12 de junio de 2024

Una «Ley Verano» robusta, operativa, equivale a una descentralización con «dientes»

Por Alvaro Lastra Jiménez*

La segunda Gobernación de Verano generó en los gobernadores del país una importante sensibilidad por el ordenamiento territorial que ahora tratan de canalizar a través de la idea del federalismo. Sin embargo, esto es desconocer la historia y la realidad de Colombia. Nadie, en este país, de ninguna tendencia política o ideológica, quiere oir hablar seriamente del tema territorial, y si lo hacen es por el desespero que les causa el centralismo, sin un fundamento conceptual responsable. Y ¿por qué nadie quiere oir sobre el tema en Colombia? Porque el concepto de «Imperio de la Ley», del constitucionalismo liberal del siglo XVII, sigue existiendo solo en el papel. Aquí se sigue negociando la ley con toda clase de «gestores de paz» bajo el pretexto de lograr una paz que nunca alcanzan.

Para que un Estado le entregue todo su poder a las regiones y provincias se tiene que tener mucha confianza a sí mismo, como garantía de que no se desordene el territorio. Solo un «Imperio de la Ley» de verdad, donde la ley no se negocie y garantice la estabilidad del territorio, permite el federalismo o la autonomía de las regiones (EEUU nunca negoció con la OLP y España nunca negoció con ETA).

Mientras Colombia le siga jalando a procesos de paz (que ojalá fueran exitos, pero no) hablar de federalismo o de autonomía territorial, al estilo español, es meterse en un laberinto que, de antemano sabemos, infructuoso.

Por esto es pertinente la fórmula gradualista, el paso a paso, el construir sobre lo construído, como la estrategia más sensata y prudente. No sea que nos quedemos sin lo uno y sin lo otro. La torpeza de la ex Ministra Carolina Corcho de no aceptar la realidad en su propuesta a la salud, ha sofocado las petroreformas. Ese radicalismo que niega la evidencia, por su obsesión ideológica, ha impedido los consensos, y nosotros, con el federalismo, no podemos caer en lo mismo.

Sé que el liberalismo colombiano tiene un sentimiento histórico especial por el federalismo pero es la hora de la racionalidad, y de apostarle a una fórmula viable y que va en la dirección correcta: fortalecer la «Ley Verano», agregarle, a través de un pacto político, muchos elementos que le fueron arrancados. Una «Ley Verano» fuerte, robusta, operativa, con «dientes», permitirá avanzar -por el camino de la actual Constitución- hacia una descentralización administrativa que nos transporte en el futuro a una de carácter legislativo, ya sea bajo la modalidad federal o ya sea bajo la modalidad autonómica.

Ahora -parece oportuno- lo que corresponde es hablar todos el mismo lenguaje como propuesta política, para no confundir a la opinión pública: hablar de «La Ley Verano», pero puesta en condiciones. Este propósito esencial justifica, por sí solo, una tercera Gobernación de Eduardo Verano, para que ordene la sensibilidades e intereses de los gobernadores del país hacia el blanco perfecto, y él tiene el conocimiento, la experiencia y los «derechos de autor». Un propósito regional que también es nacional.

*Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad del Atlántico. Doctor en Derecho.

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