10 de mayo de 2021

Hora en Punto

No es la noticia: es la forma de contarla

“Anuar en su Punto”, un sueño de 40 años que hoy vive en la web

La primera vez que lo vi en la cocina, recuerdo que fue un domingo. Él era grande y fuerte. Yo, un niño de trece años, que me deleitaba con sus platos árabes.

Esa semana él estaba en casa porque había regresado de esas intensas correrías propias de su trabajo que lo alejaban del hogar. Su gigantesco cuerpo de luchador estaba inclinado sobre una mesa sobre la que una vieja vasija recibía todo lo que había picado con destreza increíble.

Ahí iban a parar pedazos de apio, cebolla roja, cebolla larga, pimientos, tomates maduros, revueltos con arroz y una carne picada que mantenía unos “gorditos” que se veían provocativos.

Se quedó mirando la palangana, le echó medio frasco de aceite de oliva, pimienta, sal y ajo, y agarró un puñado de la mezcla cruda y, sin darme cuenta en el momento que lo hizo, metió en mi boca un puñado de esa mezcla… ¡cruda! Me sorprendí: de manera increíble me percaté de que sabía bien, muy bien.

-Ajá- me dijo -¿Qué le falta?- me preguntó con esa voz gruesa y potente que hacía estremecer las ventanas.

¿Será que pruebo otra vez a ver? – dije de excusa para devorarme otro bocado, así, crudo, del relleno que estaba hecho para terminar dentro de las berenjenas.

Años después, él, mi viejo, alcahueta, me preparaba un  asado de cordero que diestramente ensartaba en chuzos y lo servía acompañado de tahini de garbanzo o babaganush y tabbuleh para comer a mano limpia con pan árabe.

Tahini de garbanzo

Ensalada de Tabbule

 Poco a poco mi curiosidad creció y ya era usual que ambos compartiéramos la cocina ante la mirada inquieta de mi madre que se desesperaba por la cantidad de trastos que quedaban en la platera, tirados ahí, sin lavar.

La raza árabe que está cien por ciento dentro de mí (padre y madre libaneses) me hizo un excelente anfitrión. Siempre gocé atender a mis amigos en casa, y dedicarme a elaborar las recetas de la cocina colombiana y, claro, la de la gastronomía árabe. Era creativo. Inventaba. Combinaba sabores y texturas y me obsesionaba con que los platos quedaran impecablemente presentados.

Combiné el periodismo con los negocios de cocina, y fue un desastre: no era cocinar: había que manejar personal, administrar, no gastar demasiado, y, regla de oro ¡jamás fiarle a los amigos! Aprendí la lección y supe que, al parecer, lo mío no serían los negocios de cocina sino el periodismo y la literatura: la cocina, para mi casa o la de mis amigos donde seguía preparando mis platos.

Hace unos meses, unos amigos me pidieron un paso a paso de cómo preparar las hojas de parra y se me ocurrió grabar un video para que ellos pudieran hacerlas con todo el lujo de detalles.

Hojas de parra rrellenas

A los dos días, el amigo de infancia, me dijo medio en broma y medio en serio, que ese video lo había subido a la web y que había tenido más interacción en sus redes, que todos sus estados juntos.

Fue entonces ahí cuando me pregunté: ¿Y por qué no?

Casualmente, el profesor Leslie Smith, quien tiene unos magníficos encuentros culturales a través de la red, me invitó a su programa con una condición: que hablara algo de periodismo y literatura…pero mucho de cocina. Es más: el reto era que debía presentar, en video, tres recetas hechas por mí.

Nunca había recibido tantas llamadas como esa noche cuando terminó el programa.

-Comparte los videos- me dijeron, Y fue así, como esos tres primeros y tal vez algo rústicos videos, terminaron siendo los primeros en este viaje maravilloso que bauticé como “Anuar en su Punto”.

A dos meses de esta experiencia en mi canal de YouTube clic aquí para que ingreses a mi canal Anuar en su Punto y te suscribas más de 30 mil visitas al sitio web y más de 100 mil visitas a mi página de Facebook Anuar en su Punto clic aquí para que entres a mi página de Facebook y me sigas me hacen creer que la experiencia ha valido la pena.

Responder las preguntas de seguidores que me ven desde Canadá, Estados Unidos, Bolivia, Perú, Argentina, España, entre otros, y por su puesto Colombia, me alegran el alma.

Cada vez que estoy ahí, frente a la cámara de mi hija, listo frente al escenario que mi esposa ha dispuesto para mí con esmero, recuerdo mis orígenes árabes. Mi amor intacto por el Líbano y me deleito con los olores, las texturas, los colores y el sabor de lo que para mí, es una de las mejores comidas del mundo.

Te invito a que te atrevas a ser tú el chef, y disfrutes de todas las recetas que te tengo preparadas. Nunca antes, los sabores del medio oriente, habían estado tan cerca.

Compartir
Compartir