16 de junio de 2024

Ecoparque Mallorquín: un lienzo verde y azul que enriquece la biodiversidad en Barranquilla

Barranquilla, la única ciudad en Colombia reconocida por su infraestructura verde y azul y exaltada por quinta vez consecutiva como «Ciudad Árbol», sigue gozando de los frutos de la apuesta que emprendió en una carrera por ser una urbe que crece en sintonía y respeto de sus recursos naturales. Es la misma ciudad que emprendió hace mas de 16 años una vital misión para reconciliarse con su esencia fluvia al que por décadas había dado la espalda: el río Magdalena.

Esta ciudad caribeña, ejemplo en el país por su apuesta por la preservación del medio ambiente, abraza su identidad verde y azul especialmente gracias a dos proyectos de alto impacto en el ecosistema puestos en marcha por la Alcaldía de Barranquilla: la recuperación integral de los caños y una nueva fase del Ecoparque Ciénaga de Mallorquín. El primero busca transformar los caños Mercado y Ahuyama en un parque lineal que revitalice el Centro y el suroriente de la ciudad, mejorando la calidad del aire y del agua. Por su parte, la nueva etapa del Ecoparque pretende convertir la ciénaga de Mallorquín en un espacio público de recreación y ecoturismo, preservando el ecosistema de manglar.

Sumado a ello, por la promoción e implementación de las granjas urbanas y la revitalización de sus espacios ribereños, Barranquilla se ha convertido en un faro de sostenibilidad en Colombia. Su apuesta por restaurar la relación con el río Magdalena no solo promueve la conservación ambiental, sino que también revitaliza la conexión cultural y económica con este importante recurso natural. Con cada paso hacia adelante, Barranquilla demuestra que es posible armonizar el crecimiento urbano con el respeto por la naturaleza.

Una muestra de ello es ese tesoro natural que cautiva con su biodiversidad que alimentan cada uno de los sentidos de quienes visitan el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín que en realidad es un santuario ecológico construido sobre lo que alguna vez fue una zona degradada por la contaminación y el abandono y que hoy se muestra como un oasis biodiverso que enriquece el recurso natural.

Visitar Mallorquín es un plan que nadie se puede perder. Dentro de sus senderos, rodeados de mangles y espesa vegetación surcados por el ulular y trinos de las aves con la ciénaga apacible como fondo, se ven gentes de todas partes: barranquilleros, visitantes del interior del país y extranjeros que no ocultan su asombro por semejante lienzo natural que se explaya sobre ellos.

Al adentrarse en el ecoparque, explota ante los ojos una sinfonía de colores y sonidos, donde la flora y la fauna se entrelazan en una danza armoniosa. Las aves migratorias encuentran refugio en sus manglares, mientras que los cangrejos violinistas se desplazan con gracia entre los caños y canales que serpentean por el paisaje escondiéndose entre los miles de agujeros en los que se refugian.

Pero más allá de su belleza natural, el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín es un testimonio del compromiso de Barranquilla con la naturaleza. A través de iniciativas y programas de restauración y educación ambiental la ciudad ha transformado este espacio en un modelo de sostenibilidad y coexistencia entre el ser humano y el medio ambiente.

En un mundo cada vez más urbanizado y desconectado de los recursos naturales, el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín brilla como un faro de esperanza y renovación. Es un recordatorio de que, con determinación y colaboración, podemos restaurar y preservar los tesoros naturales que nos rodean, asegurando un futuro más verde y sostenible para las generaciones venideras.

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