30 de octubre de 2020

Hora en Punto

No es la noticia: es la forma de contarla

40 años de un desprecio amoroso en La Junta, inmortalizado en una canción vallenata

Por JOHN ACOSTA RODRÍGUEZ, Especial para Hora en Punto

ese medio día Juan Manuel Charro Gutiérrez llegó a su casa, después de una mañana de trabajo duro en Los Conejos, la tierrita de su familia (como él mismo la llama). Había peleado sol a sol, y a machete limpio, contra el monte obstinado. Estaba sudado y tostado por los rayos solares, con los brazos arañados por las espinas de los bruscos. Y se encontró con la sorpresa de que unos estudiantes de la Escuela Normal Superior de San Juan del Cesar lo estaban esperando para llevárselo a que les cantara la canción de moda en esos momentos, compuesta por el mismo Charro y que le había grabado su paisano Diomedes Díaz con Náfer Durán en 1976: el merengue Muebles viejos.

Era tal el afán de los jóvenes estudiantes, que Charro Gutiérrez no tuvo más remedio que irse así como estaba: sucio y andrajoso. Cuando llegaron caminando a la casa de La Junta, donde estaban bajados los muchachos, se halló con que había un conjunto vallenato esperándolo: caja, guacharaca y acordeón. Solo faltaba él, el cantante. Y les cantó su merengue. Solo hasta ese día se supo en el pueblo cuál era la dama que había despreciado al compositor humillado y, con esa actitud altiva, había inspirado esa canción.

Juan Manuel Charro Gutiérrez compositor vallenato

Todo esto salió a colación hoy, más de 40 años después, a propósito de un estado que puso en su muro de Facebook, mi amigo y colega Luis Lucho Oñate Gámez. “Aproveché para preguntar por una inquietud que tengo hace muchos años con respecto a una parte de la letra del citado merengue. La canción es una especie de desahogo ofensivo por un desprecio amoroso, el compositor dice que la ofende porque ella también lo ofendió, y la ofende con una palabra que, después de 40 años, he logrado entender”, escribió Lucho:


Me enamoré de una muchacha

que esa sí manda pretensión/

yo no veo que tenga en su casa

a más de 4 muebles viejos/

y anda buscando un hombre de plata

que nunca haya tomado ron.

Como ve que soy pobrecito

no me quiere contestar bien

ahora me llama es el negrito/

por no llamarme Juan Manuel

y como sé que ella me ha ofendido/

ahora la voy a ofender también.

Para qué tanta pretensión

si es que tu padre es pobrecito:/

solo vive tomando ron/

con tus hermanos/

y tú, en “rabiso”.

Agrega Lucho que “inicialmente, el mismo Milton David López me sacó de la duda:   ‘ese es un término o palabra que usan mucho los junteros, paisanos de Diomedes. Rabiso es ropa vieja, que, por lo general, utilizan los jornaleros para sus labores en el campo’. El compositor Juan Manuel Gutiérrez contó la historia de la canción y me corroboró lo dicho por Milton David: ’en La Junta, para ofendernos, cuando peleábamos con alguien, le decíamos, tú que vas a hablar si tú eres un rabisú, o sea, ropa andrajosa o remendada”.

La protagonista del merengue

Me puse a indagar sobre la joven mujer que inspiró el merengue. Y resultó ser una prima mía que hace muchos años (los mismos de la canción, tal vez) no veía ni sabía de ella. La encontré en San Juan del Cesar, a donde llegó a sepultar a su madre y tuvo que quedarse viviendo ahí para no dejar solo a su padre, que no ha podido superar la profunda depresión que le dejó la partida eterna de su esposa.

Sara Acosta va a recibir el
grado de bachiller pedagógico,
tomada del brazo por su padre,
Efraín Acosta

“Vea, primo, eso me dijeron en esa época, que me compusieron una canción, pero una vez me encontré con el compositor, que también es mi primo, y le dije: ‘Veee, Charro, ¿y tú dizque me compusiste un merengue?’ Y él me respondió que no, que eso era para otra mujer.

-Prima, ¿pero alguna vez Charro se le declaró, la enamoró, le dijo algo de amor?- le pregunté.

-Qué va, primo: nunca. Si era verdad, entonces, era un enamorao callao porque jamás me dijo nada- me respondió enfáticamente.

Sin embargo, cuando hablé con mi primo Juan Manuel Charro Gutiérrez, él me aseguró que sí le había manifestado su amor a Sara Acosta Arrieta. “Lo que pasa, primo, es que cuando esa joven se fue a estudiar el bachillerato a San Juan, regresó muy cumba de allá, todo le hedía; entonces, yo era un pobre negro para ella”. Charro insiste en que el medio día en que los estudiantes de la Normal fueron de San Juan a La Junta, Sara Acosta estaba entre ellos. “Ahí Sara se dio cuenta de que la canción era para ella”, dice Charro.

Sara Acosta posó, antes de una actividad cultural en
su colegio

No obstante, Sara me insistió hasta hoy que no sabía que esa canción era para ella; incluso, cuando la convencí de que me hiciera el favor de que enviara una foto de ella de esa época, fue muy enfática:

-No, primo, lo siento mucho, pero a mí no me van a acusar de adjudicarme una canción que no sé si es para mí. Háblese con Charro. Si él le confirma que esa canción es para mí, ahí sí le envío la foto para su crónica -me dijo.

Cuando la volví a llamar y le conté la anécdota de la excursión de su colegio que viajó a La Junta a mediados de los años 70 a escuchar la canción, se echó a reír. “Bueno, primo, como ya le confirmaron que sí era para mí esa canción, le voy a mandar una foto, pero recuerde que en esa época uno casi no se tomaba fotos: quizás encuentre una en blanco y negro”, me dijo.

Lo cierto fue que Sara Acosta Arrieta se casó con un hombre que tenía mucha plata en ese momento. “Esa mujer llegó a La Junta en una cuatro puerta nuevecita, con oro colgando hasta en los tobillos. Y a la primera casa que visitó fue la de mi mamá”, recuerda Charro. “No le crea a Charro, primo; de oro, lo normal: una cadenita, quizás una pulserita. Y, de pronto, sí llegué a la casa de él porque yo quería mucho a su mamá”.

Sara Acosta Arrieta hoy, más
de 40 años después de que le
sacaran una canción

Sobre lo cumba que se volvió al ir a estudiar a San Juan del Cesar, la cabecera municipal a la que pertenece el corregimiento de La Junta, mi prima Sara se echó a reír. Y, entre carcajadas, me dijo: “Figúrese usted, primo: en mi casa, con cuatro muebles viejos; la de él, con otros cuatro muebles en la misma condición; si nos hubiéramos casado, ¡sumáramos ocho muebles viejos! ¿Y de qué nos hubieran servido? Uno, primo, tenía que pensar en el futuro, ver hacia adelante”.

Con su matrimonio, Sara vivió en Riohacha, en Caracas: recorrió el mundo. Me cuenta que, al principio, su esposo tenía un problema para engendrar. “Se operó y empezó a regar hijos por todas partes. Me dije: esto no va conmigo y me separé”, agrega Sara. No se volvió a casar y no tuvo hijos.

“Mire usted, primo, que, sin querer, en esa canción yo le estaba pronosticando su futuro: agarrate pa no cae/ agarrate pa no cae/ de tu bella categoría/ no te vayas a detener/ como el agua en la serranía/ que muchas veces se ve correr/ pero alantico está detenía”, me dice Juan Manuel, desde Valledupar, donde reside con su esposa e hijos.

Como Sara, Juan Manuel nació en La Junta. Él llegó a este mundo el 24 de septiembre de 1949, hijo de Manuel María Gutiérrez y Rosa Bernarda Romero. Se casó con Joselina Gutiérrez Vega, con quien tiene 12 hijos, de los 17 que tiene en total. Sara Acosta Arrieta se graduó de normalista pedagógica en 1977, de la mano de su padre, Efraín Acosta. Y es administradora turística y hotelera.

¿Y el vocablo “rabiso”?

Sobre la duda que mi amigo y colega Lucho Gámez expresa por la palabra “rabiso”, con que Charro Gutiérrez trata de ofender a Sara Acosta, debo decir que la mejor manera interpretar ese vocablo era hacerle honor a la buena escritura: ponerle la coma que reemplazara el verbo; así: «y tú, en rabisu»; es decir, la coma reemplaza al verbo conjugado, que, en este caso, sería: anday, en su conjugación provinciana. Con la coma después del pronombre tú, esa escritura se leería: «y tú anday en rabiso».

A propósito de esta muy oportuna nota de mi estimado Lucho en su muro de Facebook, hay un vocablo muy usado en mi tierra juntera con el único significado que le da la RAE y que dista mucho del significado que le da a ese vocablo el resto del país: «refajo». Para los provincianos guajiros (pero, sobre todo, para los junteros) el significado es una especie de bata con que las viejas (mi abuela lo usaba mucho) iban a bañarse al río; pues bien: la RAE le da tres definiciones a ese vocablo y todos tienen relación con lo que lo hemos conocido los junteros; en cambio, la RAE no relaciona para nada con bebidas de ningún tipo (y mucho menos alcohólicas), que es el que le da el resto de Colombia: mezcla de cola con cerveza.

Juan Manuel Charro Gutiérrez, el día del matrimonio
de su hija Aleidis

Ahora, volviendo al vocablo “rabiso”, diré que, en más de una ocasión, he sido objeto de burlas entre mis amigos barranquilleros porque he usado algún vocablo muy utilizado en mi tierra y nada usado en La Arenosa; no hay satisfacción más grande para mí que restregarles en la cara el significado de, nada menos y nada más, la RAE sobre ese vocablo.  Me ha pasado con «borra» (no digo el nombre de quien me burló porque su amargura de solterón le hará reclamarme por haberlo “expuesto públicamente”), «garúa» (Georgette Ahumada), «cacimba» (Anuar Saad), etc. Con «rabiso» en la canción, la impresión que tengo es que, quizás, hubo un error en el intercambio de las dos últimas vocales: en la RAE aparece es «raboso», con el significado que queremos decir los junteros con «rabiso»: 1. adj. Que tiene rabos o partes deshilachadas en la extremidad.

Lo cierto es que ni siquiera Consuelo Araujonoguera registra ese vocablo en su Lexicón del Valle de Upar.

Le envié la nota de Lucho Gámez a un tío mío,  muy inquieto él por nuestro idioma. Y con su respuesta, me hizo acordar que mi abuela fue modista: “Leí con atención la nota que refiere la palabra rabiso. Al respecto, te cuento que siempre le escuché esa palabra a mi mamá cuando le llevaban ropa usada para que la arreglara. A ella no le gustaba esa tarea, y decía: ‘a mí no me gusta que me traigan esos rabisos para que los arregle, eso me quita tiempo’. En efecto, rabiso es ropa vieja, rota e hilachuda, prácticamente desechable».

Así estaba vestido, precisamente, Juan Manuel Charro Gutiérrez el medio día aquél en que los estudiantes de la Normal de San juan del Cesar llegaron a buscarlo a su casa de La Junta para que les cantara la canción en que él utiliza esta palabra para tratar de ofender a la adolescente que lo ofendió a él.

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