Con una inversión de $6.200 millones, Olímpica renovó uno de los almacenes más tradicionales de la ciudad. El establecimiento, que acompaña a los barranquilleros desde 1991, estrena espacios, tecnología y una oferta más amplia, pero conserva la esencia que lo convirtió en un punto de referencia para varias generaciones.
Hay lugares que terminan siendo mucho más que un lugar. Entran en la memoria de una ciudad, se vuelven parte de las rutinas familiares y, con el paso de los años, terminan asociados a recuerdos que nada tienen que ver con una simple compra.
Eso ocurre con el Superalmacén Olímpica de la 93.
Desde 1991, este establecimiento ha acompañado a generaciones de barranquilleros. Tres décadas y media después, el popular SAO acaba de pasar por una transformación que cambia buena parte de su fisonomía, pero que busca conservar aquello que lo convirtió en uno de los almacenes más reconocibles de la ciudad: la cercanía con sus clientes.
La renovación, socializada este martes en Barranquilla, representó una inversión de $6.200 millones y se realizó sin suspender la operación del establecimiento. Es decir, mientras los clientes seguían haciendo sus compras, la tienda fue sometida a un proceso de modernización de infraestructura, reorganización de espacios y actualización tecnológica.
El resultado es un almacén que quiere parecerse más al consumidor de hoy.
La transformación incorporó nuevos espacios comerciales y una propuesta que amplía considerablemente las posibilidades de compra. Aparecieron nuevos mundos especializados como Licores, bajo un concepto tipo cava; Fit, Café, Mascotas y el nuevo Mundo Jardín, además de espacios de concesión que complementan la oferta tradicional.
La apuesta también pasa por hacer más cómodo el recorrido.
Los espacios fueron reorganizados para facilitar la circulación de los compradores, mientras que algunas de las áreas tradicionales recibieron una actualización. Olímpica fortaleció la sección de perecederos, optimizó Fruver y modernizó las áreas de Electro y Textil.
Pero quizá uno de los cambios que más rápidamente percibirá el consumidor estará en el momento de pagar.
El nuevo SAO de la 93 incorpora Fila Única y Self Check Out, herramientas que buscan reducir los tiempos de espera y entregar al cliente mayor autonomía durante el proceso de compra. A eso se suman la actualización de las fachadas, un nuevo concepto visual interior y la modernización del sistema de refrigeración.
Es, en otras palabras, el mismo SAO que muchos barranquilleros conocen, pero pensado para una manera diferente de comprar.
Una apuesta que va más allá de la 93
La renovación de este almacén no es un hecho aislado. Forma parte de un ambicioso programa de inversión de Olímpica que durante 2026 supera los US$42 millones, recursos destinados a la modernización y ampliación de 25 unidades de venta, la apertura de 12 nuevos almacenes y proyectos de transformación tecnológica.
Así lo había anunciado en julio el presidente de Olímpica, José Manuel Carbonell, quien explicó a Bloomberg Línea que de ese monto US$24 millones serían destinados a la renovación, modernización y ampliación de tiendas y a nuevas aperturas, mientras otros US$18 millones irían a tecnología. Barranquilla aparece entre las ciudades priorizadas dentro de esta estrategia.
La dimensión de la apuesta ayuda a entender lo que está ocurriendo en el SAO de la 93. No se trata solamente de pintar paredes, cambiar góndolas o modernizar una fachada. La compañía está intentando adaptar su red de establecimientos a las nuevas exigencias del comercio minorista.

La estrategia incluye tecnología, nuevos formatos, ampliación del surtido y espacios especializados.
Medios como Semana también han reportado que Olímpica proyecta para este año inversiones por US$42 millones, en un momento en que la compañía busca fortalecer su posición frente a la creciente competencia del retail colombiano. El medio señaló además que la cadena cerró 2025 con ingresos de $6,9 billones y una utilidad neta de $80.590 millones, con un crecimiento de 26,6 %.
La propia compañía reportó que en 2025 alcanzó ingresos operacionales de $6,9 billones, cerró el año con más de 400 establecimientos y profundizó su apuesta por las cajas de autopago, la modernización de sistemas POS y la eficiencia de su cadena de suministro.
La nostalgia también hace parte del nuevo almacén
Pero detrás de los millones invertidos y de las nuevas tecnologías hay otro elemento que resulta difícil medir en una hoja financiera: el vínculo emocional.

El SAO de la 93 lleva 35 años acompañando a los barranquilleros. La propia Olímpica destaca que el establecimiento se convirtió con el tiempo en parte de la cotidianidad de las familias de la ciudad. La renovación, por eso, no pretende borrar su historia sino actualizarla.

“El Superalmacén Olímpica 93 es un punto de referencia para muchas familias barranquilleras”, dijo Carbonell durante la presentación de la renovación. Según el presidente de la compañía, la inversión busca ofrecer espacios más modernos, una propuesta comercial más amplia y una experiencia de compra adaptada a las nuevas necesidades de los consumidores.

Es una fórmula que resume buena parte del desafío que enfrenta hoy el comercio: modernizarse sin dejar de ser reconocible.
Porque para quien llega por primera vez, el nuevo SAO de la 93 puede ser un almacén renovado, con autopagos, nuevos espacios y categorías especializadas. Pero para muchos barranquilleros que llevan años entrando por sus puertas, sigue siendo aquel lugar donde durante décadas hicieron el mercado de la casa.
Ahora tiene más tecnología, más espacios y una oferta más diversa.
Pero sigue siendo el SAO de la 93.
Y esa probablemente sea la parte más importante de su renovación.
Una transformación de $6.200 millones que, más que reemplazar un almacén conocido por otro nuevo, busca que uno de los lugares comerciales más familiares de Barranquilla pueda seguir contando su historia durante muchos años más.
La información sobre el plan nacional de inversiones también ha sido recogida por medios especializados, que estiman que la inversión total de Olímpica en 2026 equivale a unos $135.000 millones, con recursos para modernización, expansión y tecnología
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