ANUAR SAAD 🔴 Hora En Punto
El Carnaval de Barranquilla tiene una particularidad: uno puede sacar a un barranquillero de la ciudad, pero difícilmente puede sacar a Barranquilla de su corazón.
Y eso parece haberlo entendido muy bien Isabella Daes García.
A sus pocos años, la reina del Carnaval de los Niños 2027 ya comenzó a descubrir que su corona no solamente sirve para recorrer las calles de su ciudad. También puede convertirse en una pequeña embajada de esa alegría que los barranquilleros sienten como propia y que, cuando se comparte, termina contagiando a otros.
Por eso Isabella aterrizó en Miami llevando algo más que un vestido de reina: Llevaba a Barranquilla.
Allí participó en la ceremonia de imposición de bandas y entrega de decretos a los representantes del Carnaval de Barranquilla en esa ciudad de Estados Unidos. Vanessa Peñaranda, reina; Humbert Ibarra, rey Momo, y Salomé Hoyos, reina de los niños, recibieron de manos de Isabella los distintivos que los acreditan como anfitriones de la fiesta barranquillera en Miami.
La escena tiene un significado especial.
Porque el Carnaval hace rato dejó de ser solamente una fiesta que ocurre entre la Vía 40, los barrios, las comparsas y las calles de Barranquilla. También se celebra lejos de casa, allí donde viven los barranquilleros que un día hicieron sus maletas y llevaron consigo sus recuerdos, sus canciones y esa nostalgia inevitable por febrero.
En Miami, Isabella fue recibida además por la cónsul de Colombia, Antonella Farah, quien le entregó una distinción por su visita. Pero la pequeña reina no llegó solamente a recibir reconocimientos: Llegó a invitar.
A decirles a quienes la escuchaban que Barranquilla ya está preparando su gran fiesta y que entre el 6 y el 9 de febrero de 2027 la ciudad volverá a convertirse en ese territorio donde parece que todo puede ocurrir al mismo tiempo: la música, el baile, los disfraces, la tradición, la alegría y esa irreverencia que hace del Carnaval una fiesta difícil de explicar para quien nunca la ha vivido.
Hay que vivirla.
Y mientras Isabella hablaba de su Carnaval, el suyo apenas comenzaba a cruzar fronteras. De Miami, la ruta siguió hacia Madrid.
Allí se encontró con parte de la gran delegación carnavalera que viajó a España: los reyes, hacedores y representantes de una fiesta que esta vez quiso mostrar su rostro caribeño en la capital española.
Y hubo un escenario particularmente especial. Macondo Park, la experiencia creada por otra barranquillera universal: Shakira.
En medio de la celebración que acompaña los conciertos de la artista, Isabella volvió a ponerse en modo embajadora. Porque si algo sabe hacer el Carnaval es encontrar una pista de baile en cualquier lugar del mundo.
Y Madrid no será la excepción.
Este domingo, la reina infantil participará además en el Desfile de la Hispanidad, organizado por la Asociación Cultural Nativos de Macondo.
Será otra postal de esas que parecen pequeñas, pero que cuentan una historia mucho más grande.
Una niña. Una corona. Una bandera.Y detrás de todo eso, una ciudad entera: Barranquilla.
La misma ciudad que durante décadas vio crecer sus carnavales en las calles y que hoy encuentra en sus niños a los nuevos encargados de mantener viva una tradición que no quiere quedarse encerrada en sus propias fronteras.
Isabella Daes es, en ese sentido, una reina de estos tiempos.
Una reina que todavía tiene la edad para emocionarse con un disfraz, bailar sin mirar el reloj y sonreír cuando escucha una música que reconoce. Pero que ya tiene también una tarea enorme: mostrarle al mundo que el Carnaval de Barranquilla no es solamente una celebración.
Es identidad. Es memoria. Es Caribe. Es una manera de entender la vida.
Y quizás por eso la imagen de Isabella viajando de Miami a Madrid resulta tan simbólica.
Porque mientras los adultos hablan de fronteras, ciudades y países, el Carnaval simplemente las cruza. Y una cumbia, un tambor, una comparsa o una marinonda, puede hacerlo de la mano de la pequeña reina.
Isabella apenas comienza su reinado. Todavía le quedan muchos escenarios, muchas calles y muchas sonrisas por delante. Pero ya consiguió algo que no aparece escrito en ningún decreto: que la alegría de Barranquilla viaje con ella.
Y cuando una niña lleva el Carnaval en el corazón, las fronteras parecen quedarse demasiado pequeñas.
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