19 de septiembre de 2021

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Elecciones en los Estados Unidos: un asunto que nos concierne a todos

Trump se ha propuesto, por varios medios, despojar de lo poco que le queda de legitimidad al proceso electoral de su país. Pocos presidentes han necesitado tan urgentemente ser reelegidos para evitar un posible proceso penal apenas pierdan la inmunidad que les otorga su cargo.

Por Carlos A. Sourdis Pinedo, Especial para HORA EN PUNTO

Las elecciones que presidenciales en los Estados Unidos que se celebran hoy son inusuales, atípicas (a pesar de que se ajusten al cronograma previsto).

Lo son, para quienes todavía guardan fe o dan crédito al sacrosanto postulado de que los presidentes en los Estados Unidos son elegidos por la voluntad de la mayoría del pueblo o de los votantes.

Y también lo son para quienes. hace 20 años, durante la contienda Bush- Gore, perdieron todo vestigio de esta fe, al quedar al desnudo la farsa que se esconde tras las elecciones presidenciales  gringas cuando —tal como lo describe en su libro el columnista David Kaplan del New York Times— “413 abogados, 9 jueces de la Corte Suprema de Justicia y 5.963.110 votantes de la Florida hicieron aterrizar (violando la autoridad del Congreso) a George Bush en la silla presidencial”, a pesar de que ya la victoria había sido cantada para el demócrata Al Gore.

Y son unas elecciones inusuales para ambos grupos por varias razones. La primera, es que las elecciones llegan lastradas por una cifra de muertos sin precedentes debido al perverso manejo que Donald Trump le ha dado y le sigue dando hasta el último minuto al manejo de la pandemia del coronavirus. Una de las peores cifras del mundo entero (casi 2 millones de muertes) y el presidente y aspirante a la reelección sigue propagando mentiras contradictorias a diestra y siniestra en el sentido de que

a) la pandemia se halla bajo control

b) la pandemia no existe y es un invento “de los científicos” que quieren arrebatarle la posibilidad de ejercer durante un segundo periodo.

TRUMP Y LA DESLEGITIMIZACIÓN

De lo anterior se desprende otro hecho que hace unos años hubiera sido considerado inconcebible (pero en el caso de Trump es entendido y asumido como ‘otra excentricidad’ del presidente): Trump se ha propuesto, por varios medios, despojar de lo poco que le queda de legitimidad al proceso electoral de su país.

Primero, asegurando de plano y de antemano que no aceptará una derrota, y convocando a sus bases electorales no sólo para que se rebelen en caso de que él pierda las elecciones, sino, en segundo lugar, invitándolas a ejercer como milicias que supervisen las urnas, especialmente en los llamados “swing states” o estados indecisos.

En todos los países del mundo existen veedurías, nacionales e internacionales para supervisar los procesos electorales, pero lo que propone u ordena Trump, en un país recientemente revuelto y ensangrentado por incontables protestas raciales, invitar a ejercer esta tarea a las enardecidas bases del Partido Republicano —en su mayoría portadores de armas amparados por la sacrosanta Segunda Enmienda— equivale a poner en marcha un proceso de intimidación y coerción contra los votantes demócratas que, fácilmente, puede terminar no en uno sino en varios baños de sangre.

Un ejemplo se ha visto hace pocas horas en Texas, en donde un bus transportando simpatizantes del candidato demócrata Joe Biden fue emboscado en pleno highway por decenas de vehículos repletos de trumpistas enardecidos (se hacen llamar ‘patriotas’). Otros tres eventos organizados por los demócratas en Texas fueron suspendidos ante el temor de nuevas agresiones. ¿La respuesta de Trump ante estos desafueros vandálicos?

“Amo Texas. Estos patriotas no han hecho nada equivocado”.

Queda sentada así la invitación para que conductas similares se reproduzcan a todo lo largo y ancho de los Estados Unidos de Norteamérica, con el beneplácito de su presidente.

CHOMSKY DESCALIFICA A TRUMP

No en balde, Noam Chomsky, intelectual, filósofo y lingüística que en cierta manera se ha erigido como una de las voces de la consciencia y de la cordura política no sólo en los Estados Unidos sino en el mundo entero calificaba hace dos días a Donald Trump en una entrevista para The New Yorker como “el peor criminal en la historia del mundo”.

“La gente a su alrededor, esencialmente, están creando una alianza internacional de estados extremadamente reaccionarios que puede ser controlada por la Casa Blanca”, advierte Chomsky.

Pero, hablando de atipicidades, quizá la más evidente y pavorosa sea la que también menciona Chomsky durante la misma entrevista: en caso de que Trump gane las elecciones, los poderes que gobiernan los destinos de la humanidad (algunos dirán que sus votantes pero esto ya se pone en tela de juicio al comienzo de este artículo) le estarán dando luz verde o carta blanca a una persona empeñada, mediante su política anti- ambiental, en destruir cualquier vestigio de vida sobre el planeta.

Al llegar a este punto, Noam Chomsky compara a genocidas como Adolph Hitler, Joseph Stalin o Mao con Donald Trump y asegura que, por muy perversos o malvados que los primeros hayan sido, ninguno de los tres tenía como objetivo final la destrucción total del prospecto de la especie humana o de la civilización en la Tierra

Mientras tanto, observa que todas las decisiones tomadas o acciones emprendidas por Donald Trump en cuando al medio ambiente (maximizar el uso de combustibles fósiles y romper todos los acuerdos y protocolos ambientales alcanzados por previos presidentes estadounidenses para evitar el calentamiento de la Tierra) parecen precisamente destinadas a lograr esta destrucción final.

Un hecho inusual más: pocos presidentes han necesitado tan urgentemente ser reelegidos para evitar ir a la cárcel apenas pierdan la inmunidad que les otorga su cargo. Nixon es el caso más reciente y fue finalmente indultado por su sucesor Gerald Ford, tras el escándalo del caso Watergate, a pesar de que 29 de sus más cercanos colaboradores hayan sido todos acusados, incluyendo su Abogado General, John Mitchell, quien tuvo que ir a la cárcel.

Pero los crímenes de Nixon son un juego de niños comparados con las 4 investigaciones y 4 mil demandas civiles abiertas contra Donald Trump, sus dos quiebras financieras o las 26 acusaciones de conducta sexual indebida o abusiva presentadas por sendas mujeres.

“Dos de estas investigaciones están siendo dirigidas por poderosos oficiales de la Ley a nivel estatal y urbano en New York: Cyrus Vance J, el fiscal del Distrito de Manhattan, y Letitia James, Fiscal General de New York, y están persiguiendo cargos potencialmente criminales relativos a prácticas de negocios de Donald Trump antes de que éste fuera presidente.

Ya que sus investigaciones están por fuera del ámbito federal, cualquier sentencia condenatoria que resulte de estas investigaciones está más allá de la posibilidad de obtener un perdón presidencial. Las cifras que tendría que pagar, además, por el costo de los procesos abiertos en su contra, en caso de perderlos, son astronómicas; tanto como para dejar a su familia arruinada.

¿SE REPETIRÁ LA HISTORIA?

Mejor dicho, las elecciones presidenciales de hoy en los Estados Unidos, son un espectáculo para tomar asiento en primera fila.

Porque en realidad nos atañen o afectan a todos los seres que habitamos en este castigado planeta.

Fueron muchos quienes quedaron estupefactos cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en 2015 (me confieso perteneciente a este grupo). Algunos aseguran que fue una sorpresa incluso para el mismo Trump.

Hoy, después de ver cómo la presidencia de los Estados Unidos se convirtió durante los cuatro últimos años en una máquina de decir mentiras —cientos de mentiras o frases mendaces por semana—, luego de haber sido testigos de cómo Trump rompió todas sus promesas, disminuyendo los impuestos para los más ricos y podando todo lo posible el sistema educativo y de salud para las clases menos privilegiadas, tras comprobar que ha sido el causante indirecto de centenares de miles de muertos por su absurdo manejo de la crisis del coronavirus, después de que hemos sido testigos de la cruel manera en que ha roto miles de familias que se atrevieron a ir a pedir refugio legal en los Estados Unidos mediante la aplicación de una de las políticas migratorias más brutales que haya visto el mundo entero, ¿nos hallamos a las puertas de una nueva sorpresa?

¿Otros cuatro años de Trump?

Esta noche lo sabremos.

La pregunta ya no es tanto si los Estados Unidos de América podrá soportarlo sino si el mundo entero podrá superarlo.

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