18 de mayo de 2024

Junior: crónica de una eliminación anunciada

Por ANUAR SAAD

Después de la feria del desperdicio y de los errores en el Metropolitano de Barranquilla, habría que ser muy optimista para pensar que un equipo tan irregular como el Junior, podría clasificar a la final.

Lo de la tarde de este domingo en Bogotá donde Millonarios, un equipo con muy pocas figuras pero gran trabajo colectivo, con 10 hombres blanqueó al Junior dos goles por cero, no solo es decepcionante para los hinchas del cuadro tiburón, que suman seis eliminaciones consecutivas entre la liga y los campeonatos sudamericanos, sino que raya en la vergüenza. Lo de hoy no fue más que el mantenimiento de la constante de un equipo que en momentos dónde debe sacar la casta, el pundonor, el coraje, el orgullo, termina saliendo con un chorro de babas.

Sí: lo que se pudo ver hoy fue vergonzoso. Los mensajes a mi WhatsApp no paraban. “Ni que Millonarios juegue con 8, Junior hace un gol”, me escribió uno. “Aunque le permitan jugar a Junior con 13, no hará nada porque en el banco están juntos el hambre con las ganas de comer: Sandoval y Moreno”.

Y aunque suenen a mensajes de hinchas adoloridos, están cargados de razón. Junior adolece de muchas cosas, empezando por un técnico que sepa leer los partidos, que maneje el camerino y que no se “aculille” en los momentos decisivos.

Pero el caso pasa por diferentes lecturas, como por ejemplo, la avanzada edad de sus jugadores que lo hace un equipo lento y previsible que, para remate, todavía pone la esperanza en Teófilo Gutiérrez, un jugador de 36 años, que estuvo ausente sin que se supiera ciertamente por qué, en los últimos ocho partidos. A esto se le agrega el poco sentido de pertenencia de un equipo que se dice de Barranquilla, pero que en su nómina titular solo tiene en la cancha regularmente a un solo jugador nativo de la ciudad y muy pocos oriundos de la costa caribe.

La displicencia que emana del equipo, le hace hervir la sangre al más paciente de los hinchas. Y es que estamos hablando de un onceno que solo juega a pelotazos, de los que solamente unos cuantos llegan a su destino. Junior es un equipo sin oficio; de entregas erráticas, de marcas “al ojo”; sin sorpresas y con un libreto tan desgastado que hasta un aprendiz de técnico es capaz de leerle las intenciones dos días antes de empezar un juego.

Hoy, después de esta nueva eliminación, quedan más preguntas que respuestas. ¿Seguirá Amaranto Perea al frente del club a pesar de no haber ganado absolutamente nada? ¿Se mantendrá a Sambueza, una triste sombra de lo que era en San Fe? ¿A Cetré  que es la versión nueva de Tolosa, pero peor?; ¿Tendremos que seguir aguantando a Sandoval del que ya la gente ni se acordaba?; ¿Será justo seguir viendo al esperpento de Moreno –un clon de Tolosa y Cetré, pero peor que ambos? ¿Tendremos que seguir tolerando las pataletas de Teo que se cree intocable y no se da cuenta que su tiempo ya terminó? ¿Hasta cuándo Piedrahita –que dio muchas alegrías – pero hoy tiene todos sus años encima lo mismo que Valencia permanecerán en el equipo? ¿Seguirá esa pareja de centrales a los que todos les ganan las espaldas? ¿Volverá Comesaña, caramelo repetido, porque para la directiva no existen más técnicos?

Los directivos del equipo tienen que saber para qué quieren al Junior. Por los sueldos que devengan estos jugadores, deberían ganar con una pierna amarrada el torneo local y, por lo menos, ser capaces de disputar con dignidad instancias avanzadas de la Copa Libertadores, cosa que no pasa desde hace más de 25 años.

Nadie puede salir a decir hoy que lo que pasó en Barranquilla, donde se dejó escapar una goleada segura, y la falta de garra que demostró en Bogotá para disputar el paso a la final, es algo sorpresivo: ya lo sufrimos en la Copa Sudamericana, prontamente eliminados y en la Libertadores, igualmente eliminados. Así que lo de hoy no es una sorpresa: es una crónica de una eliminación anunciada.

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