29 de noviembre de 2020

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Colombia: ¿Girando con la emoción?

Detrás de toda acción hay una emoción señala la psicología y nos están manipulado las emociones. Nuestro actuar no el mejor. Hasta el punto de que resulta fácil y contraproducente pasar la delgadísima línea de las emociones al instinto. Esto es grave. Es algo así como pasar del cielo al infierno sin darnos cuenta.

Por JUAN CARLOS ANTEQUERA RIPOLL

Nuestro país está cada día más polarizado e inserto en imaginarios maniqueístas que nos deforman la realidad. Desde muerte de líderes sociales en medio de una nación afectada por el invierno, hasta periodistas que a nivel nacional emergen como seres mesiánicos que han estado amarrados al poder underground, crisis de agricultores frente a la importación de productos que vienen de países europeos, indígenas cada día más relegados en sus propios territorios, desestabilización económica de las familias como resultado de la pandemia.

Una crisis en todos los sentidos en donde da la impresión de que no razonáramos ni fuéramos conscientes del papel que debemos asumir en este siglo XXI como ciudadanos críticos frente a las múltiples trasformaciones que estamos viviendo muy especialmente en estas dos últimas décadas.

Noam Chomsky, reconocido lingüística estadounidense y acérrimo crítico de la política norteamericana hablaba de estructuras profundas y superficiales en el lenguaje. Al tener en cuenta sus planteamientos parece ser que hoy nos estamos quedando en estructuras superficiales en los discursos que utilizamos los cuales no nos permiten ver más allá de lo que sucede. Se está tejiendo un Nuevo Orden Internacional fundamentado en parte en lo emocional y Colombia no es ajena a este fenómeno.

Unos niveles de persuasión inimaginables predominan por parte de los que tiene el poder y sus seguidores representados en falsos profetas mediáticos, hackers, asesores de marketing que terminan manipulandonos de múltiples formas para despertar nuestra emoción y poder conseguir lo que quieran.

Detrás de toda acción hay una emoción señala la psicología y nos están manipulado las emociones. Nuestro actuar no el mejor. Hasta el punto de que resulta fácil y contraproducente pasar la delgadísima línea de las emociones al instinto. Esto es grave. Es algo así como pasar del cielo al infierno sin darnos cuenta.

Las investigaciones de la Neurociencia señalan claramente que tenemos tres tipos de cerebros: el neocórtex en el cual se mueve el razonamiento, el límbico representado en las emociones y el reptiliano en el mundo del instinto.

Aunque parezca inconcebible se le está dando importancia en el ámbito mediático al cerebro límbico que   representa lo emocional, sin embargo, cuando se despierta una emoción incontrolada se puede pasar del sistema límbico al reptiliano generando muchas veces resultados comportamentales fatídicos que terminan ocasionando acciones violentas en donde la razón y la emoción quedan relegados.

Cuando se activa el cerebro reptil, la intolerancia y el irrespeto por el otro afloran. Una protesta violenta, un reclamo irrespetuoso, un debate que termina en riña traspasan el mundo las emociones y penetrando el del instinto. Aquí no se piensa, aquí se actúa por la supervivencia. La persona se vuelve maquiavélica, está dispuesta a realizar lo que sea por dominar su territorio y quedarse con todo.

Cada día se configura un escenario mediático en donde la emociones negativas y positivas que se trasmiten a través de un meme, un video de YouTube, una noticia falsa, terminan incidiendo en nuestro actuar y percepción de la realidad. Se nos despiertan más las emociones que la activación de la racionalidad.

El problema es complejo porque la familia a la que se le atribuye el deber de educar a sus hijos en el ámbito de lo emocional hoy carece de las estructuras conceptuales para poder decodificar y tomar distancia de los discursos mediáticos que desconoce y más si son familias disfuncionales.

Entonces el reto apunta hacia las instituciones educativas que parecen estar alejadas de dichas situaciones. Estamos viviendo y padeciendo las consecuencias de un Giro emotivo que se vuelve incontrolable y se define como el interés en la emocionalización de la vida pública. ¿Entonces quién nos enseña a controlar nuestras emociones ?, ¿Quién controla los comportamientos desaforados de las personas frente a la influencia de los contenidos de las redes sociales y los sobredimensionamientos de éstos por parte de las audiencias?

El futuro que se avecina no es el más promisorio porque en las instituciones educativas se nota poco interés por alfabetizar profesionales en el ámbito de lo mediático, digital e informacional y mucho menos en lo emocional. Algunas universidades lo que proponen en torno a estas temáticas son apenas pinceladas. La pintura completa parece que se quedó en el baúl de los recuerdos.

Así que mientras no se tomen medidas y se generen al interior de las instituciones educativas tanto de formación media como educación superior procesos reflexivos serios que coadyuven a desarrollar la inteligencia emocional en los futuros profesionales de una manera conjunta con sus desarrollos cognitivos es muy difícil que nos liberemos del yugo de la manipulación mediática a corto, mediano y largo plazo.

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