Hay frases que terminan definiendo una época. En Colombia, durante años se habló de «combinar todas las formas de lucha», de «seguridad democrática», de «paz total» o de «cese al fuego». Pero pocas expresiones han causado tanta indignación como la que reveló el periodista Ricardo Calderón en su su informe para Noticias Caracol: «juguemos a los congelados».
Cuatro palabras que, según la investigación periodística, habrían hecho parte de una propuesta planteada por el excomisionado de paz de Gustavo Petro, Danilo Rueda, durante contactos entre representantes del Gobierno Nacional y cabecillas del Clan del Golfo.
Una expresión aparentemente infantil que hoy retumba en medio de una realidad aterradora: el crecimiento sin precedentes de la organización criminal más poderosa del país, la expansión de la violencia y el debilitamiento de la capacidad ofensiva del Estado.

La revelación cayó como una bomba política.
Durante horas, las redes sociales ardieron. Dirigentes de oposición, exoficiales de las Fuerzas Militares, analistas de seguridad y miles de ciudadanos comenzaron a conectar puntos que durante años parecían dispersos: la reducción de operaciones militares, la salida masiva de generales y coroneles, el fortalecimiento territorial del Clan del Golfo y la sensación de que el Estado había bajado la guardia frente a las estructuras armadas ilegales.
Para los críticos del gobierno, el informe de Calderón no hizo más que ponerle nombre a algo que venían denunciando desde el inicio de la fracasada política de Paz Total.
La controversia es enorme porque no se trata simplemente de una negociación con un grupo armado. Lo que ha generado indignación es la interpretación que muchos hacen de esos acercamientos: que mientras el Estado hablaba de paz, las organizaciones criminales aprovecharon para fortalecerse, reclutar más hombres, ampliar sus rutas de narcotráfico y consolidar su control territorial. Y las cifras conocidas en los últimos meses alimentan esa percepción.
Crecimiento del Clan del Golfo
Informes de la Fundación Ideas para la Paz indican que el Clan del Golfo pasó de poco más de 4.000 integrantes identificados en 2022 a cerca de 10.000 miembros en 2025, un crecimiento cercano al 140 %. Su influencia territorial también se expandió a casi 300 municipios del país.
Para quienes cuestionan la estrategia gubernamental, estos números son la prueba más contundente de un fracaso.
La indignación creció aún más porque el escándalo apareció cuando Colombia atraviesa uno de los momentos más complejos en materia de seguridad. Extorsiones disparadas, secuestros que regresan a los titulares, ataques contra la Fuerza Pública, control territorial de grupos armados y ciudades que vuelven a sentir el miedo como parte de la cotidianidad.
En las redes sociales, la frase «juguemos a los congelados» se convirtió rápidamente en tendencia y no precisamente para incentivar ese viejo y tradicional juego infantil.
Memes, caricaturas, videos y comentarios inundaron X. Para muchos usuarios, la expresión terminó convirtiéndose en una metáfora perfecta de lo que consideran fueron cuatro años de inmovilidad estatal frente al crimen organizado.
Al tiempo, sectores cercanos al Gobierno defendieron los esfuerzos de negociación y recordaron que los diálogos buscaban reducir la violencia y abrir caminos de sometimiento para estructuras criminales. También señalaron que la información revelada debe ser analizada con rigor y contexto antes de sacar conclusiones definitivas.
Pero el daño político ya estaba hecho. La frase quedó instalada en el debate público. Y cuando una frase logra resumir una percepción colectiva, es como una bola de nieve que no hay quien la detenga.
Quizás por eso el escándalo trasciende los detalles de una reunión o de una negociación específica. Lo que realmente está en discusión es el balance completo de la política de seguridad del gobierno Petro.
Sus críticos sostienen que mientras el Estado se congelaba, los grupos armados avanzaban. Que mientras se hablaba de paz, las organizaciones criminales multiplicaban sus capacidades. Que mientras los soldados y policías recibían mensajes de contención, los ilegales entendían que tenían espacio para crecer.
Es una interpretación que seguirá siendo objeto de debate político e histórico.
Lo cierto es que el informe revelado por Ricardo Calderón abrió una herida profunda en el cierre de este gobierno. Una herida que difícilmente cicatrizará antes del cambio de mando y que seguramente será estudiada durante años por quienes intenten entender cómo Colombia pasó de prometer la Paz Total a terminar discutiendo si, durante demasiado tiempo, el Estado decidió jugar a los congelados
Tienes que leer
Revelan presuntos nexos entre disidencias, general vinculado al gobierno y agentes de inteligencia
El jefe criminal alias Iván Mordisco amenaza al Gobierno de Colombia tras la muerte de menores en bombardeo
Petro responde a Char sobre inseguridad en Barranquilla