7 de agosto de 2026

Murió «Capeto», el periodista que hizo de la nostalgia un éxito

PERFIL / ANUAR SAAD

Mientras revisaba las últimas noticias de la parroquia, me topé con el titular que contaba que Carlos Sourdis Pinedo, el periodista todo terreno, fotógrafo por pasión, historiador por vocación, y escritor por elección, fue encontrado sin vida dentro de su residencia. -¡Murió Capeto!- El grito, pasadas las 10 de la noche, despertó a mi esposa que estaba a mi lado.

No recuerdo con exactitud la fecha en que ese joven de sonrisa eterna, hablado peculiar y de vestir descomplicado, llegó a la sala de redacción de El Heraldo donde entonces yo era el jefe de redacción. Lo que sí recuerdo como si fuera ayer, es que Ernesto McCausland -una especie de «padrino» para él- me diría en mi oficina en medio del ajetreo diario del cierre del periódico: -hey trátame bien al pelao-

Dias después, ya nadie lo llamaba Carlos Sourdis. Para todos era «Capeto», sin preguntarle jamás por qué diablos le decían así. Capeto era un amigo de los que no se consiguen con facilidad. Uno que era capaz de sacrificar cosas por complacer al otro. El que no tenía problemas para doblarse en un turno, echarte una mano con una historia o, como él mismo decís entre risas, «compartir la pobreza» cuando te invitaba a un mordisco de lo que había traído de almuerzo.

En su época de juventud, misma que compartimos, era el alma de las fiestas en medio de su conversación alegre que disparaba comentarios, críticas y anécdotas de la Barranquilla de la actualidad y de la que le contaron y vivieron sus mayores y que él despues contaba como si en realidad hubiera vivido en esas épocas que él jamas supo dilucidar si eran mejores o peores que las presentes.

Luego de un infarto que casi acaba con su vida hace algunos años, «El Cape» se dedicó de lleno a ejercer el periodismo independiente: a escribir crónicas, aportes para revistas, algo de literatura, pero «la niña de sus ojos» sería el grupo que creó en Facebook «Personajes y Ambientes Históricos de Barranquilla’ del que explicó en una auto entrevista publicado en este portal Hora en Punto, «…que la nostalgia es la culpable del éxito» a la vez que dejaba abierto el interrogante de que si, efectivamente, todo tiempo pasado fue mejor en esa original crónica que tituló en este mismo medio «Un viaje a la memoria y la nostalgia: una entrevista a mí mismo» (Leer aquí la entrevista completa) https://horaenpunto.com/un-viaje-a-traves-de-la-memoria-y-la-nostalgia-entrevista-a-mi-mismo/

Capeto era un romantico. Aunque trataba de negarlo, su mirada acuciosa retrataba detalles de los rincones, callejones, calles de su Barranquilla del alma y siempre te podía sorprender con una historia (que uno nunca sabía si había sido cierta o no) o te golpeaba con uno de sus rudos interrogantes propio de los rebeldes sin o con causa que se acostumbraron a cuestionarlo todo.

La muerte de Carlos, de Capeto, del Cape, de mi amigo, del amigo de mi esposa y de mis hijas, me hace volver a pensar en la fragilidad humana y lo prestado que estamos en esta vida de la que nos creemos dueños. Seguramente allá, en el cielo de los periodistas rebeldes, se convertirá, gracias a sus historias y sus reflexiones que ahondan en lo filosófico en medio de dudas y certezas, en centro de atención. Fue capaz de narrar la ciudad desde las esquinas y desde los semáforos retratando a sus personajes y sus oficios en su trabajo aquí publicado 1.200 semáforos al día (leer aquí la crónica: https://horaenpunto.com/1-200-semaforos-al-dia/)

No han pasado dos horas de haberme enterado de su muerte y me parece verlo en su bicicleta verde parado en frente de mi casa esperándome para gritarme su auténtico y efusivo saludo: -¿Ajá y qué viejo Anuar? Cinco simples palabras que servían de pretexto para proponerme una que otra crónica para Hora en Punto y, como no, para elucubrar sobre el bien y el mal de esta Barranquilla que de seguro llevó siempre en su corazón y que inmortalizó y nos ilustró , desde un ya famoso y nostálgico grupo de facebook.

Se fue Cape y no lo puedo creer. Todavia no me resigno y estoy creyendo que desde algún lugar saltará esa frase de saludo de combate: -¿Ajá y qué viejo Anuar?

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