5 de noviembre de 2026

Petro, las mariposas amarillas, un video y el amor con cargo al presupuesto nacional

Por Anuar Saad |Opini贸n 馃敶

.Hay videos que, aunque duran solamente 54 segundos, tienen la capacidad de poner a temblar cuatro a帽os de discursos pol铆ticos. Y el que acaba de publicar Deicy Jim茅nez, en el que aparece bes谩ndose con Gustavo Petro, es uno de ellos. Y ese v铆deo tal vez no ser谩 precisamente recordado por su calidad cinematogr谩fica, ni ejemplo de como se encuadra un clip audiovisual, pero s铆 podr铆a terminar convertido en uno de los documentos audiovisuales m谩s inc贸modos para el expresidente

Y es que Colombia, que ya hab铆a visto de todo en materia de esc谩ndalos pol铆ticos, acaba de encontrarse con una versi贸n bastante particular del amor revolucionario: uno en el que, seg煤n las denuncias que ahora investiga la justicia, la pasi贸n habr铆a podido tener relaci贸n con las 贸rdenes de prestaci贸n de servicios.

La historia tiene ingredientes para una tragicomedia nacional. Una joven contratista denuncia que mantuvo una relaci贸n 铆ntima con el entonces presidente y que, supuestamente, recibi贸 contratos estatales como contraprestaci贸n. Primero aparecieron sus declaraciones. Despu茅s se conocieron los registros de contrataci贸n p煤blica. Y ahora llega el video en el que ambos se besan.

Digamos que el expediente acaba de ganar una escena que ning煤n director de telenovelas se habr铆a atrevido a escribir.

Por supuesto, conviene poner las cosas en su sitio: el video acredita, si se confirma su autenticidad y contexto, un encuentro 铆ntimo entre los dos, y aunque eso por s铆 solo no es un delito, si es la comprobaci贸n de que los testimonios de Deicy son ciertos: los contratos existieron y, con el v铆deo, se demuestra que la relaci贸n tambi茅n existi贸.

.As铆 que tampoco este hecho de puede despachar como un simple montaje de enemigos pol铆ticos, porque los contratos de Deicy Jim茅nez s铆 aparecen en los registros oficiales y abre la puerta para que la investigaci贸n determine si evidentemente Petro pagaba sus polvos con la plata del Estado.

Seg煤n lo publicado por los medios, la mujer figura con diez contratos: siete relacionados con el Senado, dos con el Ministerio del Interior y uno con la Superintendencia de Vigilancia. Ella sostiene que Petro habr铆a intervenido para facilitar esas vinculaciones. La pregunta que ahora debe responder la justicia es si existi贸 alguna conexi贸n entre su relaci贸n personal y las decisiones de contrataci贸n.

Petro, por su parte, ha negado categ贸ricamente haber utilizado recursos p煤blicos para obtener favores sexuales. Y despu茅s de divulgarse el video volvi贸 a la carga: sostiene que no hay all铆 un contrato, un pago ni una decisi贸n de Gobierno. Tiene raz贸n en un punto: un beso no es una orden de prestaci贸n de servicios. Pero tampoco es una explicaci贸n sobre c贸mo se consiguieron diez contratos p煤blicos.

El expresidente ha dicho que responder谩 ante los jueces y no en los titulares. Una posici贸n razonable, aunque ser铆a todav铆a m谩s convincente si viniera acompa帽ada de respuestas claras sobre los antecedentes de contrataci贸n y las personas que intervinieron en ellos.

El amor tambi茅n tendr铆a su manual de contrataci贸n

Lo verdaderamente explosivo de este episodio no es que un presidente, expresidente o dirigente pol铆tico tenga una relaci贸n sentimental o 铆ntima con una mujer. Eso pertenece a su vida privada, mientras no involucre conductas ilegales. Lo que convierte este asunto en un esc谩ndalo de dimensiones nacionales es la sospecha de que el poder del Estado pudiera haberse utilizado para satisfacer intereses particulares.

Porque una cosa es enamorarse, otra muy distinta es conseguir empleo para la persona amada y otra, infinitamente m谩s grave, es que los colombianos terminen pagando la cuenta de una relaci贸n privada.

Si las denuncias llegan a probarse, estar铆amos frente a una degradaci贸n del servicio p煤blico que no tiene nada de rom谩ntica. Ser铆a la utilizaci贸n del presupuesto nacional como una especie de tarjeta de cr茅dito sentimental, con la diferencia de que la factura no la pagar铆a quien disfruta del encuentro, sino el contribuyente que madruga a trabajar y paga sus impuestos.

Y aqu铆 aparece una pregunta que no es precisamente de alcoba, sino de administraci贸n p煤blica: 驴cu谩ntos contratos se celebraron por necesidades reales de las entidades y cu谩ntos, si los se帽alamientos resultan ciertos, obedecieron a recomendaciones personales ajenas al m茅rito y al servicio p煤blico?

Porque el Estado no puede convertirse en una agencia de colocaci贸n para amistades, afectos, compromisos personales ni c铆rculos de cercan铆a presidencial.

Las mariposas amarillas empiezan a revolotear

Pero el caso de Deicy Jim茅nez podr铆a ser apenas la primera p谩gina de una historia mucho m谩s amplia.

Desde hace tiempo se viene hablando de las llamadas 芦Mariposas Amarillas禄, una denominaci贸n que ha circulado en el debate p煤blico para referirse a mujeres que habr铆an tenido cercan铆a personal con Petro y que, seg煤n distintas versiones, habr铆an terminado vinculadas a dependencias del Gobierno.

El asunto merece una investigaci贸n seria, no una cacer铆a de mujeres ni un concurso de belleza o de hojas de vida. Tener una relaci贸n sentimental, trabajar como modelo, haber sido webcam o no contar con t铆tulos universitarios no convierte a nadie en delincuente ni le quita el derecho a ocupar un cargo p煤blico. Lo que s铆 debe examinarse es si cada vinculaci贸n tuvo justificaci贸n, si exist铆an las competencias requeridas, qui茅n recomend贸 a las personas, qui茅n firm贸 los contratos y qu茅 servicios prestaron efectivamente.

La discusi贸n, por tanto, no es sobre la apariencia f铆sica, el pasado laboral o la vida 铆ntima de las contratistas. Es sobre la posible utilizaci贸n del poder presidencial para favorecer a determinadas personas.

Y si las denuncias sobre una supuesta red de mujeres vinculadas mediante contratos p煤blicos terminan encontrando respaldo probatorio, el pa铆s podr铆a descubrir que detr谩s de algunas oficinas oficiales hab铆a una trama bastante menos institucional de lo que se nos hab铆a contado.

La denuncia de Jim茅nez habla de entre 30 y 40 mujeres. Por otra parte, Carlos R铆os, actual director del Dapre, hab铆a mencionado 48 mujeres que, seg煤n su versi贸n, habr铆an sido instrumentalizadas mediante 贸rdenes de prestaci贸n de servicios. Son se帽alamientos que todav铆a deben ser contrastados. Pero la coincidencia de las denuncias obliga a revisar los archivos, no a cerrar los ojos.

La revoluci贸n tambi茅n tiene sus contradicciones

Y aqu铆 es donde el episodio adquiere una dimensi贸n pol铆tica particularmente ir贸nica.

Petro lleg贸 al poder present谩ndose como el abanderado de la 茅tica p煤blica, la defensa de las mujeres, la lucha contra el machismo y la transformaci贸n de las viejas pr谩cticas de la pol铆tica colombiana. Su discurso estaba lleno de reivindicaciones sociales y promesas de cambio.

Por eso, las denuncias actuales resultan especialmente inc贸modas. No se trata solamente de un eventual problema judicial. Se trata de la distancia que podr铆a existir entre el discurso y la conducta de quien se present贸 como alternativa moral frente a los gobiernos tradicionales.

El hombre que tantas veces habl贸 de las 茅lites, de la corrupci贸n y de la utilizaci贸n del Estado para beneficio de unos pocos, ahora debe explicar por qu茅 una de sus antiguas conocidas aparece con contratos en varias dependencias p煤blicas y asegura que 茅l habr铆a intervenido para conseguirlos.

La iron铆a es dif铆cil de ignorar: el Gobierno que prometi贸 acabar con el clientelismo podr铆a terminar obligado a explicar si invent贸 una versi贸n sentimental de esa misma pr谩ctica.

Y las reacciones comienzan a mostrar que el asunto puede convertirse en un dolor de cabeza incluso dentro de sus propias filas. Hay voces cercanas al petrismo que distinguen entre una relaci贸n 铆ntima y una conducta corrupta, mientras otros sectores prefieren guardar prudente distancia. La defensa del expresidente insiste en que el video no demuestra ninguna irregularidad y que las acusaciones deben probarse judicialmente.

En la oposici贸n, naturalmente, el episodio ha encontrado combustible para una ofensiva pol铆tica que apenas comienza.

La 煤ltima palabra no la tiene Instagram

Petro ha dicho que todo forma parte de una operaci贸n pol铆tica en su contra. Puede tener adversarios interesados en aprovechar el esc谩ndalo. Tambi茅n puede haber sectores dispuestos a convertir cualquier episodio de su vida privada en munici贸n pol铆tica. Pero una cosa no elimina la otra: que existan adversarios pol铆ticos no significa que las denuncias sean falsas.

Y tampoco se puede permitir que la discusi贸n termine convertida en un espect谩culo de videos 铆ntimos, fotograf铆as, insultos y descalificaciones contra las mujeres involucradas. Si Deicy Jim茅nez tiene pruebas, debe entregarlas y contar con garant铆as para hacerlo. Si Petro tiene c贸mo desvirtuar las acusaciones, debe hacerlo ante las autoridades. Y si hubo funcionarios que utilizaron sus cargos para facilitar contrataciones irregulares, tambi茅n tendr谩n que responder.

La Fiscal铆a y la Procuradur铆a tienen ahora una tarea que va mucho m谩s all谩 de establecer qui茅n bes贸 a qui茅n. Deben determinar si hubo tr谩fico de influencias, utilizaci贸n indebida de la funci贸n p煤blica, favorecimientos contractuales o cualquier otra conducta irregular.

Porque, al final, lo que est谩 en juego no es la vida amorosa de Gustavo Petro. Es la confianza de los colombianos en sus instituciones.

Mientras tanto, las mariposas amarillas siguen revoloteando sobre el antiguo palacio presidencial y el pa铆s espera saber cu谩ntas de ellas eran simples visitantes, cu谩ntas ten铆an credenciales para entrar y, sobre todo, cu谩ntas terminaron apareciendo en las n贸minas o en los contratos del Estado.

Eso s铆: si alguna vez se escribe el manual de contrataci贸n del romance presidencial, habr谩 que incluir una advertencia en la primera p谩gina: los besos son privados, pero los contratos los pagamos todos.

Y en Colombia, donde hasta el amor parece necesitar una OPS, lo m铆nimo que merece el ciudadano es que le expliquen qui茅n autoriz贸 el gasto

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