3 de diciembre de 2020

Hora en Punto

No es la noticia: es la forma de contarla

Periodismo y literatura: un préstamo entre amigos

POR ANUAR SAAD

El periodismo y la literatura son, por decirlo de alguna manera, primos hermanos que tienen, como en todas las familias, puntos de encuentro y puntos de desavenencia. A través de los años la historia nos recrea sobre múltiples casos sobre aquellos que empezaron siendo periodistas y que años más tade se consagraron como grandes escritores.

Los periodistas y docentes Anuar Saad y Jaime De la Hoz Simanca, responden en esta interesante entrevista en la Universidad Sergio Arboleda cuáles son los secretos del nuevo periodismo, por qué la literatura es necesaria para el desarrollo del oficio y cuál es el futuro de la profesión en un mundo cada vez más competitivo

También nos hablan de otros, de esos que supieron fUsionar lo mejor de los dos formatos –periodismo y literatura– y fueron capaces de acuñar una nueva forma de hacerlo, a lo que bautizaron en ese entonces como Periodismo literario y que hoy conocemos como periodismo narrativo.

Y para hablar de ello, debemos remontarnos a John Dos Pasos, Tom Wolfe, Truman Capote, Norman Mailer, Gay Talese, entre otros muchos, que fueron capaces de narrar la realidad con un formato de novela.

Sobre la búsqueda de la técnica en el oficio, y la simbiosis entre literatura y periodismo, el laureado periodista y escritor Jon Lee Anderson prefiere explorar el espinoso tema desde anécdotas, vivencias y reflexiones personales. Quién mejor que él, presente en guerras del Medio Oriente, África y conflictos latinoamericanos, para expresar su punto de vista. Quién mejor que él que ha perfilado, bajo la mirada del periodista literario, la semblanza de verdaderos personajes de nuestra época, desde Gabriel García Márquez, pasando por el temible dictador Charles Taylor y recientemente por el idolatrado y odiado Ernesto “El Che” Guevara.

«CONTAR LO VIVIDO, NO INVENTAR»

Hace unos años coincidí con él en cartagena en un homenaje a Kapuscinski (uno de los más grandes exponentes del periodismo literario contemporáneo) auspiciado por la FNPI donde habló de su vida y su visión del periodismo moderno:

«No siempre fui periodista. Aquí donde me ven he sido cavador, carcelero, albañil profesional y cortador de césped. Y créanme que todas esas vivencias que compartí con personas luchadoras y honestas, me han servido para sensibilizar mi escritura. Cuando trato de escribir mis crónicas trato de hacerlas apegado a los hechos, a los recuerdos y a los momentos que he vivido personalmente con el tema.

«Mi trabajo La caída de Bagdad tenía más notas originales para desarrollar el relato, pero finalmente solo conté lo vivido. Los hechos que a través de mis experiencias pude conocer y corroborar, sin perder de vista que yo era uno de los únicos 25 extranjeros que estaban dentro de ese país en guerra, son totalmente certeros y verificables. Mi regla de oro es no llenar con ficción lo que no he podido comprobar. Como cronista puedo utilizar las herramientas de la literatura para contar mejor la historia, pero nunca tengo permiso para inventar los hechos.

“En ese trance de recoger y contar historias que nunca salían publicadas, me topé con Kapuscinski. Ya en ese tiempo él narraba las historias que otros no podíamos publicar. Él me abrió el camino a seguir. Con su curiosidad insaciable siempre quería recoger los hechos, nombres; querer, sentir penas y alegrías de la gente sin nombre, de la gente sin voz, de aquellos desposeídos que nada tenían. Era ese gran hombre del norte que, de alguna manera, representaba al gran sur.”

Sobre ese aspecto, el escritor Sergio Ramírez es muy puntual. Según él «…En la relación entre periodismo y novela lo que existe es un préstamo mutuo. Lo que la novela le presta a la crónica real son los instrumentos para contar la historia, porque el cronista no puede inventar pero sí formular el relato atractivo, dinámico y terminar con un golpe maestro. Es llevar la técnica del narrador de ficción a la realidad. En conclusión, la nueva historia no está siendo escrita por los historiadores, sino por los buenos cronistas de nuestros tiempos.”


LA NOVELA ES LA HISTORIA QUE PERDURA

Ramírez se extendió en la relación entre la literatura y el periodismo haciendo énfasis en lo que el llama las novelas históricas. “Mis novelas parten desde hechos históricos pero generan visiones que se vuelven historias. La historia verdadera no es atractiva para los lectores, me refiero a la de los libros de historia, que en el caso de América Latina está mal contada. Es pobre en detalles, descripciones y objetividad. En Latinoamérica, más que de novela histórica, hay que hablar de novela a secas ya que siempre tienen que ver con la historia. Por eso el novelista, siempre y cuando conozca la historia, puede llegar más cerca del pueblo, como es el caso del libro “Santa Evita” de Tomás Eloy Martínez. En el caso del novelista puro, no del periodista, el verdadero triunfo es que la gente crea que todo es cierto, aunque no lo sea. Pero pesa tanto la novela, que hay cosas que el tiempo vuelve realidad: en la matanza de las bananera, los muertos fueron los que dijo García Márquez en Cien Años de Soledad –unos seis mil– y no treinta o cuarenta, como lo reseña la historia. La historia que perdura es la de la novela.

Estas visiones se suman a la de otros avanzados en el oficio que saben que la esencia del periodismo moderno es y será el poder de la narración: la forma en que el periodista sea capaz de contar la historia desde esa subjetividad bien manejada, esa misma que hace que seamos capaces de interpretar, de la mejor manera, la realidad. Una realidad que, a veces, termina superando a la ficción.

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