Por ANUAR SAAD
Hay regresos que parecen escritos por el fútbol.
Sebastián Viera se fue de Junior con los guantes colgados, después de 13 años defendiendo una camiseta que terminó convirtiéndose en parte de su propia piel. Se marchó como capitán, como referente, como uno de los extranjeros más queridos que hayan pasado por Barranquilla.
Ahora vuelve. Pero ya no estará debajo de los tres palos.
Esta vez tendrá que pararse en la línea técnica, mirar de frente a los jugadores, tomar decisiones, hacer cambios, asumir derrotas y cargar con esa enorme responsabilidad que significa dirigir al Junior de Barranquilla.
El mismo Viera que tantas veces salvó al equipo con las manos tendrá ahora que intentar salvarlo con sus ideas. Y el desafío no podía ser más grande.
Junior acaba de entrar en una tormenta. La salida de Alfredo Arias, apenas meses después de haber conseguido el bicampeonato, abrió una crisis inesperada. El equipo arrancó el semestre con apenas dos puntos en cinco partidos de Liga y ocupa el puesto 17, una posición que resulta casi ofensiva para un club acostumbrado a pelear arriba.
Y entonces apareció un nombre que para el hincha rojiblanco no necesita presentación: Mario Sebastian Viera.
El arquero uruguayo que llegó en 2011 y terminó disputando 638 partidos oficiales con Junior, convirtiéndose en el futbolista con más apariciones en la historia del club. El hombre que ganó siete títulos, que atajó penales, que hizo goles de tiro libre y que terminó siendo mucho más que un arquero.
Fue capitán. Fue líder. Fue campeón. Fue símbolo.
Y, sobre todo, fue uno de los pocos jugadores que logró establecer una relación emocional con una hinchada que no suele regalar fácilmente su corazón. Por eso su regreso no es el de un técnico cualquiera.
Es el regreso de alguien que conoce el vestuario, la presión, el entorno y, quizá más importante que todo lo anterior, sabe lo que significa Junior para Barranquilla.
Del arco al banco
Viera tendrá ahora que demostrar que lo que funcionaba desde el área chica también puede funcionar desde el área técnica.
Su primera experiencia como entrenador fue en Real Cartagena, donde dirigió 28 partidos, con 17 victorias, tres empates y ocho derrotas. Pero Junior es otra historia. Aquí no existen demasiados períodos de adaptación. El resultado manda. La tribuna aprieta. La prensa pregunta. Y el escudo pesa.
El propio Viera lo sabe. En su presentación fue contundente: “El listón en Junior es salir campeón”. No habló de esconderse. No pidió tiempo. No llegó con discursos de transición : Llegó hablando de grandeza.
Y también habló de fútbol. Dijo que quiere un equipo dinámico, con presión y bloque corto, y que su intención será recuperar la confianza de sus jugadores y sacarles su máximo potencial.
Ese puede ser uno de sus grandes retos. Porque el problema de Junior no parece ser únicamente la tabla. Es recuperar la confianza y la intensidad.
Recuperar la conexión con una hinchada que no entiende cómo un equipo que acaba de ser bicampeón puede aparecer ahora mirando la tabla desde abajo.
El hombre que conoce la presión
Viera sabe perfectamente dónde se está metiendo.
Durante años vivió la presión de un estadio que podía pasar de la ovación al reproche en cuestión de segundos. Conoció la exigencia de ganar en Junior. Aprendió que en Barranquilla un empate puede sentirse como derrota y que perder un clásico puede convertir una semana tranquila en un incendio.
Por eso quizá la dirigencia apostó por él.Porque en momentos de crisis muchas veces los clubes buscan experiencia.
Junior buscó identidad. Y esa puede ser la gran fortaleza de Viera.
No tendrá que explicarles a sus jugadores qué significa jugar en el Metropolitano. No tendrá que aprenderse la historia del club. No tendrá que descubrir cómo piensa el hincha juniorista. Él ya estuvo ahí.
Viera debe ser conciente de que el amor de la hinchada puede abrirle la puerta, pero no puede hacer el trabajo por él.
Viera tendrá que demostrar que puede pasar de ser ídolo a entrenador sin quedar atrapado en el recuerdo del arquero que fue.
Porque dirigir a Junior no es atajar un penal en una final: es construir un equipo, darle identidad, confianza y jerarquía.
Y, sobre todo, es entender que el pasado puede ser una poderosa herramienta, pero también una peligrosa carga.
El hincha lo va a respaldar porque lo quiere. Pero también le va a exigir porque sabe lo que representa.
El calendario no parece dispuesto a regalarle una luna de miel. Todo apunta a que su debut será este sábado 5 de septiembre frente a Jaguares, en el Metropolitano..
Tendrá que evitar que Junior siga cayendo.
De héroe a conductor
La apuesta es arriesgada y la expectativa es enorme.
Pero hay algo que Viera tiene y ningún otro candidato podía comprar: el cariño de una hinchada que lo vio crecer, ganar y convertirse en ídolo. Ahora le toca convertir ese cariño en fútbol.
El Junior de Viera comienza donde terminó el de Arias: con la obligación de ganar. Porque en Barranquilla el pasado se respeta, los ídolos se quieren y las historias bonitas se celebran.
Pero cuando ruede la pelota, solamente habrá una pregunta: ¿Podrá el hombre que tantas veces salvó al Junior desde el arco salvarlo ahora desde el banco?
El sábado comenzará la respuesta
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