Esta enfermedad es causada por la bacteria Yersinia pestis y puede transmitirse por inhalación de partículas respiratorias.
La peste es una de las enfermedades más temidas de la historia de la humanidad. Hoy sigue existiendo en focos naturales en distintas partes del mundo y, aunque los casos son poco frecuentes, su forma más peligrosa, la peste neumónica, puede ser mortal en cuestión de horas si no se trata a tiempo.
Esa variante ha tomado relevancia a nivel mundial luego de que en las últimas horas se conocieran informes sobre una posible infección en un laboratorio de Rusia tras la muerte de Daria Chipilova, técnica de laboratorio de 28 años del Instituto de lucha contra la peste de Irkutsk, caso que había generado inquietud después de que un medio informara de que podría haber contraído esa peste tras la rotura de un tubo de ensayo.
Lo cierto es que la peste es una enfermedad infecciosa provocada por la bacteria Yersinia pestis, que vive habitualmente en pequeños mamíferos como ratas, ardillas y marmotas, y en las pulgas que los parasitan. La transmisión al ser humano ocurre de tres formas distintas, que corresponden a las tres variantes clínicas de la enfermedad.
La forma más conocida es la peste bubónica, que se contagia por la picadura de una pulga infectada o por contacto con tejidos de un animal enfermo.
La forma septicémica ocurre cuando la bacteria entra directamente al torrente sanguíneo.
Y la forma neumónica puede transmitirse por vía aérea: basta inhalar partículas respiratorias de una persona infectada para contraerla.
Esa última característica es lo que convierte a la peste neumónica en la variante más preocupante. No necesita un vector intermediario como una pulga: puede pasar directamente de persona a persona en un espacio cerrado, lo que la acerca en ese sentido a enfermedades respiratorias como la gripe o la tuberculosis.
Los síntomas y la velocidad de la enfermedad
La OMS señala que el periodo de incubación de la peste neumónica puede ser de tan solo 24 horas, frente al intervalo habitual de uno a siete días para la peste en general. Los síntomas aparecen de forma brusca: fiebre alta, escalofríos, dolor de cabeza, dolores musculares y debilidad. En la forma neumónica se suman tos, dificultad para respirar y, en casos graves, expectoración con sangre.
Sin tratamiento, puede causar la muerte entre las 18 y las 24 horas posteriores al inicio de los síntomas. Es una de las pocas enfermedades infecciosas con una progresión tan rápida hacia el desenlace fatal.
La bacteria Yersinia pestis responde bien a los antibióticos cuando se administran con rapidez. El factor determinante es la velocidad del diagnóstico: cuanto antes se identifique la enfermedad y se inicie el tratamiento, mayor es la probabilidad de supervivencia. La confirmación requiere análisis de laboratorio mediante la identificación de la bacteria en muestras de sangre o esputo.
Cuando existe sospecha de un caso, los protocolos sanitarios exigen localizar al infectado y a todas las personas con las que tuvo contacto para someterlas a vigilancia médica y, si es necesario, a tratamiento preventivo. Esa respuesta rápida es clave para evitar la propagación.
La peste no es una enfermedad del pasado. La OMS registra casos en focos naturales de África, Asia y América, con mayor concentración en la República Democrática del Congo, Madagascar y Perú. En Estados Unidos también se reportan casos esporádicos en el suroeste del país.
El riesgo de grandes brotes es bajo gracias a la disponibilidad de antibióticos y a los sistemas de vigilancia epidemiológica. El mayor peligro sigue siendo la demora en el diagnóstico: una persona con peste neumónica que no recibe tratamiento en las primeras horas tiene pocas probabilidades de sobrevivir.
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