7 de julio de 2026

Del honor a la vergüenza: cómo una derrota mundialista terminó en una crisis diplomática por racismo

Lo que comenzó como una de las campañas más memorables de Paraguay en una Copa del Mundo terminó empañado por un episodio que hoy avergüenza a buena parte del país sudamericano.

Hasta el pitazo final del duelo frente a Francia, Paraguay había conquistado el respeto del planeta. Había eliminado contra todo pronóstico a la poderosa Alemania, había resistido con una defensa heroica cada embestida de los gigantes europeos y había convertido al equipo dirigido por Gustavo Alfaro en el símbolo de la rebeldía futbolística de este Mundial 2026.

Pero bastaron unas horas para que la conversación dejara de girar alrededor del coraje guaraní y pasara a centrarse en el odio.

Tras la derrota 1-0 frente a Francia en los octavos de final, la senadora paraguaya Celeste Amarilla decidió descargar su frustración en la red social X. No cuestionó el planteamiento táctico ni el arbitraje. Escogió otro camino: el del insulto racial.

En una cadena de publicaciones calificó a Kylian Mbappé con expresiones cargadas de racismo, burlándose de su origen africano, de su apariencia y de su condición étnica. Sus palabras cruzaron en cuestión de minutos las fronteras paraguayas y provocaron una ola de indignación internacional.

A través de X, la senadora Celeste Amarilla criticó la actitud del futbolista galo y lanzó comentarios racistas: «Bruto no aprendió ni a escribir, en vez de leche materna chupaba cocos y lo más instruido que escuchó eran chimpancés. Le hubieras mostrado el dedo Orlando Gill. ¡Yo lo hago en el senado y no pasa nada!», escribió en un mensaje.

La senadora paraguaya también calificó al jugador del Real Madrid de «camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés, resentido, rico nuevo, prepotente y feo».

«Estuvo nervioso y muerto de miedo todo el partido, como todo su equipo, no pudieron meter ni un gol, ganaron de ped… Lo único que muchos reclamamos a la Albirroja es no haberle dado una bofetada de mano abierta después que terminó el partido. Y eso que no soy fanática del fútbol», escribió Amarilla

El delantero francés no tardó en responder.

Con un mensaje firme, pero sin recurrir al insulto, Mbappé afirmó que la senadora era «indigna del cargo que ocupa», sostuvo que no representaba al pueblo paraguayo y lamentó que el extraordinario Mundial realizado por la Albirroja quedara eclipsado por un acto de odio.

Su respuesta fue compartida millones de veces y recibió el respaldo de deportistas, dirigentes, periodistas y organizaciones que combaten la discriminación.

Lo que hasta entonces era un escándalo deportivo escaló rápidamente al terreno diplomático.

La Federación Francesa de Fútbol anunció acciones legales por los mensajes racistas, mientras distintas organizaciones exigían sanciones ejemplares. El caso ocupó titulares en Europa, América y África, convirtiéndose en uno de los episodios más comentados del campeonato.

Lejos de apagar el incendio, Celeste Amarilla volvió a avivar las llamas.

Durante la noche del lunes publicó una extensa carta en la que intentó justificar sus publicaciones. En lugar de ofrecer una disculpa clara, defendió sus expresiones, negó haber actuado con racismo y presentó sus palabras como una reacción emocional tras la eliminación paraguaya.

La congresista siguió asegurando que sus publicaciones fueron en un momento en que sus impulsos le ganaron la partida, pero luego borró las publicaciones. Esa acción no hizo mucho efecto en la situación porque ya miles de personas habían leído los mensajes en X.

«Ahora exijo que vos también te retractes conmigo y me pidas disculpas. Yo tampoco voy a tolerar tu violencia; vos no me conocés, no tenés idea de quién soy yo y no tenés ningún derecho a decir que SOY UNA MUJER DESPRECIABLE, INDIGNA DEL CARGO QUE OCUPO» (SIC), añadió la funcionaria.

La carta sigue con Amarilla resaltando su cargo como senadora, que tiene como función «ser la voz del pueblo paraguayo, decir lo que ellos no pueden, defender a mi país hasta con mi vida; eso se espera de mí» y asegurando que Mbappé no tiene «ni idea» de las elecciones que ha tenido que afrontar.

Por último, acusó al jugador francés de violencia de género: «¡Quién sos para tratarme de indigna o despreciable si ni siquiera me conocés! ¡Violencia de género pura y dura! Violencia política contra una mujer que llegó adonde está con el voto popular de su pueblo» (sic).

Y aseguró que Mbappé debería retractarse de sus comentarios en X; de lo contrario, iba a «iniciar acciones legales por violencia de género».

Pero sus explicaciones surtieron el efecto contrario.

Las críticas aumentaron y las redes sociales se llenaron de mensajes señalando que el documento no representaba un arrepentimiento, sino una ratificación de los insultos que ya habían causado indignación mundial.

Fue entonces cuando los presidentes de ambos países decidieron intervenir.

Desde Francia, el presidente Emmanuel Macron expresó públicamente su respaldo a Mbappé, condenó cualquier manifestación racista y recordó que el deporte debe ser un espacio de respeto y convivencia, jamás un escenario para la discriminación.

En Asunción, el presidente paraguayo también tomó distancia de la senadora. En un pronunciamiento institucional reiteró que las expresiones de Amarilla no representan los valores del Estado paraguayo ni el sentir de un pueblo que históricamente ha sabido competir con dignidad. El mandatario lamentó que una actuación futbolística histórica terminara siendo opacada por un comportamiento individual que nada tiene que ver con el espíritu deportivo.

La paradoja resulta inevitable.

Paraguay había llegado a este Mundial dispuesto a escribir una de las páginas más gloriosas de su historia futbolística. Con un equipo disciplinado, humilde y solidario, logró derribar a Alemania y obligó a Francia a sufrir hasta el último minuto para conseguir la clasificación.

Sin embargo, la imagen que hoy ocupa portadas en el mundo ya no es la de Orlando Gill volando de palo a palo, ni la del orden táctico diseñado por Gustavo Alfaro, ni la de miles de paraguayos orgullosos de su selección.

La fotografía que dio la vuelta al planeta es la de una dirigente política utilizando el racismo como desahogo tras una derrota deportiva.

Y esa es una derrota mucho más difícil de remontar que un marcador adverso.

Porque los partidos se pierden en noventa minutos.

El prestigio de un país puede tardar años en recuperarse

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