15 de julio de 2026

Argentina escribió otra página para la eternidad: de la angustia al delirio, la Albiceleste está en otra final del mundo

Crónica | Anuar Saad 🔴 Hora en Punto

Un mundial de fútbol recoge grandes historias. Y solo en un mundial de fútbol hay partidos que se juegan durante noventa minutos. Y hay otros que se juegan durante cuarenta años.

Argentina e Inglaterra volvieron a encontrarse frente a frente en un Mundial y, como tantas veces, el fútbol decidió escribir un capítulo que difícilmente olvidará la historia. Esta vez no hubo Mano de Dios ni Gol del Siglo. Hubo algo igualmente poderoso: una remontada nacida del carácter, de la fe y de esa obstinación tan argentina de negarse a aceptar la derrota.

Porque cuando Anthony Gordon silenció a la multitud con el 1-0 inglés en el segundo tiempo, parecía que el sueño del bicampeonato empezaba a resquebrajarse. Inglaterra, disciplinada y ordenada, había encontrado el gol que tanto buscó en un partido áspero, lleno de interrupciones y de pierna fuerte. 

Pero si algo ha demostrado esta generación dirigida por Lionel Scaloni es que no entiende de rendiciones. Mientras el reloj avanzaba sin misericordia, Lionel Messi comenzó a hacer lo que hacen los elegidos: asumir el peso de la historia. Ya no corre como hace diez años; ahora piensa dos segundos antes que los demás. Cada pelota que tocaba llevaba implícita una amenaza.

Dos veces los verticales y otras tantas unas notables acciones del portero Jordan Pickford salvaron a Inglaterra de un castigo mayor. El equipo de Tuchel concentró su estrategia en la defensa del resultado apenas se vio en ventaja, apostando por contragolpes que nunca llegaron. Argentina, en tanto, dominó y buscó incesamente romper el muro instalado por los defensores ingleses. El premio llegó de forma fulminante y hundió a los Tres Leones en apenas 7 minutos.

Entonces apareció Enzo Fernández.

Minuto 86. Un derechazo desde fuera del área rompió el muro inglés y también la resistencia emocional de un estadio que explotó de celeste y blanco. El empate no solo cambiaba el marcador; cambiaba el estado de ánimo de los dos equipos. Inglaterra sintió el golpe. Argentina olió la sangre deportiva. 

Y cuando todos preparaban el alargue, llegó el instante reservado para los campeones. Otra asistencia de Messi, otro pase cargado de inteligencia, y Lautaro Martínez apareció en el corazón del área para conectar un cabezazo que hizo estallar las redes… y un país entero.

Era el 2-1 que entregaba el pasaporte a la final..

En el banco argentino nadie pudo contener las lágrimas. Scaloni levantó los brazos al cielo. Messi fue sepultado por sus compañeros en un abrazo colectivo mientras Lautaro corría sin rumbo, perseguido por toda la banca. En las tribunas del Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, miles de camisetas albicelestes convirtieron el estadio en una extensión de Buenos Aires. 

Y mientras el árbitro señalaba el final, la celebración cruzó inmediatamente el continente.

Carlos Alberto Grande, un docente argentino que lleva más de 30 años residenciado en Barranquilla, vivió la angustia y la alegria minuto a minuto que le deparo este partido ante Inglaterra.

«Realmente estoy muy emocionado. Siento que tenemos una selección que nos representa, que da hasta la última gota de sudor que no se arruga nunca, que va al frente siempre», relató con voz entrecortada por la emoción.

«Somos merecedores de jugar la final , la luchamos, aguantamos las críticas del mundo pero ganamos hoy con honor sobre todo ante Inglaterra que fue un país que nos hizo mucho daño emocional», relató el docente con la emoción propia de quien sabe que está a un lado de ser nuevamente campeón del mundo.

Grande afirma que hoy ganó el futbol, ganó la manera como debe jugarse, ganó la forma en como debe manejarse un mundial. «Todos los jugadores y el staff del cuerpo técnico a festejar con Diego en el cielo. Vamos la selección argentina, vamos todos juntos».

Finalizó diciendo que el partido del domingo será, como todos, muy difícil,» pero como decimos nosotros 1a 1, paso a paso, hay que jugar y punto».

Mientras tanto, El Obelisco volvió a convertirse en el epicentro de la felicidad nacional. Las avenidas de Buenos Aires se inundaron de banderas, bombos, camisetas y lágrimas. Rosario, Córdoba, Mendoza, Tucumán y Mar del Plata se unieron en un mismo grito. Miles de personas salieron espontáneamente a las calles para cantar el ya clásico «Muchachos», convencidas de que la historia aún les debe una página más.

Porque Argentina no solo ganó un partido. Derrotó otra vez a Inglaterra en el escenario donde más duele perder: un Mundial. Lo hizo remontando, sufriendo y recordándole al planeta que las finales no siempre las alcanzan los equipos que juegan mejor, sino aquellos que saben resistir cuando el viento sopla en contra.

Ahora espera España.

Una selección brillante, sólida y quizá la mejor del campeonato. Pero enfrente tendrá a un equipo que parece haber hecho un pacto con la épica.

El bicampeonato ya no es un sueño lejano. Está a un solo partido de distancia.

Y mientras la noche cae sobre Atlanta, en algún rincón de Argentina todavía resuena un eco que atraviesa generaciones. No importa cuántos años pasen.

Cuando la Albiceleste juega una semifinal del mundo… siempre encuentra la manera de volver a hacer historia. 

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