27 de septiembre de 2021

Hora en Punto

No es la noticia: es la forma de contarla

Álex Char, ¿candidato a la Presidencia de Colombia?

POR JOHN ACOSTA RODRÍGUEZ, Especial para Hora en Punto.

Hay una realidad política que nadie puede desconocer: el desempeño de Álex Char, dos veces al frente de la Alcaldía de Barranquilla lo ha catapultado a nivel nacional.

He tenido algunos desencuentros con la familia Char, que bien podrían llevarme a una animadversión mutua con esa casa política: dos de ellos han quedado asentados en este blog, pero aún no he dejado registro público del principal problema que nos enfrentó duramente, relacionado, precisamente, con el protagonista principal de este texto, Alejandro (Álex) Char; ninguno ha sido por motivos políticos; es decir, tendría razones suficientes para rechazar de plano una eventual candidatura a la Presidencia de la República de este ex constructor de viviendas. Jamás me he visto favorecido con un contrato relacionado con esta importante casta, ni de sus empresas privadas, ni de sus influencias políticas con el estado colombiano, en ninguna de sus formas, ni local, ni regional, ni nacionalmente. Hago esta aclaración inicial para decir que esto que escribo ahora, lo hago con la libertad absoluta que me da mi conciencia limpia; con la misma entereza con que los he enfrentado cuando me ha tocado (y he salido victorioso siempre, debo decir también), lo hago en este momento.

Hay una realidad política que nadie puede desconocer: el desempeño de Álex Char al frente de la Alcaldía de Barranquilla (en las dos veces que la ha ocupado) lo ha catapultado a nivel nacional. El colombiano del interior del país no ha podido explicarse todavía cómo puede un funcionario público, elegido popularmente en una región del país que ha sido señalada nacionalmente como abanderada de la corrupción política, sobrepasar en aprobación, durante todos los años consecutivos que ha ocupado el máximo cargo de su ciudad, al resto de los más de mil pares que ha tenido en Colombia.  No solo eso: la gente le ha elegido (y reelegido) alcalde y gobernador al candidato que él ha señalado; y, como si fuera poco, también esa persona (recomendada por él) sobrepasa en aprobación al resto de sus pares en todo el país. Por más que se odie a la familia Char, esta realidad apabullante no se debe ignorar.

Alex Char, ex-Alcalde de Barranquilla

Ocupé el cargo de redactor político en el principal diario de la ciudad, El Heraldo, en una convulsionada época de transición política entre alcaldes y gobernadores nombrados a dedo por el presidente da la República a alcaldes y gobernadores elegidos por el voto popular. Tenía yo, entonces, una enorme ventaja para tratar de lograr el equilibrio informativo que merecía el momento: no conocía a nadie en la ciudad porque no era de Barranquilla ni del Atlántico, ni había estudiado mi carrera en la única facultad de comunicación social y periodismo que había en la costa norte del país en esa época, en la hoy amada Universidad Autónoma del Caribe. En ese 1991, se dividió la ciudad y el departamento en dos grandes grupos políticos; el de la política tradicional, compuesto por el oficialismo de los dos partidos políticos, el Liberal y el Conservador; y el de la política alternativa, integrado por disidencias de los dos partidos tradicionales y por un nuevo movimiento político, la AD-M-19, cuyos integrantes, en su mayoría, eran guerrilleros recién desmovilizados. En esas correrías, supe de un hombre, que me cayó bien por una frase de su discurso de vinculación a la política, que decía, más o menos, así: “Me vi obligado a dejar la tranquilidad como empresario para ver cómo aporto al rescate de la moral en la política”.

Se trataba de Fuad Char, accionista mayoritario de los supermercados Olímpica y padre de
Álex Char. Él, obviamente, hizo parte del movimiento de los disidentes; su candidato a la Gobernación de entonces era Gustavo Bell Lemus, quien, finalmente, salió triunfante. Pienso que ahí inició la racha ganadora de esa nueva casa política. Yo no esperé a las elecciones regionales porque no soporté la presión a mi independencia en el periódico y renuncié.

A Barranquilla la habían convertido los políticos corruptos, hasta entonces, en un mal vividero. Y ese grupo disidente logró sacar alcalde al cura Bernardo Hoyos, quien hizo una buena primera alcaldía, logrando renacer la esperanza en una ciudad próspera, pero ese esfuerzo inicial fue borrado, de tajo, por los siguientes alcaldes (algunos puestos por el mismo cura Hoyos) y rematado, después, por el mismo cura en su segunda alcaldía: la desesperanza y el caos volvieron a traumatizar a los habitantes de Barranquilla. Hasta que en 2008 se posesiona como alcalde, elegido popularmente, Álex Char, que había vencido a Máximo Noriega y a Édgar Perea.

Que la ciudad ha cambiado positivamente, desde entonces, no se puede negar. Y eso, no solo lo demuestran las encuestas de que hablábamos en el segundo párrafo, sino también las urnas en las elecciones locales y departamentales.

Obviamente, semejante catapultada política de un costeño mortifica a la oligarquía santafereña de todos los matices políticos. E, indudablemente, las reacciones adversas no se hacen esperar.  El bombazo más recordado fue el burdo montaje que hicieron, con coordinación internacional a bordo, con la exsenadora Aída Merlano, supone uno que ahora refugiada en Venezuela por agradecimientos de Nicolás Maduro, presidente de esa nación. Otra afrenta recurrente que le hacen al exitoso ex alcalde de Barranquilla es por el dinero que le produce a su familia la cadena de supermercados Olímpica, como si generar empleo en el país fuera un lastre para el empresariado; además, se debe resaltar que Olímpica es de las poquísimas cadenas que se han mantenido con capital ciento por ciento colombiano.

Es posible que un sea un costeño a quien necesite el país para que reorganice y regenere al estado, tal y como lo hizo el cartagenero Rafael Núñez, a partir de 1880. Lo cierto es que es hora de que los dirigentes costeños dejen de adular, como si fueran dioses, a sus pares interioranos y empiecen a mirar las promesas de su propia región.

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