Por Anuar Saad | Hora en Punto
Hay nombramientos que producen sorpresa, oros generan preguntas, pero hay algunos que, en Barranquilla, parecen escritos por un guionista con especial gusto por las vueltas inesperadas de la política: el de Johnny Insignares pertenece a esta última categoría.
El mismo hombre que durante años construyó desde las redes sociales una voz crítica frente a la administración distrital, que cuestionó a la Casa Char y que dejó en X publicaciones de un tono que hoy resulta incómodo volver a leer, acaba de recibir las llaves de una de las oficinas más sensibles de la administración de Alejandro Char: la Secretaría Distrital de Cultura.
El anuncio lo hizo el alcalde este miércoles. Char presentó a Insignares como un joven que “quiere profundamente a Barranquilla”, apasionado por la ciudad y defensor de su historia, patrimonio y tradiciones.
Y ahí comenzó la polémica porque apenas unas horas después de conocerse el nombramiento, Juan Carlos Ospino, director de Carnaval S.A.S., presentó su renuncia. Y no fue una salida silenciosa, habló con una frase que rápidamente se convirtió en el titular de la controversia:
“La cultura y el Carnaval no se pueden administrar con modismos ni con emociones de influencer”.
La declaración fue entregada a Zona Cero y posteriormente reproducida por varios medios. Y la coincidencia temporal entre el nombramiento y la renuncia fue demasiado grande para pasar inadvertida.
Ospino llevaba apenas seis meses al frente de Carnaval S.A.S. Había llegado el 21 de febrero de este año, después de haber sido secretario de Cultura y Patrimonio del Distrito. Su salida ocurre, además, cuando la maquinaria del Carnaval 2027 apenas comienza a tomar velocidad, después de la escogencia de Salwa Maloof como reina.
Pero detrás de la renuncia hay algo más profundo que una simple modificación burocrática. Está el choque de dos maneras de entender la cultura. De un lado, la institucionalidad, los hacedores, la tradición, la administración de un patrimonio que mueve millones de personas y que tiene en el Carnaval una de sus mayores expresiones.
Del otro, una nueva generación de comunicadores digitales que encontró en las redes una manera distinta de contar la ciudad, de defender sus edificios, sus historias, sus personajes y sus lugares, pero también de cuestionar a quienes la gobiernan.
Insignares pertenece a esa segunda corriente.

Durante años fue conocido en las redes como “El Mono” y construyó una identidad digital alrededor de la defensa del patrimonio y la memoria de Barranquilla. Esa faceta es precisamente la que hoy explica, en parte, por qué el alcalde decidió llevarlo al despacho de Cultura. Pero Internet tiene memoria.
El archivo que volvió a aparecer
El nombramiento produjo inmediatamente una revisión colectiva del pasado digital del nuevo funcionario.
Zona Cero publicó una recopilación de antiguos trinos de Insignares y tituló su historia con una pregunta deliberadamente provocadora: “¿La transformación del mono?”. El medio recordó publicaciones en las que el ahora secretario utilizaba expresiones fuertes para cuestionar a la administración distrital y particularmente a Alejandro Char.
Uno de esos mensajes, publicado en 2019 y citado por Zona Cero, decía:
“Barranquilla no va a dejar de valer verga si la siguen manejando los mismos con las mismas! Es hora del cambio!”
También aparecen publicaciones posteriores en las que cuestionaba abiertamente el respaldo electoral a Char y utilizaba un lenguaje bastante más agresivo que el que probablemente emplearía hoy desde un despacho oficial.
Y allí está el corazón de la polémica. No se trata solamente de que Insignares haya sido crítico de Char. En una democracia eso no debería ser un problema.
Un funcionario no tiene que haber sido simpatizante de un gobernante para trabajar en una administración. Incluso podría sostenerse lo contrario: que la incorporación de alguien que antes criticaba al poder demuestra capacidad de diálogo, apertura y madurez política.
El problema aparece cuando el archivo contiene expresiones tan contundentes que hacen inevitable la pregunta:
¿Qué cambió? ¿Cambió Insignares? ¿Cambió Char? ¿Cambió la percepción del funcionario sobre la ciudad y su gobierno? ¿O simplemente cambió el lugar desde donde se mira el poder?
Son preguntas que las redes sociales están haciendo a su manera.
De crítico a funcionario
La paradoja resulta todavía más llamativa porque Insignares no llega a una dependencia menor.
Llega a Cultura que es una Secretaría que tiene bajo su responsabilidad buena parte de la política cultural de Barranquilla, la protección y promoción del patrimonio, la relación con los actores culturales y, en la práctica, una interlocución inevitable con el Carnaval.
Es decir, precisamente el universo que durante años defendió desde afuera y que ahora tendrá que defenderlo desde adentro.
Tendrá que sentarse con funcionarios. Tendrá que responder por presupuesto Pero sobre todo, tendrá que convivir con aquellos a quienes alguna vez criticó.
Y es ahí empieza verdaderamente su prueba. Porque ser influencer de cultura es una cosa y Administrar la cultura es otra.
Y esa parece ser precisamente la frontera que Ospino quiso marcar antes de abandonar Carnaval S.A.S.
La frase de Ospino
El exdirector del Carnaval fue cuidadoso, sin embargo, en no convertir su renuncia en una ruptura política con Char.
Todo lo contrario.
Dijo que respetaba al alcalde, que le agradecía y que reconocía su derecho a escoger libremente a quienes lo acompañan.
Incluso afirmó que sigue siendo “un militante raso” de la causa del mandatario porque votó por él y quiere a su familia.
Pero inmediatamente puso el límite:
“No me gustan las actuaciones que afecten la dignidad humana”.
Y cerró con un lacónico:
“Vamos pa’lante, la vida sigue”.
Caracol Radio reportó que fuentes cercanas al exdirector hablaban de diferencias frente al nuevo enfoque cultural que supondría el nombramiento de Insignares.
El Carnaval quedó en medio
Y aquí aparece un elemento que convierte la controversia en algo más serio. No estamos hablando solamente de una pelea de egos.
Estamos hablando del Carnaval de Barranquilla.
La fiesta ya tiene reina para 2027, Salwa Maloof. También fueron anunciados María Juliana Olaciregui como reina de la 44 y Jeffry Oquendo como Rey Momo. Y precisamente cuando comienza a organizarse toda la estructura de la próxima fiesta, sale su director.
El nuevo secretario tendrá ahora que trabajar con Carnaval S.A.S. para sacar adelante la edición de 2027. Y la pregunta inevitable es cómo será esa relación después de la renuncia de quien hasta ayer estaba al frente de la organización.
El Heraldo calificó el episodio como “un verdadero revolcón” dentro del sector cultural de la ciudad.
Las redes hicieron lo que mejor saben hacer
En X y otras plataformas digitales, el nombramiento se convirtió rápidamente en una especie de juicio al archivo.
Unos cuestionaron la aparente contradicción entre las antiguas posiciones de Insignares y su llegada al gobierno de Char.
Otros defendieron su derecho a evolucionar, cambiar de opinión y aceptar un cargo público.
Y otros pusieron el dedo sobre una cuestión diferente: si precisamente su conocimiento de la ciudad, su trabajo de divulgación patrimonial y su capacidad para conectar con audiencias jóvenes son razones suficientes para darle una oportunidad.
La discusión es válida.
Porque hay una verdad incómoda en toda esta historia: las personas cambian.
El joven que escribió un trino hace siete años no necesariamente es el mismo hombre que hoy acepta una responsabilidad pública.
Pero hay otra verdad igualmente incómoda:
los trinos también cambian de significado cuando quien los escribió se sienta del otro lado del escritorio.
Lo que antes era una opinión personal ahora será utilizado para medir su coherencia.
Lo que antes podía ser una rabieta digital ahora puede convertirse en un argumento político.
Y lo que antes era apenas un post perdido entre miles, hoy vuelve a aparecer como evidencia de una supuesta contradicción.
Ese es el precio de la política en la era de las redes.
Char también juega una carta inesperada
Hay, además, otra lectura.
La designación de Insignares puede ser interpretada como una apuesta política inteligente de Alejandro Char.
Un alcalde que incorpora a su administración a alguien que durante años lo cuestionó está enviando un mensaje: la puerta del poder también puede abrirse para quien estuvo al otro lado.
Eso puede ser leído como amplitud, como pragmatismo o como reconciliación.
Lo cierto es que el alcalde Alex Char decidió poner a Insignares en una posición desde la cual ya no podrá limitarse a comentar la ciudad porque ahora tendrá que gobernar una parte de ella.
Ahora viene la prueba
Johnny Insignares llega a Cultura con una ventaja y una desventaja.
La ventaja es evidente: conoce la ciudad, conoce sus calles, sus historias, su patrimonio y tiene una comunidad digital que lo escucha.
La desventaja también lo es: llega con un archivo que sus contradictores ya comenzaron a desempolvar.
Pero quizá la verdadera prueba no esté en Twitter. Estará en las decisiones. En cómo trate a los artistas. En qué haga por el patrimonio y cómo se relacione con Carnaval S.A.S.
En si logra convertir su conocimiento de la ciudad en política cultural.
Y, sobre todo, en si consigue demostrar que el hombre que hoy ocupa el despacho es efectivamente distinto al que años atrás escribía desde la otra orilla.
Porque la política tiene esas ironías: a veces uno pasa tantos años golpeando la puerta del poder que, cuando finalmente se abre, descubre que del otro lado hay un escritorio esperándolo.
Y ahora Johnny Insignares tendrá que sentarse en él. Con una ciudad mirándolo, con un Carnaval que no da espera y con un exdirector que acaba de marcharse dando un portazo.
Y con todo su archivo de X convertido, de repente, en parte de su nueva hoja de vida
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