, verificar la documentación de los vehículos y organizar los recorridos con suficiente anticipación.

Elder Dayán Díaz, quien también conoce las exigencias de una agenda artística intensa, habló en aquella oportunidad de su preferencia por viajar de día y de la importancia de disponer de conductores que puedan turnarse.

Son recomendaciones que adquieren un significado especial después de lo ocurrido en el puente sobre el río Ariguaní.

La fatiga, la conducción nocturna, la presión por cumplir horarios y las deficiencias de mantenimiento son factores que deben evaluarse cuando corresponda. Sin embargo, sería irresponsable atribuir cualquiera de ellos al accidente de este lunes sin que las autoridades hayan establecido las causas.

La investigación tendrá que determinar qué ocurrió en este caso. La discusión de fondo, no obstante, ya está planteada: ¿qué tan preparadas están las agrupaciones para garantizar que sus integrantes puedan desplazarse de una presentación a otra en condiciones seguras?

El costo humano de una industria que no se detiene

La música vallenata es también una industria. Detrás de cada cantante hay músicos, coristas, técnicos de sonido, representantes, conductores, asistentes y trabajadores que dependen de los conciertos para sostener a sus familias.

No todos tienen la visibilidad del artista principal, pero todos son indispensables para que una agrupación funcione.

La muerte de un corista y un guitarrista recuerda esa dimensión humana que a menudo queda escondida detrás de los nombres famosos. Geovanny Lobo y Harold Santana no eran solamente integrantes de una nómina musical: eran personas con familias, proyectos y una vida que se extendía mucho más allá de las tarimas.

Por eso, la seguridad vial de las agrupaciones no puede depender exclusivamente de la experiencia de un conductor o de las decisiones individuales de un representante. Debe formar parte de la organización misma del trabajo artístico: itinerarios realistas, vehículos adecuados, mantenimiento comprobable, conductores habilitados y descansados, y decisiones que permitan aplazar un desplazamiento cuando no existan condiciones seguras.

El éxito de una presentación no debería medirse únicamente por la cantidad de asistentes, los aplausos o los contratos conseguidos. También debería medirse por la capacidad de hacer que todos los integrantes regresen sanos a sus hogares.

Que la próxima noticia no sea otra despedida

El accidente del río Ariguaní deja una herida en la familia de Kbeto Zuleta y en el mundo vallenato. También revive el recuerdo de artistas que se fueron demasiado pronto y de carreras musicales que quedaron truncadas por la violencia de las carreteras.

La investigación deberá responder por qué el bus chocó contra las barandas y terminó en el río. Las autoridades tendrán que establecer las responsabilidades que correspondan y precisar el balance definitivo de víctimas y lesionados.

Pero el sector musical también tiene una tarea que no puede aplazarse: revisar sus prácticas de transporte y asumir que la seguridad de sus trabajadores debe estar por encima de cualquier afán de calendario.

El vallenato seguirá sonando en las plazas, los festivales y las fiestas privadas. Sus artistas seguirán viajando para llevar sus canciones a cada rincón de Colombia. Lo que no debería seguir repitiéndose es que el regreso a casa se convierta en una amenaza para quienes viven de hacer música.

Esta vez, el río Ariguaní recibió un bus y dejó dos familias de luto.

Que la muerte de Geovanny i5Lobo y Harold Santana no termine convertida en una cifra más de las tragedias que el vallenato recuerda durante unos días y luego vuelve a dejar atrás. Que sirva, al menos, para que cada agrupación revise sus rutas, sus horarios y sus condiciones de transporte.

6Porque después de cada parranda hay un camino de regreso. Y todos los que salen a cantar tienen derecho a volver a casa

About Author

Compartir
Compartir