23 de octubre de 2020

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Periodismo: nuevos retos, nuevas amenazas

"Bangkok, Thailand - May 19, 2011: A passer-by uses a smartphone to photograph a red-shirt rally at Ratchaprasong Intersection."

En medio de la crisis, nace la oportunidad para quebrar las cadenas que aún sigue atando a periodistas a los medios de siempre. De ahí el fortalecimiento y expansión de lo que podríamos llamar “periodistas sin periódico”, esos que desde un medio, blog, portal o página web, nos cuente historias.

Anuar Saad/

No se gana nada pretendiendo satanizar al periodismo digital y todas sus variantes en prensa, radio y televisión porque, de hecho, esa “guerra” la perdió hace rato el periodismo tradicional. Ambas versiones, en el fondo, tienen la misma esencia: es periodismo y punto. Pero debería ser un periodismo donde deberá primar el poder creativo y subyugante de la narración, saber contar bien la historia para mantener a esos lectores, oyentes y televidentes que aún tenemos y  cautivar a los nuevos.

Y es en medio de la crisis, nace la oportunidad para quebrar las cadenas que aún sigue atando  a periodistas a los medios de siempre. De ahí el fortalecimiento y expansión de lo que podríamos llamar “periodistas sin periódico”, esos que desde un medio, blog, portal o página web, nos cuente historias. Y en gracia de discusión hay que derrumbar el imaginario que “el periodismo de ayer era mejor que el que hoy hacemos”. Hoy existen mejores condiciones, tecnologías, mejores escuelas de periodismo, más competitividad y talentos precoces que buscan un escampadero para desfogar todo su talento.

Pero hay otras amenazas. Más preocupantes y feroces. Esas sí, capaces de acabar de un tajo todo intento de periodismo: todos los tipos de corrupción –incluso más allá de una falta ética—y los desbordados intereses de los medios por acaparar todo el poder. La corrupción escala peldaños. Y en esa escalada mortal la corrupción toca al periodista a través de distintas formas: desde la pauta publicitaria condicionada por lo que dices, hasta el «amiguismo» o «arribismo» a los círculos de poder.

Nuevo periodismo para nuevos periodistas

Para nadie es un secreto que el periodismo tradicional, desde finales del siglo XX, ya daba fuertes señales de estar sumido en una profunda crisis de la que aún, no ha sabido reponerse. Quizá por la costumbre de haberse mantenido inmutable por años sin necesidad de grandes transformaciones lo hacían viable. Los periódicos llegaban sin falta a casi todas las casas y los formatos radiales y televisivos de siempre, mandaban en el rating. ¿Qué podía entonces salir mal?

Con lo que no contaban los directores de medios es que la competencia se les multiplicaría. Y no la misma con sus mismos formatos. Como un rocío de brisa fresca, el periodismo digital que se ufanaba de ser más independiente, inmediato y crítico, empezó a asomarse al escenario con resultados catastróficos para las casas periodísticas tradicionales. Los ciudadanos respondieron al llamado y enganchados por la portabilidad de los medios –todos caben en el celular—y obnubilados por sentirse más parte de las historias y estar más representados en lo que se cuenta, dieron un viraje hacia los llamados “nuevos medios” o medios digitales. Todo parecía ser parte del cambio y de una natural evolución.

Pero nuevos vicios se enquistaron en este nuevo y frenético estilo de hacer periodismo y las redes terminaron colapsando por cuenta de un mal nacional que está a la moda: la polarización empezó a resquebrajar los espacios y el periodista, en vez de mantenerse en su rol de informar sin tomar partido, terminó, incluso, más polarizado que los sectores sociales.

“La ética en el periodismo es innegociable”

Y es precisamente el peligroso derrotero que ha tomado el periodismo, sobre lo que el periodista y escritor Juan Gossaín ha llamado la atención en reiteradas ocasiones.

“En un hospital de locos, hasta el director del hospital se enloqueció. ¿Imaginan ustedes un hospital mental cuyo director también esté loco?” La pregunta lanzada por el maestro Gossaín pretendía representar a la prensa de hoy: en una sociedad polarizada hasta los más peligrosos extremos, la prensa, llamada a mantener la cordura y mostrar derroteros…terminó aún más polarizada que la sociedad. Y el escenario preferido de esa polarización es, precisamente, los medios digitales que se alimentan de su instantaneidad, cobertura y posibilidad de que el ciudadano de a pie, pueda comentar al instante la información. 


Para Gossain la realidad política del país en estos últimos ocho años han derivado en una locura colectiva por cuenta de la polarización extrema que desencadena el partidismo político. Ya en las redes no se comentan estados: se agreden. Se insulta. “Ahora todas las problemáticas del país parecen estar sintetizadas en una simple pregunta: ¿Usted es uribista o santista? Incluso, en reuniones académicas como esta, conversatorios o foros, lo que siempre me preguntan es lo mismo: ¿Usted es santista o uribista? Y mi respuesta siempre será la misma: ¡ni uribista ni santista: periodista!”

“La prensa tradicional, en vez de aprovechar esta coyuntura y recomponerse para recuperar la audiencia perdida, terminó también cayendo en la polarización, que, de paso, castiga a la verdad”. La ética en el periodismo no es negociable. Son requisitos sine qua non para poder ser periodista, ha expresado el maestro del oficio en varias ocasiones. “Ser ético es necesario para ser periodista.  Pero no por ser ético, cualquier persona puede ser periodista. Para serlo, hay que llenar además un requisito fundamental: saber contar la historia. Ser periodista no es solo decir lo que pasó: hay que saber contar lo que pasó.

Queda claro que, en el fondo, el formato en el que se presente la información (periodismo tradicional o nuevos medios) no es lo que determinará la calidad de lo que se dice ni mucho menos su veracidad. “El periodista no debe olvidar jamás que la ética, la independencia y la estética son los ingredientes que necesita hoy el periodismo para volver a ser creíble. La ética como norma de vida, la inquebrantable búsqueda de la verdad sin amaños, pero teniendo como aliado a la estética para que, además de informar, podamos en verdad contar una buena historia. Saber contarla es lo que el lector agradecerá.”

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